8 may. 2016

Cierto día Dosmanos tomó agua bendita y se le pusieron frescos los ojos


DOSMANOS

No os olvidéis queridos amigos que soy yo, la narradora, una insignificante araña, cuya única habilidad es la de manejar con soltura mis patitas, la que, gracias a mi tamaño, tengo la capacidad de colarme por debajo de las puertas y ser testigo de todo lo que acontece.

Hoy os voy a explicar la historia de Dosmanos. Por aquel entonces yo me había trasladado a Barcelona dentro de un voluminoso paquete postal y fui a parar a la Oficina de Correos del Carrer Gran. Elegí aquel barrio porque me habían dicho que había, habitualmente, música por las calles y además abundaban los rincones tranquilos en casas de techos altos. Fue allí donde pude observar con todo detenimiento a Dosmanos y lo que fue mejor el poder leer todo lo que escribía desde lo alto de una antigua taquilla de madera.

Dosmanos, un modesto trabajador de Correos, dedicaba sus horas libres a escribir relatos breves en los que daba vida a cualquier objeto que tocara o viera. No bebía ni fumaba. Estaba lleno de entusiasmo y de un cierto humor alegre, contagioso, no exento de un espíritu crítico.

Cierto día Dosmanos tomó agua bendita y se le pusieron frescos los ojos. Abrió la boca y rió. Bajó una de sus manos y la hundió en la arena caliente.

Sacudió su carne al quedar en pie frente al horizonte y una leve cantidad de arena abrazada a su piel, cayó lenta, ondulada, en el viento. Con dos dedos alisó su frente y mirando sus pies descalzos, a ratos el cielo azul y duro, caminó erguido junto al mar revuelto.

Durante unos pocos minutos
el viento cedió el paso a Dosmanos dando un respiro al paisaje.

                                                                                                Johann R. Bach

Al leer estas líneas una lectora que dice haber conocido a Dosmanos quiere recordarme que, en efecto, no bebía ni fumaba; enjuto, rubicundo, se embriagaba de ira al oír las noticias en la radio; le gustaba observar, hacer examen de ingenios:

nunca la descripción adherida al ejemplar: explosiones o piel ceñida al hueso en la mejilla, venillas y áspera textura bajando no adaptable, olía la chaqueta de mezcla a la persona, la persona y el olor, no olía la persona, sí la chaqueta, la chaqueta de Dosmanos era el puro ser.

1 comentario:

  1. Griselda Corni Fino
    0:45

    Pura poesia me encanta , Me gustaria mucho que el viento me cediera el paso , quizas al dueño de estos escritos se lo ha cedido alguna vez;lo merece sin duda

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