9 may. 2016

un amor como dedos que pelan la vaina de la neblina


APUNTES SOBRE LOS MUELLES DEL SENA

No està mal
que los conciertos de música estridente se realicen en el magnífico paisaje de las grúas junto al Sena. Aún no es demasiado tarde para que los ramos de fiebre recorran los muelles en zigzag.

Ninguna de las postales antiguas
que se ofrecen en el Pont de Siant Michel podría compararse con ese pequeño renacuajo de hielo que viaja a través de un cielo entre las ascuas de lo que fue el universo.

Otro día más de amor.
Sentadas en un banco de la Îlle de Saint Louis, admirando cómo la catedral de Nôtre Dame resiste el paso del tiempo, Cassia y yo, compadecemos a aquellos para quienes el amor se corrompe si no cambia de rostro.

Un nuevo día –me dice Cassia-;
cada día se puede ver el mismo paisaje con diferentes ojos. Especialmente, eso es verdad –le respondo- cuando he dormido toda la noche de un tirón a tu lado.

¿Somos acaso, tú y yo amor,
dos puntos homólogos de una transformación continua en un espacio geométrico no euclidiano de siete dimensiones? ¿Es posible que nuestros encuentros no se puedan materializar sin la proximidad de los muelles del Sena?

Las burbujas
que suben a la superficie bajo el Pont de La Concord huelen como el café después de haberle echado el azúcar como si fueran otros besos extraviados. Fíjate Ermessenda son minúsculos torbellinos que arrastran la mente de cualquier observador devolviéndoles la ilusión infantil.

De que todo está ahí por algo,
en ese paisaje del Sena, nos concierne. Copia lo que veas ahí escrito pues hay lo que está escrito en nosotras y lo que nosotras describimos con la palabra o el dibujo.

Todo lo que pasa en el entorno
de nuestra Casa de Huéspedes es de suma importancia para nosotras y para el resto de sus moradores. Sabes que no podemos volver; aunque tendríamos que tener el coraje de llamar a la puerta de aquellos a los que abandonamos. ¿Quién sabe si no nos acogerían con los brazos abiertos?

Pero no hay ninguna señal
que pruebe que ya no nos temen porque deben tener casi tanto miedo como nosotras. Y aún así estoy segura de que en el fondo del laberinto de relaciones personales cerrado definitivamente para nosotras con una llave que gira en estos momentos contra el cristal de la ventana,

se abre un único claro como un amor
esa promesa que nos sobrepasa,

un amor
como dedos que pelan la vaina de la neblina para extraer de ella ciudades desconocidas para los niños y, sin embargo, llamadas "Ciudad de la Luz",

un amor
como estos cables de teléfonos reptantes de paredes húmedas que transforman la luz insaciable en un brillante sin fin que se reabre con el mismo tamaño de nuestro dormitorio pues cuando me llamas, en tu voz hacen escala los trinos de los pájaros perdidos.

                                                                              Johann R. Bach

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