4 jul. 2013

EL MIEDO

         El miedo...indefinido, universal

 

             El miedo...indefinido, universal:

              GELSEMIUM C30

             Sueños eróticos:

              HYOSCIAMUS C30

 

Aquella tarde habíamos salido del Colegio

mis dos amigas Nicole y Jenny -y yo- para recoger de la guardería a Georg, el hermanito de la Nicole. Era un niño agradable, más obediente que alegre, pero muy fácil de complacer.

 

La Guardería estaba en Dammweg,

una travesía muy importante de Kiefholzstrasse porque por ella se llega, después de atravesar Sonenallee (la avenida del sol) a la autopista.

 

Yo me sentía fascinada

de poder alcanzar, esta altura de la, para mí misteriosa, calle Kiefholzstrasse. Desde esa altura, mirando hacia el norte, en dirección siempre en línea recta con la calle, se divisa a lo lejos el pirulí de la torre de comunicaciones, rodeada habitualmente de una neblina cuyo origen es la salida de vapor de agua de la central térmica.

 

En ese cruce

nos encontramos con Sabina, la profesora de ciencias naturales; fuimos con ella un tramo de Kiefholzstrasse arriba, a una distancia que para mí ya era una osadía, pero como íbamos todas juntas no me atrevía a negarme a acompañarlas. Pero por dentro sentía una especie de inquietud indefinida. 

 

Llegamos a un bloque de viviendas

cerca de Plänterwald, la estación de tren de superficie del S Bahn (tren). La puerta era un arco bien diferenciado del arco de medio punto de las casas de mi barrio, pero realmente se respiraba un ambiente de monasterio parecido al de mi escalera.

 

En general todo Alt Treptow me parecia un barrio salido de un cuento de hadas y al mismo tiempo misterioso y solitario como su parque.

 

Sabina era una mujer un poco huesuda,

con caderas anchas, la cara agradable, con anchas cejas negras, pero con unas sombras sobre la barbilla fruto de un cuidado rasurado. Era muy inteligente y culta. Era un poco la mujer independiente que yo soñaba ser algún día.

 

Nos invitó a un café.

El primero de mi vida. Nos enseñó unas diapositivas de unas excavaciones que se estaban realizando en Perú, país para mi exótico e inalcanzable, al objeto de encontrar rastros de civilizaciones antiguas. Nos despedimos y volvimos sobre nuestros pasos por Kiefholz Straße abajo.

 

Todo parecía muy normal,

pero yo me sentía nerviosa, como si hubiera cometido un crimen, me temblaba la barbilla, necesitaba moverme con la sensación de que si me paraba también lo haría mi corazón.

 

No podía comprender

qué me había alterado de esa manera, pero tenía miedo y rogué a mis amigas que nos apresuráramos. Debía llegar pronto a casa. ¿Me había alterado el café?

 

Cuando llegué a casa

fui derecha al baño y dejé fluir una abundante micción que, curiosamente, acabó con mi inquietud.

 

Todo lo que habíamos hecho aquella tarde

perdió interés para mí, por banal, pero cuando empezaba a dormirme me venían a la cabeza todas las historias que Sabina nos había contado sobre el Perú y medio dormida soñé con ella: mi primer sueño erótico:

 

"Estábamos desnudas

en una habitación Sabina y yo. En esos días mi pubis empezaba a cubrirse de vello y ello era motivo de observación de todas las niñas del colegio; las mayores exhibían sus pubis más poblados que los de las jovencitas. Pero el vello púbico de Sabina era descomunal, alcanzaba el ombligo y por la parte baja se extendía por las ingles hasta mitad del muslo".

 

En mi sueño Sabina

me decía que había pensado en rasurarlo todo, pero que finalmente no le molestaba el tenerlo ni el exhibirlo cuando se presentaba la ocasión. Me cogió la mano y me la puso en su bajo vientre para hacerme notar su espesa piel de Astrakán". Tuve mi primer orgasmo en ese sueño.

 

Me desperté inmediatamente

y aun sentía los calambres que partían de mi bajo vientre; llegaban hasta los pezones. Me costó volver a conciliar el sueño. Di por olvidado lo que había sentido (¿ocurrido?). Nunca se lo conté a nadie.

 

                                                                                                    Elisa

 

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