20 jul 2014

¡Oh! Entonces nos lanzamos a la búsqueda de un rincón que nos acogiera,

LAS PESADILLAS DE LA VECINA DEL SEXTO

 

Hoy he bebido demasiado vino

y he bailado hasta el amanecer. Me duele todo el cuerpo y necesito explicarte cómo sobrevivo.

 

Necesito hablar

y te ruego que no me interrumpas… de otro modo volverán a mi mente las pesadillas de las viudas.

 

Cuando murió mi marido

sólo Pablito vino a consolarme. Lloraba desconsoladamente pues estimaba a Firmín como a un padre.

 

Tomé su rostro entre mis manos.

Era tarde y ya los hilos blancos de la luna descendían sobre él. La más inconcebible de las cosas anegada en el llanto.

 

Como algo que obedece

y permanece callado, era como tener casi una cosa. Pero no había un ser en aquella noche fría en la Rue de Batignoles, que me eludiera más infinitamente.

 

¡Oh! Entonces nos lanzamos

a la búsqueda de un rincón que nos acogiera, donde subiera a la superficie

 

el oleaje entero de nuestros corazones;

 

debilidad y anhelos

no necesitaron alguien a quien presentarle el final: me desnudó y me besó con profusión los pies y las rodillas...

 

Cuando me desperté

lo encontré enroscado como un ovillo al pie de la cama como un can Guardián de mis Sueños.

 

Desde entonces

cuando me ataca el insomnio le pido que baje a mi apartamento aunque sé que nunca habrá sustituto para el Hombre de mi Vida.

 

                                                            Johann R. Bach

A CARMEN

NO ME ADULES

No me adules mi amor.

¡No acrecientes mi figura!
¿Quién sabe si me alzo?

Levanta sólo el rostro muy despacio,
para que mi fluir sea casi idéntico a tu propio llanto.

Y si mi fuerza te pasa de largo,
colócate derecha ante mi ráfaga;

cierra los párpados ante mi soplo,
como si de tanto verme a mí pudieras volverte ciega.

                                                               Johann R. Bach

COMENTARIO DE PATRICIA

Que difícil es no hacerlo,
y saber que tu viento está aquí cerca.

No pidas imposibles
a quien te quiera porque más difícil le haces el camino de enclaustrar su corazón a tus palabras.

Muy difícil se hace
el que impidas aquello que sale del corazón de un amado; que impidas que te diga lo que siente con la electricidad y locura que la sobrepasa.

No impidas que te alaguen
los sentimientos que crecen en las personas que te idolatran.

Me da igual que te crezcas
si con ello haces feliz a la que te adula. Creo que Carmen cuando lo hace, parte de ella estará sensible de hacerlo.

Deja que la recorran tus vuelos,
tus aires y tu anhelo.

                                                              Patricia


En sus carnosos labios se acumulaba la tensión, el placer y el dolor

8. LOS HOMBRES DE MI VIDA (Pablito)

PABLITO

Pablito era paciente, muy paciente y amoroso
de carácter dulce y manos rosadas, de sus ojos simétricos parecidos a los de una egipcia Diosa del Amor se descolgaban fácilmente las lágrimas cuando una nube cubría el sol o simplemente cuando oía hablar de desgracias.


En su radiografía se observaban
fácilmentesombras de antigua soledad a pesar de que sólo tenía treinta años cuando alquiló la habitación de los invitados de mi vecina.

Mientras tomábamos el té
en una tarde lluviosa pareció entristecer de pronto y comenzó a explicar, entre lágrimas, algo de su vida y tragaba saliva como si necesitara engullir un bolo difícil de tragar.

A partir de aquel día
todas las vecinas del inmueble nos desvivíamos por atenderle y protegerlo. Él estaba encantado con nuestras atenciones y secretamente todas le amábamos.

Yo imaginaba la frialdad de las pinzas Kocher
envidiade unas manos que sin duda algún día fueron al encuentro de otras ardientes, aunque por alguna razón desconocida la llama debió apagarse.

Desde el cuello ligeramente largo de Pablito,
resbalaba una catarata de finos cabellos laberinto de brillante maleza, en el que se percibía una mancha escarlata -denominada popularmente deseo-

producida por el falaz incendio
de una boca que sin duda algún día fue, prematuramente, al encuentro de la suya. A la altura de su máximo perímetro dos suaves brazos de horas estelares se negaban a olvidar sus abriles.

