5 jul. 2013

Caballos de madera y elefantes ganaban batallas y daban vida

  Barcelona nació con los granados

Barcelona nació con los granados,

entre alegres flores fucsias como una granada de astros.

 

Corrían los tiempos que

caballos de madera y elefantes ganaban batallas y  daban vida.  El delta del Llobregat procuraba reposo, agua y terrazas sobre el mar a familias púnicas enteras resguardadas por murallas de montañas inexpugnables.

 

En sus tierras fértiles crecían

sin dificultad las verduras, los higos maduraban como los versos y los campamentos reían ajenos a la batalla de Cannas.

 

Los elefantes, verdaderos artífices

de las victorias cartaginesas también descansaban a orillas de los ríos

prepirinaicos.

 

Desarrollaban tareas agrícolas,

domésticas y pacíficas. Gozaban como niños de baños diarios, y juegos infantiles; se adormecían con la música de las olas y el olor a vino de los soldados.

 

Entre los fermentos

de sus enormes excrementos usados como el mejor abono, una semilla blanca que en su origen tenía el mismo color de sus flores, surgió una planta extraordinaria que viendo la luz del mar decidió crear sus propias colonias. 

 

Ahora,

después de más de dos mil doscientos años ninguna necesidad tiene el granado que venga de tan lejos y me detenga a contemplarlo en su milagro, a que admire sus hermosas flores fucsias.

 

Nada es necesario para el granado

salvo la luz, la noche, el agua, los fermentos, la brisa mediterránea y el vuelo de las abejas; y, el ritmo marcado por la rotación incesante de la tierra.

 

Para ser, el granado

no necesita que me detenga a contemplarlo. No mora el Punica granatum en mi palabra. Mi palabra es lenta, sólo evoca un granado que florecía en Cadaqués junto al mediterráneo.

 

Existen

una avenida que va a Roma y una ventana que da a la playa para guardarlo, y en mi memoria avenidas de diáfanos cristales por donde llegó el granado de Amilcar Barca que contemplo.

 

Barcelona nació con los granados,

entre alegres flores fucsias como una granada de astros.                       

 

                                                                                                 Johann R. Bach

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