20 mar 2015

un par de manos moradas arrancan lamentos a las cuerdas de una vieja guitarra

CERVEZAS, HUMO Y JAZZ EN LA PLAZA

Lleva varios días leyendo,
pero ahora se da cuenta, al azar los ojos, que apenas sabe nada de quién escribió aquellos poemas.

Toda su supervivencia
se produce en aquella especie de conversación silenciosa y sin tiempo. Todo ocurre en el laberinto de su mente, un frío azul en el que era el amor la única forma de posteridad.

De vez en cuando baja al bar de la plaza,
se sienta a tomar una cerveza en la fresca terraza y mientras toma dos o tres cervezas escucha la música de jazz que

un par de manos moradas
arrancan lamentos a las cuerdas de una vieja guitarra porque sus pulmones, aún más negros si cabe, quemados por el tabaco, le han obligado a abandonar el saxo y la luz de sótanos.

Escucha embelesado a aquel músico,
que como un jugador de futbol  de tercera ya retirado, aún toca las mismas piezas de noche, observa cómo recoge las monedas que le dejan en la funda de la guitarra y se va a otra plaza con su soledad.

El rumor de las conversaciones
y las risas van disminuyendo sin saber cómo acabar la noche. Él siente que su valor se va agotando y cuando quede en su lugar sólo la astucia,

nunca más volverá a encontrar su isla.

La inventa entonces:
junto a una mujer de cansada belleza y hastiada de aventuras estériles, sólo dentro de él puede hallar su abrupta costa.

El agua de la fuente de la plaza
es de bronce, y mana paciente y solitaria, igual que la mirada del hombre que vaga ocioso, con las manos dentro de los bolsillos.

Unos dicen de él que fue médico,
otros han oído decir que escribe y que halla su inspiración corriendo contra el viento a lomos de su endiablada moto.

                                                                Johann R. Bach

19 mar 2015

La resonancia acompañó siempre a los poetas asturianos

VOLVERÉ A VIAJAR EN TREN

Cuando aterricé en las islas
miré por la ventanilla el paisaje. Al limpiar los cristales empañados, lo mismo que recuerdos,

no vi catenarias
ni torres de hierro entre la niebla. Tras el estremecimiento sentí que había dejado atrás un planeta de sidra, una tecnología de carbón, un paisaje que se podía recorrer en tren y una canción de solidaridad:

Hay una lumbre en Asturias
que ilumina la tierra entera
y es que aquí se ha levantado
toda la cuenca minera… (bis)

Toda la cuenca minera
extrayendo riqueza de las entrañas de la tierra, mientras las mujeres sacaban a la tarde la raíz cuadrada.

Todo puede salvarse todavía:
¡cómo crece el amor a manos del feroz estimulante que es la clara certeza de que somos mortales!

La resonancia acompañó siempre
a los poetas asturianos para quienes primó siempre la vida sobre la literatura; entre la pica y la pluma.

Tras sus poemas siento las vibraciones
de los férreos hexámetros de aquellos hombres rústicos pero con corazones demasiado grandes para aquel planeta.

Ya siento que se acerca el día en que
volveré a viajar en tren.

                                                                   Johann R. Bach

18 mar 2015

a mucha gente le llega, sin apenas notarlo, el tiempo de no esperar a nadie.


TE NECESITO –DIJE- AUNQUE 
SÓLO SEA PARA ESCRIBIRTE

Cierto día te dije:
te necesito aunque sólo sea para escribirte porque detrás de las palabras sólo te tengo a ti.

No te pareció suficiente,
pero a mí sí me importa lo que sucede en tu noche estrellada frente a un verso.

Ya sé que a mucha gente
le llega, sin apenas notarlo, el tiempo de no esperar a nadie. Un tiempo en que el amor ya ha pasado fugaz y silencioso

como en la lejanía un tren nocturno;

un momento en el que parece
que han de volver a la esfera del absurdo, a sentirse culpable, al vulgar miedo de perder lo que estaba, ya, perdido

como en un jardín invadido
de premonitorias verbenas blancas.

