16 jul. 2013

¡Mélite miel! y ¡Yera grácil! Las que más se alegraron de muerte de Aquiles, las más dulces

  PARIS ODIADO POR LAS NINFAS

 

Engreído, caprichoso

y crecido su orgullo por su origen, bajo la sombra de Afrodita (la que nació del espumoso semen del castrado Urano), Paris

 

traicionó a su huésped Menelao –rey de Esparta-

robándole los abalorios sagrados con incrustaciones de samario y tántalo, raptando a su hija Helena, devoradora de naves y hombres, ansiosa de vicios urbanitas y hambrienta de perfumes exóticos y pedrerías.

 

Ebrio de honores

por haber logrado la muerte del pelida Aquiles, como un imán sus ojos descendían al centro más ardiente del cuerpo de Helena y sus labios sólo se separaban para ingerir largos tragos de espumoso vino: acre frenesí de lujuria se respiraba en el aire bermejo.

 

Entretanto los ojos de una cabeza estrecha

de un caballo de madera observaban cómo del mar añil emergía, rodeada por una guirnalda de soldados disfrazados de ninfas,

 

Tetis con sus pies de plata,

(que dando principio a sus lamentos, exclamó:

 —Oíd, hermanas nereidas, para que sepáis cuantas penas sufre mi corazón);

 

esperaban pacientemente

que aquellos nombres sonoros que resonaban bajo un sol de ojo topacio se confundieran con el aire mientras llegaba la medianoche:

 

Tetis (= la prenda), amiga de Juno

y codiciada por Júpiter, pero obligada a casarse con un mortal, cuando se conoció su destino de tener un hijo más poderoso que su padre...

 

La enamoró Peleo,

venciéndola en una artera lucha en que adoptó, con versatilidad verdaderamente acuática, formas de ave, árbol y tigre; y fue madre nada menos que de Aquiles (Por cierto que en el festín de esas bodas lanzó Discordia su manzana)!

 

La mayor de todas las nereidas

es la Circunnadante Anfitrite (= la que rodea el mar), que mientras dirigía la danza de sus hermanas frente a Naxos sedujo e hizo sentar cabeza al casquivano Poseidón, señor olímpico del mar. Con él tuvo a Tritón (= el mar).

 

La más profunda Bentesicime

(= el mar de fondo) de diminutos ojos negros y casi tan famosa por sus amores, lo es Galatea (= la blanca como leche), locamente prendida en los suaves encantos del bello Acis y sorda a los requiebros y quejas del montañoso y tosco Polifemo

 

Bienna-dadora de amor Ágave

muy amiga de Doto y sus dones extraordinarios listos para ser prestados, celebraba cada dos años sobre Cimótoe la onda más rápida su indiscutible belleza

 

Actea, Limnorea y

Calianira encanta-hombres de gruesos labios, soñaban con tener amores con los mortales y envidiaban a la fértil Ferusa, a Proto la portadora de primicias, a Glauce vestida con su velo azul-mar y a la ondulada Cimótoe por su arte en la danza sobre el viento

 

La insular Nesea

llenaba de flores los escondites de Espeo cavernícola con la ayuda de Toe nado-agilísima que no podía tomar el sol sin que le cayera la piel a tiras como a Halia de enormes ojos sal-ceniza redondos.

 

¡Mélite miel! y ¡Yera grácil!

Las que más se alegraron de la desaparición de Aquiles, las más dulces. Mis preferidas entre las setenta y siete (penúltimo de los sagrados múltiplos de siete) nereidas en total.

 

                                                                                 Johann R. Bach

 

 

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