25 may. 2014

Ahogó su grito mezclándolo con el suspiro más auténtico...

LA SOLEDAD DEL CREATIVO

 

Joven desprovisto de territorios

de un mundo errático, imprevisible, sujeta con su mano hasta sangrar las riendas del mulo y trabaja sobre lo primigenio.

 

Con un pie peregrino pisoteó

una tierra incierta como anémona Pulsatilla; con un doble y rápido parpadeo cosió el cielo al horizonte y con alocada fantasía inventó el color celeste.

 

Ahogó su grito

mezclándolo con el suspiro más auténtico en aquel instante cuando se desgarró la piel de los codos en una zarzamora al tiempo que su dedo excavaba en la grieta.

 

Después tumbado en la hierba

admiró la forma del helecho y la cola del pavo real. Soñó muchas veces con aquel instante en que su cabeza se volvió una estrella fija.

 

Sin embargo, nunca se hizo ilusiones:

nadie heredaría su sabiduría. Suyo el tacto, solamente el oído suyo podían recrear de nuevo aquel principio de infinitud,

 

lo más arduo para cruzar las distancias

que se abren más allá de la uña y experimentar con la mano más audaz los ojos, orejas y labios de un mundo ajeno.

 

                                                               Johann R. Bach

 

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