Quizá aún no sea tarde, amor,
nombre perdido en un mapa antiguo de esos que han esperado enrollados detrás la puerta del desván,

turbador hasta cuando eres olvido.

Quisiera que oyeras como yo
las sílabas de tu nombre un ruido de guijarros que las olas remueven entre las olas del mar.

Cierto día te dije:
te necesito aunque sólo sea para escribirte porque detrás de las palabras sólo te tengo a ti.

Mientras eso te escribía,
detuve mi pluma un momento, sintiéndote muy cerca.

                                                               Johann R. Bach

La fatiga le hace ver a los otros corredores como una manada de caballos salvajes

CORRER JUNTO AL MAR

El corredor de fondo siente a menudo,
llegando por su espalda, como el poniente coloca ya medallas rojas en la corteza de sus hombros bastante antes de llegar a la meta.

La fatiga le hace ver a los otros corredores
como una manada de caballos salvajes que le pisan los talones y pronto, al desplomarse, le darán alcance  

con ese retumbante rumor lírico
que Homero fue el primero en describir.

En la orilla mojada de la arena
le parece ver las huellas de su amada como si por el aire pasara una dorada sombra de su cuerpo.

En realidad siempre fue de ella el aviso,
con gesticulación de sordomudo, del mar.

Idealizaba
-ese amasijo de músculos entrenados para la carrera- aquella soledad de escuchar música o leer, de vagar en invierno junto al mar;

Creía que el litio y el berilio
acudirían eternamente a su cerebro envueltos en paquetes atados con hilos de cobre y aluminio y su correspondiente etiqueta de fragilidad;

no quería hacer caso de esa ley del azar
que es la soledad un laberinto injusto; un no tener medios de supervivencia y sobrarte el miedo.

Ahora ve que la soledad es el sexo,
una extraña pista falsa que conduce al más cruel de los espejos y es el constatar todo lo que no se ha vivido.

                                                                Johann R. Bach


17 mar 2015

Para conocer a los hombres no tuve que acostarme con todos ellos.

YO, MARTA GUILLAMON Y LOS HOMBRES DE MI VIDA


Para conocer a los hombres
no tuve que acostarme con todos ellos. Como no me bastó con mirar a mi alrededor, observar a los compañeros de mis amigas y escuchar lo que de ellos decían ellas,

tuve que leer El Quijote,
el Código civil y el Código Penal. Y aun así tuve que grabar en mi ADN la mayoría de las guarradas de los dioses de El Olimpo.

Sigue no obstante, la luz de lo alto
a los hombres hablando llena de hermosos sentidos;

la voz del celestial tonante
clama inquiriendo si aún lo recuerdan;

la onda enlutada
eco le hace en su duelo y repite: "¿ninguno en mí piensa?"

Los seres celestes
gustan de un nido en los pechos sensibles, siguen gentiles las musas al hombre esforzado inspirando,

hoy le acompañan lo mismo que antaño
y envuelve las cumbres de las montañas que vieron su nacimiento,

pervive e impera
y en todo preséntase el aire para que unido en los brazos de Eolo ora para que todo un pueblo a la vieja dicha retorne y

a todos un común espíritu sea.

Y aunque hay muchas mujeres que dicen
que los "buenos tiempos" fueron con mucho los peores de todos –cuya sana doctrina yo también acepté, confundida, en cada ápice-

sin embargo, sigo, con todo,
creyendo a éstos un tanto peores que ellos.

He estado meditando - ¿es así como se dice? -;
me gustan las palabras de los hombres a pesar de sus modales, pues a las mujeres nos enamoran por el oído.

He estado meditando, repito,
si sería lo mejor tomar las cosas en serio, o todo en broma;

si con el adusto Heráclito de antaño,
llorar, como lo él lo hizo, hasta que escuezan los ojos, o bien reír con aquel filósofo extraño,

Demócrito de Tracia,
que solía pasar cada página de su vida sonriendo a los dobleces como diciendo: "¡Vaya! A quién diablos le importa cómo es un hombre!" Tantos y tantos como hay para reemplazarle.

