29 may. 2014

La dulzura de la seda del párpado, es la misma que la seda de la ingle o la de la seda roja del cielo de la boca,

                                     LA PIEL DE LAS PUPILAS

 

Mis viajes de dama solitaria

descendiendo por la estratosfera como por una escalera de caracol se suman al antiguo color de las pupilas. Después de vivir en el Hospital ¿es que acaso volví a mirar igual?

 

¿No se fijó un color

como un extraño cúmulo de algas en mis viejas pupilas?

 

Lo mismo que en los pliegues

mínimos de mi piel se fosilizan besos y desdenes, así mis ojos filtran esa franja turquesa del mar que acuña islas en medio del Lago de los Sueños, medusas de amatista al amanecer, blancura de navíos varados.

 

Mi piel es vertedero de memoria

lo mismo que el poema. Pero quizá mis ojos extrañamente abiertos y brillantes, después de tanto tiempo sin sol, de repente dibujen empapados de luz un boscoso archipiélago perdido en el Egeo.

 

La dulzura de la seda del párpado,

es la misma que la seda de la ingle o la de la seda roja del cielo de la boca, o la seda blanca, escondida, de la nuca.

 

Asaltan mi memoria los recuerdos

del deseo de besos en mis numerosos y pequeños lunares de la espalda, en la crisálida de seda del ombligo mientras la seda digital se enreda en el ovillo del pubis.

 

La piel como sedante

atempera mi memoria. Extendida al sol se renueva.

 

                                                       Johann R. Bach

1 comentario:

  1. Que delicado texto, recordé en mi memoria táctil y en mi sensibilidad... la seda que une el desnudo pecho y los brazos que alargados van en sinfonía a un abrazo.

    un gusto compañero!

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