20 jun. 2013

En tu buzón depositan sólo cartas del Ayuntamiento o del gas

  LA PROSA DE LA ESTUDIANTE DE LETRAS

Cuando miras la televisión

tienes la sensación de observar una naranja, durante horas y horas y al final no puedes recordar ni su color.

 

Prefieres leer los clásicos

de la literatura griega, y cada uno de ellos te resulta una balsa salvavidas en la que, sola en mitad de un mar en calma, te encuentras a gusto.

 

En tu buzón depositan

sólo cartas certificadas del Ayuntamiento o de la compañía de gas, aunque de vez en cuando recibes algún escrito que te sitúa en el mundo real como el de mi hermana Sylvia:

 

Yo, Sylvia Martínez Folch

una modesta monja de clausura cuyo dios descendió a la tierra perturbando mi natural soledad

 

C E R T I F I C O

 

Primero: que estuvo

reunido conmigo durante tres horas en el huerto del Monasterio –lo cual me hizo muy feliz.

 

Segundo: que con humana humildad

me confesó estar preocupado por el camino emprendido por los hombres: habían cambiado las buenas formas del ser por el simple parecer ser.

 

Tercero: que no era verdad

que Electra hubiese trabajado en una cooperativa ni que Orestes estudió farmacia, ni siquiera acabó el bachillerato.

 

Cuarto: que tampoco Clitemnestra

llevaba un sombrero azul el día de la boda de Agamenón; y, la insolación que pilló es porque estuvo bronceándose en la playa.

 

Quinto: lo único que es verdad

es que Egisto no paraba de fumar aunque hizo un reportaje fotográfico fenomenal esculpido en tablillas de madera; y

 

que el único que sufrió

un ataque de cuernos fue Menelao cuando Paris, en contra de su voluntad, pagó el café y las copas.

 

Sexto: que cuando volvieron a la ciudad

después de la boda, ya muy entrada la noche, iban todos borrachos, con documentos de identidad falsos y los bolsillos vacíos. Sólo Baco y Aquiles permanecieron sobrios durante todos los festejos

 

Séptimo: La prima-hermana

de la diosa Ociosidad y causa concomitante que va mano a mano con ella, la ninfa Soledad, se mostraba excesiva;

 

como un síntoma

en su fase coactiva o forzosa. Entretanto, en los pómulos de Sócrates se iban apretujando los años como murciélagos en su cueva.

 

Finalmente se fue

dejándome sumida en un mar de dudas aunque, según Descartes, no puedes dudar de que estás dudando.

 

Realmente hay que reconocer

que vivimos en el mejor de los mundos, porque a pesar de todo, milagrosamente aún funciona.

 

Mira como entra en la habitación

la luz descalza y el olor del café se desparrama por el aire calentado durante toda la noche por tu propio aliento. Hasta la cama sube su desnudez.

                                                                               Tulia M. Folch

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