                                                            Johann R.Bach

16 mar 2015

No deseo ser dócil ahora que envejezco,

EL ADIOS DE UNA AMIGA

 

Reconozco en tus palabras

la feroz desidia que ha quedado después de la última noticia que proviene de una persona que ha atravesado

 

la puerta cuarteada, vieja y sucia,

que sin duda le habrá dado paso al Paraíso. Allí, tengo entendido que la gente se inclina por la música.

 

La prefieren a la vida.

 

Mi lucidez es parte de mi frío

y el amor está ahora en tu silencio.

 

No deseo ser dócil ahora que envejezco,

pero hasta la compañía de un poema escrito por un viejo poeta tiene la pretensión de aliviar una pena.

 

Mañana cuando te despiertes

te asombrará que tu corazón siga latiendo casi como la primera vez que te enamoraste.

 

Lo único diferente que quizás notes

es que la casa de pronto te parecerá más grande.

 

                                                             Johann R. Bach

No te angusties: Mañana martes latirá de nuevo tu corazón

BUENOS DÍAS. MAÑANA SERÁ MARTES

 

Aunque alejada de los dioses de tu mar

has preservado el bello gesto de la mirada que te legó Minerva y el azul del mar de esas islas

 

te redibuja en cada una de sus olas.

 

Con los años –creo-

has aprendido a distinguir el trazo gris de tus días presentes mientras temes adivinar ese futuro que te atormenta puesto que

 

el futuro siempre es incierto.

 

Dices entender eso que debe llegar

y haces esfuerzos por alcanzar el poder que puede librarte de los que te aprisionan.

 

Eres el agua del placer

que se consume, la herida que se ensancha en lugar de cicatrizar.

 

Grita tu nombre ¡Victoria!

El mar que se encarna, los labios desnudos donde se enraíza el deseo, la piel que necesitas para que arda tu cuerpo,

 

el dolor que renace incesante.

 

Escuchas el rumor

del amanecer de los lunes y esperas el ocaso como si tuviera que ser el último.

 

Con el do de pecho abierto

dispersas el mal que se agranda.

 

¿Dónde están los dioses de tu mar?

¿Qué piensan cuando te ven desolada?

 

Cabizbaja,

ya libre de arrogancias que te cegaban, te sumerges en el olvido mientras germina el mundo envuelto en lágrimas.

 

No te angusties:

Mañana martes latirá de nuevo tu corazón casi como la primera vez.

 

                                                                  Johann R. Bach


En la playa, el silencio que el amor nos pedía y tu mirar no levantaban ningún mal presagio.

16. LOS HOMBRES DE MI VIDA (Marcelo)
Marcelo

Cuando te embarcaste
no pensé que aquélla iba a ser la última vez que mis ojos te vieran. Todo había sido dulce e incisivo al mismo tiempo. En mis dedos tenía aún un recuerdo estremecido: la fina y delicada flor de la hierba mojada de rocío.

En la playa,
el silencio que el amor nos pedía y tu mirar no levantaban ningún mal presagio.

Pasaste como una estrella fugaz
y la oscuridad, ahora, es más oscura. Dejaste un vacío duro y preciso como un puño que golpea los pulsos, el vientre, las piernas.

Me embriagaste de palabras y besos.
Te tuve, me tuviste –aún embriagas- un instante. Conocí otra embriaguez la más corta y la más fuerte a la vez. ¿y ahora?

Aquello que yo nombraba
el fruto prohibido tiene un nombre –Marcelo- y un gusto extrañamente familiar. No quiero decir con eso que se parezca a nada de lo que yo había vivido antes.

Es una sensación cercana
a la de llegar a un lugar donde estamos convencidos de haber estado, sin que la memoria sepa darnos razón.

Y la sensación de maravilla proviene tanto de esa familiaridad inesperada como de todo aquello que percibimos como desconocido y nuevo.

