5 oct. 2013

respirar la música y el ritmo de los púlsares y la fuga de las galaxias

LAS NOCHES QUE TE PROPONGO

 

Las lunas llenas

llegan regularmente a su cita y algunos poetas las llaman de sangre o del cazador. Las lechuzas ululan cerca y lejos de nosotros.

 

En esos momentos

todo parece estar en orden y que todo tiene un sentido: la higuera, el olivo, el granado y el almendro conviven con las rojas viñas; la quietud, el mundo… la soledad.

 

Sin embargo yo propongo:

 

Poner lucecitas en tus insomnios

con el paciente crepúsculo de la edad

 

Despertar fuera del cuerpo

rodeados por la calidez de nuestros alientos, olvidar la mirada sobre el pelo de astracán, beber el fulgor de los astros en el esplendor de la aurora.

 

Nombrarte con voz queda

para volver a empezar las caricias de la vida; enseñarte el secreto de los alquímicos minerales, provocarte una mínima culpa en ese inmaduro paisaje del corazón.

 

Estas son las noches que te propongo:

amanecer sin querer poseer el mundo -que por otra parte eso sería inútil- y en el rocío de la oscuridad saciar el deseo aplazado,

 

respirar la música

y el ritmo de los púlsares y la fuga de las galaxias, sentir el borbotear de la miel en el miedo de la boca.

 

El amor no debería ser

-en esas noches que te propongo- una persecución de sombras, esta cabeza de mármol mutilada o este desierto donde el temor a perderte permanece oculto en la suciedad antigua de los días.

 

Decirte, noche tras noche,

lo obvio al oído para cerrar el paso a los días sin nadie en los que pequeñísimos recados escritos apresuradamente se estrujen entre los dedos.

 

Embadurnarte el pecho en fin,

en las noches que te propongo, con la luminosa floración de lunas ácidas; encontrar el tiempo necesario para no hacer nada, para deleitar mis ojos sobre los tuyos.

                                                                              Johann R. Bach

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