4 jul. 2013

Esperé durante un buen rato

El fuerte crecimiento del impúber

 

 

             El fuerte crecimiento del impúber

              PHOSPHORICUM ACIDUM C30

 

Me desperté sin frío ni calor,

me sentía bien; el reflejo de la nieve rosa del sol se asomaba a la ventana de la cocina y todo estaba listo para ir a la escuela. Era el primer día de escuela en Baumschulerweg, una escuela para niños un poco mayores, de 10 a 16 años.

 

Esperé durante un buen rato

impaciente y contenta a tres amigas que se ofrecieron para acompañarme en el primer día de clase. Me regalaron un lápiz y una goma de borrar.

 

Yo me sentía contenta y animada

porque además tendría la oportunidad de ver Baumschulenweg y comprobar, como me habían contado, que había bonitas tiendas y que se veía gente por la calle a todas horas. ¡Tan distinto del barrio del lado del cementerio! 

 

Durante el verano

de aquel mismo año crecí 8 cm y según lo que decían todos, aún tenía que crecer más porque mis padres eran bastante altos. Me sentía delicada por dentro y fuerte por fuera, como una ciruela cuando empieza a madurar.

 

Me miraba en el espejo

y observaba durante largo rato mis largas pestañas, los labios carnosos, y la tez fina y grasienta con comedones, pero algo triste; como si faltara algo.

 

La vecina ya no era "vecina".

Se había convertido en mi segunda madre; parecía feliz ocupándose de mí, de mi hermano y de vez en cuando de la colada que le llevaba mi padre.

 

Desde que se quedó viuda

nunca había estado tan contenta. Ahora se cambiaba de ropa a menudo y estaba dispuesta a salir de paseo por el bosque o por Kiefholzstrasse hasta el puente para ver cómo se ponía el sol entre las aguas del canal y los árboles.

 

Cuando caminábamos juntas,

cogidas de la mano, me parecía una mujer segura de sí misma y su ternura me colmaba de gozo. De vez en cuando me miraba y me sonreía:

 

yo era su muñeca querida,

pero ella para mí lo era todo porque poco a poco había conseguido que el aire fresco de la mañana y el desolado paisaje llegaran a ser casi agradables y familiares.

 

Me sentía crecer física y espiritualmente. Y lo deseaba…

                                                                                                  Elisa R. Bach

 

 

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