7 may. 2013

Aunque ya no quedan moros de naranjos, ... has de aprender como las criaturas...

          Hablas de ti por error

 

Hablas de ti por error.

Durante veinticinco años no estuviste muerta, fuiste cautiva. Te pareces al ruiseñor aún y estás volando sobre la negra placa de alquitrán y cemento con guirnaldas.

 

Triste de ti,

horrible de ti, hablas de ti por error. Se trata de un pasado lejanísimo que vuelve y cuya consistencia blanda, crujiente, muy tenaz te deja abandonada a la orilla feroz de las estrellas, anonadada caja, puro mantel de esquinas maniatadas.

 

Aunque ya no quedan

muros de naranjos, membrillos, granados y vides, has de aprender como las criaturas que se levantan por la mañana con el deseo humano de vivir un día más de navegación y de deber acaso aéreo.

 

Pides

mediante una confusión de letanías, con musitación monjil, que los rosarios no giren inútilmente, que las losas no se desplacen bajo pies descalzos y que las gaviotas, por los acantilados, no olviden dejar las huellas de sus patas.

 

Finalmente

describes cómo el firmamento tenía ayer un matiz lila, una línea de vuelos arpegiados entre las dos miradas. Todavía sucede aquello y aceptar es concederse derrotado, vencer es desatar o cortar nudos.

 

Hablas de ti por error,

de tus puños, tu color; los ocasos sondando el horizonte de tus imaginarias montañas de nácar donde se elevan tu mirar y el vértice de una pirámide de llamas.

                                                                      Johann R. Bach 

 

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