4 jul. 2013

Nada más allí era rojo. Allí había rocas y bosques irreales

           HERMES, EL ABUELO

             Pérdida de un ser querido

              IGNATIA 200 CH

             Pérdida de algo muy apreciado materialmente o

             Miedo a perder algo considerado un capital

              VERATRUM ALBUM 200 CH

 

HERMES, EL ABUELO

 

Como en la extraña mina de las almas,

estaño silencioso, iba avanzando como vena por la oscuridad.

 

Entre raíces colgando,

puestas al descubierto por las picas, brotaba la sangre que se escurre hacia los hombres con el aspecto pesado del pórfido1 en la oscuridad.

 

Nada más allí, era rojo.

Allí había rocas y bosques irreales  en excavaciones a cielo abierto; puentes sobre el vacío y el gran lago gris, seco, en el que estaba suspendido sobre el propio fondo lejano, como encima de un paisaje, un cielo de lluvia.

 

Y entre praderas suaves,

llenas de paciencia, apareció la pálida franja, el único camino, extendido como una larga lividez.

 

Por este único camino veníamos.

En cabeza, el hombre esbelto envuelto en su capa de turbio azur y casco de minero, que impaciente y mudo miraba ante él. No masticaba tabaco ni otras hierbas, pero su paso devoraba el camino a grandes mordiscos.

 

Las manos le colgaban fuera de los pliegues

del manto, cerradas y pesadas, sin ya saber nada de la cicatriz ligera que llevaba enclavada en la mano izquierda como sarmiento de rosal en un tronco de olivo.

 

Sus sentidos estaban como partidos:

por un lado, la mirada se adelantaba corriendo como un perro pastor, que se giraba, venía, y ya estaba de nuevo esperándose lejano en la curva más cercana;

 

por otra parte, como un olor,

el oído se quedaba atrás, y le parecía a veces sentir incluso el caminar de aquellos que también tenían que hacer toda aquella penosa subida.

 

Después volvía a ser el eco

del propio ascenso y el viento de su manto lo que llevaba detrás. Pero él se decía a sí mismo en voz alta que vendrían y sentía como resonaban en los oídos sus palabras.

 

Hermes, el abuelo, era experto

en interpretar los significados ocultos conocía todo el mundo de los difuntos, tranquilizaba a todos los que iban a atravesar los límites de este mundo.

 

Su potente imaginación le permitía

entrar y salir del Inframundo sin problemas. Hermes, el abuelo, nos enseñó los símbolos del gallo y la tortuga para el madrugador y tenaz caminante,

 

el zurrón para no ser capturado

ni envenenado en posadas, las sandalias aladas indicativas de la diligencia del mensajero, el pétaso o casco precursor de moteros y su caduceo o vara de heraldo.

 

Los que veníamos detrás de él a lo lejos,

queríamos aprender sus ciencias de la vida y sus conocimientos sobre el Inframundo: éramos muchos, y caminábamos con pasos suavísimos, callados.                                       

                                                                                          Johann R. Bach

 

*1) Pórfido. Roca compacta y dura formada por una sustancia amorfa y cristales de feldespato y cuarzo, generalmente de color rojo oscuro, muy apreciada para la decoración de edificios.

 

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