En el resto de su pecho
se transparentaba el esqueleto doblado de una estrella fugaz y como en un ganglio calcinado se guardaba una fósil respiración del ardiente pecho de su madre que sin duda, durante muchos días descansó en el suyo.

Más abajo, en la zona del hipogastrio,
dos auténticas bolas de billar, en medio de un descomunal árbol de gruesa raíz envidia de centauros, se apreciaba un desprendimiento de sombras y reinos que nunca pudieron amanecer.

En sus carnosos labios
se acumulaba la tensión, el placer y el dolor a pesar de ser hipotenso. Siempre tuve la sensación de que aquel cuerpo de diosa egipcia sin duda algún día fue en busca del Centauro Quirón.

Era amanerado en exceso en el gesto,
su extraño priapismo sin eyaculación me encantaba –y no sólo a mí- porque para él todo era un juego interminable de amor muy parecido al mío.

                                             Johann R. Bach

De la novela YO, MARTA GUILLAMON Y LOS HOMBRES DE MI VIDA

Es resistia a marxar. He pensat que era una vida ja sense instint de conservació, que el seu final era proper

Els miralls de Georgina

 

 

Quan em vaig traslladar

 a casa de la Georgina vaig quedar presa com una libèl·lula de l'aura dels miralls que hi vaig trobar.

 

Tot hi és un mirall que t'envaeix els ulls ,

s'entesta- t'obstines- a assetjar la imatge imprevista.

 

No solament l'aigua,

el metall polit, la pàgina blanca, la pedra que hi conforma les estàtues, sinó també les seves mans, que imposen el seu ordre en les coses,

 

la fuga del temps i el seu retorn,

sempre imprevist, la por de les passes que van negant els camins.

 

Avui mateix, després de contemplar el mirall,

penjat a la meva alçada, no pas per veure-m'hi sinó per buscar-la-hi a ella quan no és a casa, m'he estat fixant en els dos llums iguals que presideixen la seva superfície irreprotxable d'on he aconseguit desterrar paret i cortines;

 

i, m'han aparegut a la ment

les línies d'un paisatge sense somni, l'aire mateix s'ha prestat a l'oblit dels problemes amb el meu exmarit.

 

Encara és mirall o bé ja és font?

 

He tingut la sensació

que no em voldria assemblar a algú que no s'atreveixi  a contemplar el seu propi rostre. He sentit com, en mirar aquest  mirall, realment l'estava esperant com un únic esforç.

 

M'he posat a llegir

 – un dels meus millors plaers- i un insecte diminut s'ha aturat en el marge d'una pàgina; l'aparto tot espolsant la pàgina (delicadament, per no fer-li mal)i gairebé a l'instant, d'un salt s'hi ha tornat a situar.

 

Semblava que em convidés

 a fixar-me en ell: era un dípter, tot ell de color verd amb taquetes  ametistes, no domèstic, les ales quasi triangles equilàters  que lluïen paral·leles al paper on ha posat les potetes; m'ha recordat les libèl·lules.

 

Massa obert,

el cosset gairebé tocava el blanc de la pàgina. Un traç ferm de preciós verd maragda, extremadament subtil, vorejava les ales transparents;

 

com cel·lofana cristal·lina

m'exhortaven a mirar-les bé per percebre-les millor, a fixar-me en la perfecta simetria del seu suport viu.

 

Intentava

 apartar suaument aquell ésser diminut amb la punta del bolígraf , però es tornava a instal·lar tan a prop del llibre sense intentar fugir que em va semblar que buscava companyia encara que jo no fos de la seva mateixa espècie.

 

He provat de foragitar-lo

altre cop amb una bufada lleugera. Es resistia a marxar. He pensat que era una vida ja sense instint de conservació, que el seu final era proper i me n'he desentès;

 

fins a sentir-la posada

 en la part de la mà ,tremolor! que jo no em veia, la que estava enfront del llibre , esperant, tota, el moment de passar el full, la volta del temps...

 

He continuat  llegint i passant pàgines:

 la meva escala en el temps és una altra. Però els nostres universos són una mateixa cosa.

 

He tornat a mirar-me el rostre al mirall, tot esperant la nit per  fer una passejadeta amb la Georgina.

 

                                         Johann R. Bach

Antes de rodearle el pecho con mi brazo ya se había dormido.

3. LOS HOMBRES DE MI VIDA (Casimiro)

 

"Je m'appel Casimir"

solía, con esas palabras, comenzar sus actuaciones de guiñol ante el numeroso público infantil de los poblados de Costa de Marfil. Con ellas y su sonrisa transmitía diversión a los castigados niños de un país que la diosa Fortuna desconocía.