Maldigo a Poseidón
que se te llevó. Y, aun así Marcelo, tus palabras me acompañan como mi propia sombra:

La luna se dirige a las Pléyades
quiere ocultarse de la rabia de mis ojos. A punto de amanecer he esperado no sé qué. No me acuesto sola sino con tus huellas en mi piel.

                                                                Johann R. Bach

15 mar 2015

Ahora sabe qué busca:

LA AMAZONA DE PLATINO

Asiste al último coletazo del invierno

cuando el aire se rarifica,
la luz se estira en el cosmos elástico y haraganea,

y taladra los ojos el frío
y su transparencia.

Se dispone a atravesar el tiempo,
tan antiguo como el propio Universo curvado bajo las patas de ese corcel formado por estrellas

como una amazona de platino.

Ya no teme el abismo azul,
espejo del cielo, que la conduce con placer sobre su montura.

Ahora sabe qué busca:
El misterio, el vaso frío, el rio de estrellas de La Via Láctea, la imagen de sus manos y su eco.

                                                               Johann R. Bach


¡¡¡SOCORRO!!!


¡¡¡SOCORRO!!!

Estoy rodeado de indios,
pero lo peor es que

estos indios se han vuelto vegetarianos:

¡Me quieren comer las plantas de los pies,
las palmas de las manos y el rábano!

                                         Johann R. Bach

¡Jaja! Estás perdido Johann.
¿Quién te convenció de que era buen negocio
vender aguardiente y coco en las playas de esas islas?

                                           Patricia

14 mar 2015

y, no sé por qué, te siento ya muy cerca.

BUENOS DÍAS AMOR

Buenos días amor.

Amanece en el barrio
con niebla helada. En los ornamentales ciruelos de la calle aún no se han abierto todas las flores,

y, no sé por qué, te siento ya muy cerca.

Preparo un café
y noto cómo en la bandeja el juego de porcelana tú y yo brillan restos del sueño de la noche, pero espero ahuyentarlos con una tacita de primavera líquida.

Podría pensar, por ejemplo,
en ese verso tan gastado en estas guerras modernas: "quien va a morir no duerme". Pero sellados los oídos a ese huracán de lamentos presiento que

esta primavera sí; sí has de venir  
pues todo está dispuesto para que vuelvas a sentir mi calor en tu pecho.

Tres veces en dos años
has faltado a nuestra cita de primavera. ¡Regresa pronto, amor –me digo a mí misma mirando la taza vacía-, y aprovechemos ésta que se acerca!

Afuera, sobre la terraza,
la sombra de las flores pesa sobre las puertas y la luz de la luna aún se extiende sobre las cortinas.

Hermoso amanecer
que arranca amarillas chispas de la retama y rosas aromas de los ciruelos como el mejor de los presagios.

El café exacerba mis sentidos
y me da calor como cuerno de rinoceronte, disipa la neblina de mis ojos y veo muy claro –esta vez sí- que

no tardarás en llegar,
como la hierba verde, como esta mansa mañana.

Buenos días amor.
                                                          Johann R. Bach

13 mar 2015

las mujeres buscan un hombre mayor que ellas en edad

ME GUSTÓ LA CONFERENCIA DE AQUELLA ESCRITORA
                                                                               Nadie te dirá que te odia
                                                                                                         Porque sabes más que él.
                                                                                                                                Nietzsche
Me llamó la atención la mención
que hizo aquella escritora en la conferencia habitual de los jueves: "como ha contado Ovidio en un verso el amor no elige la riqueza. No –afirmaba-.

En efecto, esa es la razón
por la que anda tan buscado.

La Madre Superiora de un reputado monasterio
–continuó la escritora-, solía decir que las mujeres buscan un hombre mayor que ellas en edad, más alto, más culto y… más rico. Entre todas esas condiciones la más importante es la de su posición económica:

Una mujer no soporta a un hombre más pobre que ella.
No puede evitar, llegado el caso, sospechar que piensa como ella.

Pero, como todo -aclaró esa idea-,
esa forma de pensar tiene su aspecto positivo: la mayoría de ellas lee, no para la literatura, sino para la vida.

