22 dic. 2013

Le escuecen los ojos. El viento impregnado de partículas de uranio empobrecido...

EL PEQUEÑO POETA          

 

Mira con tristeza desde la colina

un pequeño poeta cómo se llena la tierra de humo, una tierra que sus padres le han dicho que se llama Siria.

 

Le escuecen los ojos.

 

El viento impregnado de partículas

de uranio empobrecido y de restos del fósforo de las bombas de racimo llega desde Alep hasta el mar.

 

Le hace toser y echar lágrimas

que emborronan lo que escribe.

 

De una tirada,

sin párrafo ni coma, de cualquier modo, pueden leerse de izquierda a derecha, con una escritura que no necesita vocales para explicar la belleza del mundo, unos sencillos versos

 

cerrados de pronto a la infancia

 

que describen el azul del mar,

la creencia en los milagros y que no todo está perdido.

 

El pequeño poeta

no conoce la poesía de Rimbaud y, sin embargo, ya invade su cuerpo un espíritu –aunque triste- bello en el reino de la ceniza en el bosque de las preguntas sin respuesta y

 

comienza su difícil papel del anti-héroe

 

del que ya no se preocupa de halo alguno

ni de aparecer ante una balanza-juez ocupado en consumir a fondo su injustificable búsqueda de la belleza allí donde otras personas no ven más que terror y superfluidad.

                                                          Johann R. Bach

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