11 may. 2016

Soñaba –según nos contaba- que recogía nasas alrededor de un faro


NIKO ERA VEGETARIANO

A Niko se le ponía la piel de gallina
con sólo oír el nombre de algún mar. De niño pasaba los veranos junto al mar en Sant Feliu de Guixols. Después de las dos primeras noches la voz se le ponía ronca hasta el punto de no hablar durante horas. Por la mañana su afonía mejoraba un poco y caminaba, siempre que podía, carretera arriba buscando refugiarse de la brisa marina.

Sin saber por qué
le gustaba el olor a gasolina de los coches y encontraba agradable el humo que se desprendía de los tubos de escape. Decía que olía a almendras amargas. Huía de los ambientes fríos, tenía alergia a toda clase de fruta y sólo tomaba caldos y bebidas calientes. Era muy escrupuloso y rechazaba la carne, con ascos, el pescado y los productos derivados de la leche. Se hinchaba su estómago por el exceso de verduras y legumbres. Se lavaba las manos continuamente.

Tenía pesadillas casi cada noche.
Soñaba –según nos contaba- que recogía nasas alrededor de un faro y dudaba de si era conveniente volverlas a situar en el mismo lugar, bajo el agua; sacaba con cuidado algas y más algas y con rapidez, aprovechando que el viento había amainado.

En esos sueños devolvía las algas al mar
como si estuviese prohibido descubrir en su conjunto un secreto cuerpo joven de mujer. Estaba convencido de que el olor de las algas y el de las mujeres era el mismo. Por lo menos –decía- eso es lo que me ha parecido el olor de las cabezas de las mujeres que se habían sucedido sobre sus hombros cuando dormía.

Él mismo reconocía sus miedos,
en especial el temor a estar solo. Esa era la causa de que tuviera siempre abierta la amplia puerta de dos hojas. A medianoche el miedo a no tener compañía alcanzaba cotas increíbles. Finalmente el sueño le vencía en la silla, en el sofá y con poca probabilidad en la cama. A las dos horas volvía a despertarse con la angustia de pensar que todos los demás dormíamos o leíamos en silencio con pocas ganas de que nos molestasen.

Cuando cierto día nos explicó
que su último trabajo fue el de administrativo en "Gas de France" empecé a unir piezas en el complejo puzle de una vida poco atractiva para una mente atormentada. Si además Niko se sentía que no había un compás ni vino para un loco enamorado como él, cuando la copa son precisamente los labios.

Apenas comprendió
que no era imposible que el hombre devore al hombre, empezó a hacer planes y a coleccionar nudos marineros.

                                                                                    Johann R. Bach

2 comentarios:

  1. Griselda Corni Fino
    16:58

    No me extraña que tubiese miedos a la soledad este Niko Es rarico a mas no poder
    Pero interesante

    ResponderEliminar
  2. CON LOS SUEÑOS HAY QUE TENER CUIDADO Y LO MÁS LAMENTABLE QUE NO SABEMOS NI DÓNDE VAMOS NI DE DÓNDE VOLVEMOS AL LECHO QUE NOS HA ENVIADO A LUGARES DESCONOCIDOS. PERO YO, EN PENSAR BIEN PIENSO QUE AL ALMA BIEN LE PODEMOS PREGUNTAR ¿NO ES ELLA LA QUE LLEVA EL VUELO COMO PALOMA MENSAJERA?

    ResponderEliminar