Al acabar la conferencia sobre su libro
le dijeron a ella, la autora –mujer guapísima y conocedora de eso que llamamos vida-, como premisa de una pregunta que se suponía iba a ser inteligente,

lo siguiente: "En sus libros noto
–dijo un asistente al acto con aire de sabihondo- que la distancia entre ficción, reflexión y memoria es irrelevante…" (no recuerdo cuál fue la finalmente la pregunta)

Vi que aquel comentario la puso nerviosa
pues no sabía si era un elogio o un dardo envenenado de un hombre que la odiaba por sentirse inferior a ella.

Yo valoré aquellas palabras:
Significaban las dos cosas.

Las valoré, en efecto,
pues nada vivo encontramos por ahí –así de difícil es-; nada, quiero decir, que se traicione.
                                                                                                                                                          Johann R. Bach

11 mar 2015

en torno al pequeño lago en el que un pequeño número de mujeres se bañan desnudas

UN OCASO COMO UN SUEÑO

El viento se levanta,
extiende el suave oleaje mientras ella pasea en torno al pequeño lago en el que un pequeño número de mujeres se bañan desnudas desafiando la frialdad del agua.

Recuerda,
mirando el fondo del bosque, los ocasos cuyos finos hilos de luz naranja saltando por encima del oberbaumbrücke alcanzaban el antiguo quiosco de hierro en el que se vendían flores.

Allí mismo,
bajo las vías del S-bahn de la estación Berlín Treptower Park detenía sus pasos para tomar un café,

cuando ebria de amor,
soñando con los besos de su amado, no encontraba el camino de vuelta y entraba en la espesura del Treptower Park dejando atrás el Elsenbrücke.

Con esfuerzo,
contenía la agitación en su pecho y el deseo de sus manos hasta llegar a su refugio de la Puderstrasse.

                                                              Johann R. Bach


10 mar 2015

Tras la sutil cortina rosada de la ventana contempla las cumbres aún nevadas

UNA GOTA DE CAFÉ SOBRE EL ALBORNOZ

Algo misterioso revolotea sobre su cabello,
algo como diminutas mariposas de oro y frunce con extraño nerviosismo el ceño.

La incipiente primavera retrocede
ante la fina niebla que extrañamente acompaña al viento como si tuviera prisa por desvanecerse.

Tras la sutil cortina rosada de la ventana
contempla las cumbres aún nevadas como si las montañas del fondo del paisaje fueran un biombo pintado.

Piensa en ir a la cocina
-con la tenue luz por compañera- a preparar un café, a intentar poner en marcha el vehículo que transporta a lo cotidiano.

Fuera, tras la ventana,
el frío cielo comienza a iluminarse, y se ata el cinto del albornoz con un nudo parecido al de su garganta.

¿Seguirá ceñido aún a la cintura de su amado
el miedo a no encontrar el camino de regreso?

Una gota de café ha manchado
su rosado atuendo como lo ha hecho sobre su rostro el rímel arrastrado por las lágrimas.

Algo misterioso revolotea sobre su cabello,
algo como diminutas mariposas de oro y frunce con extraño nerviosismo el ceño.

                                                               Johann R. Bach


9 mar 2015

El resto de su figura es como un tronco quebrado,

ESCRIBIR CON DEDOS DE MARFIL

                  

Sus dedos de marfil

están dotados para un tacto especial para el bolígrafo y el papel, como manos que invocan otras manos.

 

El resto de su figura

es como un tronco quebrado, cargado de años, casi un manojo de astillas, pero vivo aún.

 

¿todavía la naturaleza le da

un respiro para seguir escribiendo?

 

Mira cada tarde

su pasivo existir nostalgia de otra lluvia, permanencia sin pasión, tranquila frente al horizonte;

 

escribe como un juego

para aplazar su viaje hacia (el Ápex) la estrella Vega pues resbalan los astros en la noche

 

en un vuelo incesante sobre el vacío,

navegando por senderos silenciosos.

 

Resbalan la luz y

las horas hacia la sangre del horizonte y la desnudez de la oscuridad.