 

Mientras Casimir balanceaba

alegremente sus manos,transmitía entusiasmo y optimismo a todos los miembros de la ONG. También a mí me transmitía paz bajo aquellas tormentas de luz.

 

¡Ah! ¡Qué horas de éxtasis salvaje

a media tarde a la orilla de un rio esmeralda! El alma cantaba –os lo aseguro- levemente la canción de la caña amarilleada con ardiente devoción.

 

El ritmo trepidante

de rudimentarios instrumentos de percusión me excitaban hasta el delirio.

 

Luego al derrumbarse el sol

Casimir miraba largamente los ojos estelares de un sapo demasiado grande para este planeta, palpaba con manos estremecidas el frío de la piedra antigua y debatía con los compañeros la venerable leyenda de la fuente azul.

 

¡Ah! ¡Qué peces de plata

enseñoreándose en el río! ¡Qué frutos cayendo maduros de los árboles! ¡Qué sugerentes ojos los de muchachos ávidos de participar en la danza del mundo!

 

Los acordes de sus pasos

le llenaban de orgullo y de menosprecio por aquellos humanos que ignoraban -en el mejor de los casos- a aquellas pacíficas e ingenuas1 comunidades.

 

Al entrar en la tienda

se tumbaba junto a mí con la cabeza apoyada en una enorme almohada observando la porción de cielo estrellado observable a través de las ventanas mosquiteras y comentaba cómo iba prosperando nuestro proyecto.

 

Antes de rodearle el pecho

con mi brazo ya se había dormido. Todo su amor era para aquellas gentes. No podía entregarme su sexo sin beber vino. Su libido era inexistente a menos que se emborrachase.

 

Después de la campaña de vacunación

de aquel verano volví a Bruselas sin remordimientos de abandonarlo todo para volver a empezar.

                                                                 Johann R. Bach

 

1.       Etimológicamente ingenuo es una persona que es libre y no lo sabe.

¿Dónde hallaré flores después del otoño,

EL EROTISMO EN LA EDAD MADURA

 

Con amarillos membrillos,

con racimos de uva negra que concluyen, rebosante de margaritas silvestres se asoma la orilla al lago,

 

y, vosotros, vencedores de dragones,

ebrios de besos, zambullís la cabeza en la dulce agua sagrada.

 

Sin embargo, no puedo librarme

de esa angustia que me atenaza el pecho y me despierta al amanecer.

 

¿Dónde hallaré flores después del otoño,

y la luz de los girasoles, y las sombras llenas de estrellas dispuestas a ser alcanzadas con la mano?

 

Las muros del monasterio,

cubiertos de buganvillas, figuran sin habla y fríos, rechinan al viento las veletas.

                                                                                     Johann R. Bach

16 jul 2014

Cerré entonces los párpados. Había luz en mi alma, y respiré hondo, tranquilo, el perfume fuerte y fragante del bosque…

A PATRICIA

 

Eran casi las cinco

y aquel amanecer de agosto prometía pasar por mi lado, con suelas de oro, camino del bosque.

 

Yo estaba metido hasta las cejas

dentro de mi saco de dormir bajo el avancé de la tienda, junto al musgo rizado y brillante apartado de los otros y de ella.

 

Cuando salió

abriendo con cuidado la cremallera para no despertar a nadie, la seguí con los ojos.

 

Vi como lanzaba reflejos

verde claro sobre la grava blanca y plateada junto al riachuelo, como si esparciera a su alrededor cristales de malaquita.

 

Percibí sus pasos

silenciosos y ligeros, que despertaban del dulce y largo sueño a la asombrada hierba:

 

sus piernas

eran casi tan bonitas como las tuyas mi amor. Abrí los brazos y ella sólo miraba las altas ramas de los pinos, que se mecían silenciosamente,

 

aquí, allá, aquí, allá,

como si hubiesen de frotar el cielo casi azul ya hasta sacarle brillo. ¡Y era tan hermosa!

 

A mí me llovían

en los ojos puntitos plateados, espesos, cada vez más espesos, hasta que un brillo exuberante los aplastó con fuerza.

 

Cerré entonces los párpados.

Había luz en mi alma, y respiré hondo, tranquilo, el perfume fuerte y fragante del bosque…

 

Entonces comprendí

que estaba enamorado como ahora de ti.

 

                                                              Johann R. Bach

os pido perdón por esta forma primitiva de escribir en primera persona

 

Yo, Leo P. Hermes

un simple escritor hijo de un modesto médico rural y nieto del abuelo Hermes conocido en toda la cuenca minera del Llobregat por ayudar a los accidentados mineros a atravesar Las Puertas del Inframundo.

