22 dic. 2013

Me sentí in cómoda ante ese inesperado y pueril interrogatorio

       MIS PREFERENCIAS

                                                                                                Glicina o Flor de la Pluma

En cierta ocasión

me preguntaron por mis preferencias.

 

Me sentí incómoda

ante ese inesperado y pueril interrogatorio. Una cosa es tener una vida licenciosa exenta de prejuicios y otra es tener ganas de proclamarla a los cuatro vientos.

 

Nunca fui narcisista.

Y guardaba silencio sobre las relaciones más por una preventiva actitud de persona solitaria que por una inexistente timidez. Sin embargo, escribí en mi diario algo parecido a una respuesta:

 

Digamos que un día soñé

que leía una buena historia… y que esa historia era muy hermosa, era además una historia interesante y que la autora la contaba con fineza:

 

Habían venido –comenzaba a relatar la autora-

aquí, después de un paseo por las rocas, completamente empapadas porque les había sorprendido un chaparrón de esos de primavera.

 

Por el balcón abierto,

el fuerte olor de las flores de la glicina había invadido la habitación. Les ayudé a desvestirse riéndonos y se secaron juntas con un gran paño de lino fino.

 

Se quedaron así envueltas,

desnudas, y vimos que nuestros cuerpos encajaban suavemente con delicadeza: Yo estaba situada en medio de ellas en el sofá y me estiré sobre el regazo de una y mis piernas sobre las rodillas de la otra,

 

mis pechos debajo de otros pechos

se erizaron, mi cabeza en ángulo con otro bello cuello curvado como el de un cisne, su mentón sobre mi frente.

 

Comencé a sentir un hormigueo

que subiendo desde mi bajo vientre alcanzaba mis pezones me producía gran placer. Sentí que mis piernas se aflojaban y mis labios podían besar los rizos que se deslizaban sobre aquella ardiente frente de húmedos cabellos.

 

Mientras nuestras bocas se unían

noté la suavidad de una mano que, procedente de la otra punta del sofá, se introducía entre mis nalgas como si hubiera adivinado mi deseo.

 

El resto es fácil de adivinar:

un ovillo de ombligos, pechos, lenguas, rodillas y dedos deslizándose hasta el amanecer hizo que nos amáramos presas de una embriaguez rara e inesperada como la lluvia.
 
                                                                    Johann R. Bach

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