 

¡No! –suele decir-,

no es vida ni pasión generosa lo que la naturaleza nos ofrece, es tan sólo otro sueño –la luz no engaña-,

 

otro maravilloso sueño,

un reflejo, espejo inútil del tiempo y su miseria, ritual de otra claudicación en el mismo escenario.

 

Y mientras el tiempo no encuentre donde reposar

persisten los ojos en la noche,

 

y, sus dedos de marfil

siguen escribiendo sobre el papel como manos que invocan otras manos.

 

                                                             Johann R. Bach


8 mar 2015

EN EL DIA DE LA MUJER

HUESOS Y CORAZÓN DE MUJER
            
El que suscribe Johann R. Bach
nacido en la orilla de un mar Paraíso de Cielo Azul, con varios años de experiencia en la navegación entre las islas, y como Forense Encargado de las Autopsias de los insectos del Archipiélago emito el siguiente escrito dirigido a quien pueda interesar


Soy médico y como tal

C E R T F I C O:

Primero:
No es un hecho insólito que Victoria –la Eva del Tercer Milenio- tenga el mismo número de costillas que los hombres y que ninguna de ellas se rompiera en el accidente tras abandonar el mencionado Paraíso de Cielo Azul.

Segundo:
Ella prometió que si se curaba no escribiría nunca sobre aquellas islas –juró olvidar que una vez existieron-, pero ha pasado el tiempo y la tenaz pesadilla continúa y se repite en las noches más amargas.

Tercero:
Dejó por escrito su voluntad –en caso de sobrevivir- de olvidar aquellos esqueletos de pájaros junto a árboles muertos y plumas transparentes reposando sobre sus huesos, esperando una próxima fosilización. Se hizo entonces músico-dependiente.

Cuarto:
Las muestras de ADN depositadas en el Museo del Mar coinciden con las de la piel que había dejado sobre las arenas calcinadas de las playas que tuvieron la suerte de sentir su cuerpo.

Quinto:
Su ADN mitocondrial es más antiguo que el de los hombres por lo que no le debe a nadie ninguna costilla, prometiendo escribir mientras esté viva.

Sexto:
Su pulso es más rápido y lábil de lo que muchos dicen y piensan. Es por ello que su corazón está preparado para escribir, exhaustivamente, tanto poesía como novela y amar incluso después de haber amado.

Séptimo:
La ingenua invención de deseo y recuerdos de Victoria, de palabras y gestos, que vimos reflejada en sus ojos como la misma vida, persiste en todos nosotros como también su ternura y sus frágiles sueños, hoy ya nuestros.

                                         Y para que conste lo firmo y rubrico en
                                         Barcelona a siete de marzo de 2.015
                                                                                 J.R.B.

P R O N Ó S T I C O:

La tiranía sobre la mujer siempre existirá,
pero excusa no habrá para el tirano sea hombre o mujer. Y, a veces, sin embargo,

las naciones

tanto descenderán en su nivel de virtud
(que es la razón), que no será injustamente, sino con justicia, sustituidos los hombres de sus funciones y por alguna fatal maldición aneja,

y privadas se verán de libertad externa,
ya perdida su anterior libertad interna

y, será la mujer quien ponga orden
en la maraña de los múltiples códigos de leyes pensados para justificar el maltrato a media humanidad por razón de su sexo.

                                                              Johann R. Bach

Sin embargo, su aspecto es encantador,

COMO FRUTO MADURO
              
¿Quién no se compadece
al contemplar las cicatrices que los lustros van llenando su piel de marfil –el escaso cuerpo que rodea a su hueso, la carne como escarcha-

marchitándose?

Sin embargo, su aspecto es encantador,
pero discreto hace que las naranjas amargas que adornan algunas calles, a su lado, parezcan sirvientas.

Sus ojos brillan en la ventana
como una primavera tardía.

¿Para quién la belleza marchita de su flor,
el sueño dulce y vívido de una noche de amor pasada como si fuera a ser la última?
                                                                Johann R. Bach