 

Llegué a París

con la pretensión de estudiar los ojos humanos y enseñar a leer sobre la piel el poema de la vida.

 

Sí, sí. Esa pretensión

de convertirme en un poeta famoso me acompañó siempre en mis noches desde 1.96…, aunque sólo a partir de 1970 conseguí algún resultado.

 

Era la época en que soñaba

intensamente. Veía con facilidad en mis sueños los cuerpos celestes en la noche y en el interior de los cuerpos humanos el misterio del calor y el frío y la inclinación al alcohol, el chocolate y el tabaco.

 

Luego esos sueños se expandirían cada vez más.

 

Yo, Leo P. Hermes un oscuro biólogo

que sólo llevaba a mis veinticinco años en una bolsa de deporte cargada de ilusiones,

 

un saco de dormir,

una novela de Edgar A. Poe, un peine, un pasaporte obtenido gracias a las influencias de un funcionario judicial (tío mío) y dos bocadillos de tortilla,

 

atravesé la frontera con Francia por Irún.

 

Una doctora seca como la rabia,

cargada de años me manoseó los testículos en busca de una posible hernia como a un sencillo campesino de aquellos que iban a trabajar en la vendimia francesa. Certificó que estaba muy sano…

 

Yo, Leo P. Hermes

no inventé la naranja como Santiago Huguet, pero organicé el ejército defensor de los granados y los membrillos y desarrollé un sistema de distinción entre símbolos y signos. Lo extendí  por todo el Mediterráneo.

 

Sí, sí. No pongáis esa cara.

Antes de 1968 año en que Portman escribiese su libro Symbole und Sinnbilder yo ya conocía varios cientos de signos matemáticos desde los más sencillos (más, menos, por, es, raíz, pi, etc)

 

hasta los más complejos

(integrales, sumatorios, googles, limites, matrices, laplacianas, …) que nunca confundí con los símbolos como el rojo anaranjado que simboliza el fuego, que a su vez simboliza la pasión, eso que no ha decaído en mí a pesar de los años.

 

Yo, Leo P. Hermes

inventé la "memoria subliminal magenta" colocada entre las palabras, libre de nieblas contaminadas con metales pesados y, generosamente,la repartí entre la honrada gente de gruesas cejas.

 

No he creado quimeras

ni mitologías nuevas. Me he limitado a interpretar el mundo clásico y tomar de él aquellos aspectos que me facultaron para crear poemas medicinales para acotar el dolor humanoal terreno de lo soportable. ¡Ay! ¡Como si eso no fuera una labor de titanes!

 

No me quejé nunca de la vida en París.

Fue la única etapa de mi vida en la que me sobraba el dinero; me enriquecía en lo espiritual y aprendía más sobre el sexo de lo que me enseñaban las enfermeras en el hospital.

 

Tuve a mi alcance miles

de personas con las que experimenté (en ayuntamientos, colegios y cárceles, conventos, y otros colectivos deportivos) fórmulas provistas de sustancias ponderables, medicamentos simples y sutiles, plantas medicinales y poemas liberadores de la psique.

 

Yo, que me horroricé

al vivir de cerca el sufrimiento humano no pude o no supe soportar el cinismo y la mentira y me lancé como en un triple salto mortal sin red, al mundo de la Universidad Gratuita de la Miseria,

 

os pido perdón

por esta forma primitiva de escribir en primera persona cuando en realidad siempre he odiado a los que tras su disfraz de santurrones (de bata blanca o de colores) empleaban con su inmensa egolatría una única fórmula: "el yo, me, mí, conmigo"; y,

 

ACEPTO

 

humildemente el cargo

que me ofrecéis en la construcción de esa tela de Penélope de la web www.homeo-psycho.es y su correspondiente Blog homeo-psycho.blogspot.com que, con sus aciertos y sus errores nos regala algunas líneas de humano aliento.

 

       Ante la Asamblea General de www.homeo-psycho.es

a 1 de noviembre –creo- de 2012

Firmado y rúbricado con la huella digital de mi índice derecho

                                                                  Leo P. Hermes

 

Como el primer cigarrillo, los primeros abrazos también escogieron su taberna

UN PAISAJE PARA CADA SOLEDAD

 

Sabes que, a veces, el tierno amor

escoge sus lugares y cada pasióntiene un rincón, un modo diferentede abrazarse ante una pantalla de TV,o de apagar las luces.

