18 jun. 2013

La vida late en el reloj solitario de mi estudio

                        EL CAFÉ (Coffea cruda)                                                          

Aroma de café y risas

 

En Gràcia, esta medianoche en la plaza,

todo pasa según lo que habíamos previsto: La vida late en el reloj solitario de mi estudio y en esta página, que me hace compañía este sábado, por donde se me deslizan los dedos; imprime, mientras las notas del teclado rompen el denso silencio.

 

Respiro profundamente,

miro por la ventana, admiro, aspiro, la perfecta disposición de las estrellas en el cielo:

 

(recuerdo a mi madre,

mirando las estrellas), y algo más cercano aún y más sutil, sumergido entre las sombras y que penetra la soledad fría, delicada como una música de piano, y un ruido de terrazas, con gente feliz y ausente de donde me llega un elástico fluido y el aroma de café envueltos en risas y humo de tabaco.

 

A través de los claros de los árboles

los hilos blancos chorrean plata dejando tras de sí huellas brillantes y proyectan sombras chinescas en las paredes llenas de cuadros que todo lo saben, y ... callan.

 

Así mismo vuelven a mi mente

pensamientos que me traen la memoria de alegres cenas llenas de tu presencia.

 

Cierro los ojos poco a poco

esperando el regreso de los tuyos, tu sonrisa tu preciosa sintaxis y tus azucenas de cinco pétalos.                                   

                                                                                                   Johann R. Bach

 

Alfredo era un panadero que trabajaba diariamente unas 12 horas. Tomaba café negro en vaso  de unos 200 ml varias veces al día para mantenerse despierto en su trabajo nocturno. Él se definía a sí mismo como como una persona desquiciada. Era muy nervioso y muy delgado mientras que sus huesos delataban una fuerte constitución.

 

Llegó un día en que no podía tocar un plato, una herramienta, o cualquier cosa debido a una hipersensibilidad en el tacto; como si le dieran calambres al tocar los objetos y delante de los ojos veía una especie de relámpagos. Sus males se curaron con una gota de café diluida en un vaso de agua.

 

 

Úrsula trabajaba en una ferretería de la que era, junto a su hermano, propietaria del negocio heredado de sus padres. Empleaba muchas horas en el establecimiento comercial y no podía ocuparse demasiado de su hija que era hiperactiva. Normalmente la hija obtenía notas muy bajas en la escuela por lo que Úrsula decidió ponerla en tratamiento homeopático.

 

Al cabo de dos meses la profesora de la niña la llamó para hablar con ella. En la entrevista la maestra le dio la buena noticia de que su hija había mejorado tanto sus calificaciones que no entendía como se había producido aquel milagro.

 

Úrsula salió temblando de la reunión y sus piernas no podían mantenerla en pie. Su temblor era tanto externo como interno. El saber que su hija ya se comportaba como una persona "normal" en clase le había alterado su sistema nervioso. Llamó a su médico homeópata que le aconsejó que se tomara una gota de café diluida en un vaso de agua. Úrsula, con esa gota de café recuperó su habitual aplomo.

 

María, hipertensa desde hacía tiempo, estaba celebrando con su familia el cumpleaños de un hijo suyo en una terraza junto al mar. Tomaron unas cuantas tapas marineras. Luego al compás de las olas del mar disfrutaron de una excelente paella y con las bebidas correspondientes todos saciaron su sed y finalmente todos completaron su opípara comida con un aromático café. De repente María se puso malísima: la tensión se le disparó y su malestar fue curado tomando una gota de café diluida en un vaso de agua.

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El café exacerba la sensibilidad de los sentidos, despejándonos por la mañana antes de ir al trabajo aunque, todos lo sabemos, crea nerviosismo, ansiedad, insomnio, dolor de cabeza como si tuviéramos un clavo clavado en el cráneo, etc.

 

Algunos de esos efectos los consideramos positivos porque nos ayudan a estar despiertos en la carretera o para una mayor concentración en el estudio. Así consideramos positivo el aumento de agudeza visual que se produce con la ingesta de café. También valoramos positivamente que el gusto de los alimentos se haga más nítido.

 

Sin embargo ya no nos gusta tanto la hipersensibilidad olfativa porque se nos hace difícil soportar los olores de una cocina o el viajar en un automóvil de un fumador, etc. Tampoco consideramos como positivo no poder dormir a causa de los ruidos de los vecinos… Pues la hiperacusia también se debe al abuso del café.

 

Podríamos resumir diciendo que el café diluido puede curar

             La exaltación de los sentidos

             Los malos efectos de las buenas noticias

             El nerviosismo

             El insomnio

             La irritabilidad

             Dolores intolerables

             Angustia y ansiedad

             Hipertensión

             Dolor de oído

             Acidez de estómago

             Preventivo de la afonía de los cantantes (mediante enema)
                                                                     Johann R. Bach

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