30 sept. 2013

Deja tus palabras en tu pecho y ven a comer mis agradables frutos

AMOR ENTRE MARGARITAS

 

Lavé grasa negra de taller

y vino tinto enranciado de tu camisa. ¡Visitamos tantas casas de campo de alquiler!

 

Ahora vivimos en ciudades ajenas a los duros campos de patatas, las grises chimeneas y el mal aliento del petróleo de las lámparas.

 

¡Ay amor!

Te acuerdas cómo las olas rodaron escaleras abajo y como temblaban nerviosos los árboles en el bosque al vernos pasar.

 

Indecisa entre cariño y desgracia

ocupé todo el espacio de nuestro armario. Tu ropa se contentaba con dos perchas y una silla a modo de galán de noche.

 

Miro y vuelvo a mirar estos lirios.

Comparados con ellos somos de fe pequeña y aunque estoy como ellos un poco triste tengo demasiadas ganas de hablar.

 

Deja tu boca llena de palabras;

escucha las mías y ven conmigo a mirar las margaritas sonrientes en todos los rincones de este campo.

 

Ven a ver cómo estiran sus pétalos,

Lentamente, sin enfermeras ni relojes. Les basta el sol para medir el tiempo y no se quejan de algunas ausencias.

 

Contempla desde ahí arriba, mi amor,

la vista de este hermoso valle donde blancas nubes reflejan como un espejo los hilos de luz decorando las casas.

 

¡Ven mi amor! ¡Ven aquí!

Vuelve junto a mí. Deja tus palabras en tu pecho y ven a comer mis agradables frutos.

                                                                         Johann R. Bach

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