23 dic. 2013

la sensibilidad, ayer árida y seca, retoma la vida, su resonancia de antaño, ...

LA MAQUETA DE CADAQUÉS EN CHINA

 

¡Cadaqués! ¡Cadaqués!

Es el grito de un chino al frente de un grupo de arquitectos y fotógrafos cuando miran el mar desde la pequeña playa frente al Casino.

 

De entrada no ve nada:

una pequeña alfombra de arena gruesa, unos olivos bajos escalando la montaña y cuatro pinos mal contados sobre las rocas bañadas por el mar por todo entorno de un pequeño pueblo.

 

Aunque vaya en grupo se siente solo,

casi perdido; asombrado, se acerca con expresión de sorpresa a la iglesia de donde sale música clásica de algún concierto de los muchos que acoge.

 

Allí se queda prendado

ante las blanqueadas casas, ordena fotografiarlo todo, luces y sombras, incluso el cielo cobalto.

 

¡Estoy tan solo aquí –exclama-

en los confines del Mare Nostrum!

 

"He atravesado el Mar de la China

cientos de veces y nunca vi esta bellísima combinación de cuadritos de vichy en un paisaje".

 

"No sé si la música sale de la iglesia

o es que sube con las olas desde el mar porque el mar está ahí, magnífico, imponente y soberbio al tiempo que se extiende plano hasta el horizonte".

 

"Tengo el encargo de copiar

fielmente este pueblo y su pequeña playa, cuyos lindes embragan con la mar misma, con el día y la luz, con el resplandor cambiante de olas argénteas".

 

"Los poetas de mi país –la China-

habrían de venir aquí para sentir en estas costas la soledad profunda y los músicos faltos de semitonos deberían escuchar esta armonía".

 

"Copiaremos, sí, este rincón homérico,

situaremos su maqueta en el mejor lugar de la costa china, aunque hay determinadas cosas del corazón que hay que sufrir y comentar en silencio".

 

"Vienen y se van. Dejan huellas profundas.

Cuando el tiempo las ha tocado con su sombra, se convierten en una suerte de engrandecimiento de sus mismos habitantes, un acrecentamiento de la vida,

 

un aumento colosal

en el que sentimos que el entusiasmo divino engrandece los pueblos y sus iglesias; donde

 

la sensibilidad, ayer árida y seca,

retoma su vida, su resonancia de antaño, la viva lozanía que le habían dado las viñas y olivos de los primeros años:

 

su germinación espiritual

que podría inducirnos la idea de que nada de lo que pertenece al corazón puede reproducirse, tal vez …"

 

"He aquí la cuestión más inquietante:

mi espíritu de poeta maduro, un pensamiento preocupado por obedecer dócilmente a su ley, que tiende a la perfección,

 

atormentado por portarse bien

no tiene otro objeto que el de entregar intacto el depósito de la moralidad de este pueblo junto a mis trabajos de arquitecto".

 

"Si pudiera… renunciaría a mi proyecto

y me quedaría a vivir aquí: en el auténtico Cadaqués".

 

                                                     Johann R. Bach

 

 

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