2 oct. 2013

No les gusta tu voz, y mucho menos los poemas que se desprenden de tus letras

MUJER INCÓMODA  (I)

 

No te enfrentes, tú sola Atenea

a las tinieblas, desnuda, sin armas. Para herirte los demonios de la noche han inventado mil rostros diferentes, te acechan y esperan el momento de tu descanso para acorralarte, buscan tu silencio cortante, pero temen, y con razón, tu palabra.

 

No les gusta tu voz,

y mucho menos los poemas que se desprenden de tus letras, de tus sueños, de tus ojos porque saben que una lágrima tuya puede llenar de luz la noche y obligarles a retirarse a las tinieblas profunda del Averno de donde no deberían haber salido.

 

Debes armarte para afrontar la noche,

no tener miedo de ella. No te encierres, abre la ventana y aspira la luz de las estrellas; sus ondas electromagnéticas son portadoras de millones de besos que buscan con su dulzura protegerte de la Hidra.

 

El reflejo acerado en la ventana abierta,

el libro presente en tu estante favorito junto a tu cama de madera dulce, la luz que se funde con la tinta vertida delicadamente de tus dedos y del aliento de la voz que surge de tu alma, te arman para que la noche deje de ser oscura, amenazante y angustiosa.

 

Tarea fácil para ti Atenea.

                                                           del "Manual de la Soledad"  

                                                                      Johann R. Bach

 

 

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