12 jul. 2013

Ya no bastan cuatro frases hechas

LLAMAR A CADA COSA POR SU NOMBRE

 

Ya no bastan cuatro frases hechas,

aprendidas de antiguos comediantes, ya no tenemos quince años saliendo de los sueños de la infancia.

 

Dentro de las cancelas cerradas

en la amarilla llama del mediodía -cuando callan las estatuas y los mitos aceptan- las voces se agitan, al principio

 

pura, tranquilamente

 

y después atronadora y rápidamente

en la callejuela junto al bulevar de Pére Lachaise. Descubren de pronto los eternos secretos; a veces -con naturalidad aplastante- son terribles y temibles como tumbas

 

y otras veces de nuevo como tumbas otra vez.

 

Como caricias de lejanos y finos dedos

llaman a cada cosa por su nombre: llaman al agua de la fuente, boca; a los negros y altos árboles, olvido; a la noche entre las rieras, cordón umbilical;

 

llaman a los ojos llorosos, "amiga";

 

a los frescos labios rojos, hojas;

a los dientes amorosos, pesadilla; a los purpúreos lechos de amor, abismos; a las negras aguas del puerto, lámpara; llaman a las anclas enmohecidas, treno del sueño;

 

ponen alas de colores a la triste mirada de Orfeo;

 

en sus manos (de Orfeo) ponen abanicos,

desgarran  sus encendidas faldas, adornan sus cabezas con encajes muy delicados

(en el pecho de Orfeo clavan banderas);

 

echan en el caos de los oráculos, sangre;

 

y, vuelven a llamar a las palmeras tizones;

se detienen con sollozos en la palabra martillo; llaman silencio a las "puertas del Monasterio"; en lugar de muerte dicen, música en las sienes; denominan bosque de la noche a tu corazón y lata y fría tristeza, al invierno.

 

ya no bastan cuatro frases hechas

aprendidas de antiguos comediantes; ya no tenemos quince años saliendo de los sueños de la infancia.      
                    Johann R. Bach     

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