 

Sabes que hay espacios

declarados de interés especialbastante más tarde de ser recorridopor tus pasos como gozoso paseo.

 

Sabes que hay el recuerdo de un beso

en cada portal y ascensores que hubieran deseado quedarse quietos, sin electricidad, observando la escena,miles de escaleras llenasde pequeños paréntesis en cada rellano.

 

Cada ilusión tiene formas distintas

de incendiar corazones o pronunciarlos nombres al coger el teléfono.

 

Cada alma busca un atajo

para tapar su sombra, desnuda, con las sábanas cuando suena el despertador.

 

Hay una fecha en cada esquina,

junto a un árbol de cada calle, un rencor deseable, un arrepentimiento, a medias en el cuerpo.

 

Cada amor tiene números

o letras diferentespara escribir: "volveré a las 23.30 horas"como una invitación a una larga nochebajo la música de una lluvia torrencial.

 

Como el primer cigarrillo,

los primeros abrazos también escogieron su taberna y se ampararon en los decorados públicos de Las Ramblas.

 

Así cada escena marginal

donde las fiestasjuntan la soledad, la música y el deseo, se viste con sus mejores flores y galas, casi siempre precipitadamente,

 

con retraso,

y no en la oscuridad, sino en esas horas en quecada tiempo de dudas necesita un paisaje.

                                                                     Johann R. Bach

 

13 jul 2014

He estado meditando, repito, si sería lo mejor tomar las cosas en serio, o todo en broma;

YO, MARTA GUILLAMON Y

LOS HOMBRES DE MI VIDA


Para conocer a los hombres
no tuve que acostarme con todos ellos. Como no me bastó con mirar a mi alrededor, observar a los compañeros de mis amigas y escuchar lo que de ellos decían ellas,

tuve que leer El Quijote,
el Código civil y el Código Penal. Y aun así tuve que grabar en mi ADN la mayoría de las guarradas de los dioses de El Olimpo.

Sigue no obstante, la luz de lo alto
a los hombres hablando llena de hermosos sentidos;

la voz del celestial tonante
clama inquiriendo si aún lo recuerdan;

la onda enlutada
eco le hace en su duelo y repite: "¿ninguno en mí piensa?"

Los seres celestes
gustan de un nido en los pechos sensibles, siguen gentiles las musas al hombre esforzado inspirando,

hoy le acompañan lo mismo que antaño
y envuelve las cumbres de las montañas que vieron su nacimiento,

pervive e impera
y en todo preséntase el aire para que unido en los brazos de Eolo ora para que todo un pueblo a la vieja dicha retorne y

a todos un común espíritu sea.

Y aunque hay muchas mujeres que dicen
que los "buenos tiempos" fueron con mucho los peores de todos –cuya sana doctrina yo también acepté, confundida, en cada ápice-

sin embargo, sigo, con todo,
creyendo a éstos un tanto peores que ellos.

He estado meditando - ¿es así como se dice? -;
me gustan las palabras de los hombres a pesar de sus modales, pues a las mujeres nos enamoran por el oído.

He estado meditando, repito,
si sería lo mejor tomar las cosas en serio, o todo en broma;

si con el adusto Heráclito de antaño,
llorar, como lo él lo hizo, hasta que escuezan los ojos, o bien reír con aquel filósofo extraño,

Demócrito de Tracia,
que solía pasar cada página de su vida sonriendo a los dobleces como diciendo: "¡Vaya! A quién diablos le importa cómo es un hombre!"

Tantos y tantos como hay para reemplazarle.

                                                                Johann R. Bach

Y a mí me parecía que escuchaba tu vida desde arriba;

RODEADOS DE MANZANOS

 

En tu lugar,

junto a la plantación de manzanos de Torroella de Mongrí, ¿lo recuerdas?, me explicabas el criterio de l'Hôpital,

 

una mañana

(la primera que saco del tesoro de un tiempo prodigioso), insistías en el canto del elogio y la belleza matemática.

 

Y a mí me parecía

que escuchaba tu vida desde arriba;

 

que cerca iba llegando como de todos lados;

de la suave hierba subía a los espacios métricos de tu voz.

 

Pero de pronto,

cuando dejaste de hablar, desde aquella cercanía, de una distancia próxima a cero

 

me devolviste a mi ser y a mi sentir.

 

Con los años comprendí

que estar lejos es sólo estar atento: escucha. Durante mucho tiempo has sido tú todo silencio.

 

Pero al mirarte yo,

como en un final de ciclo, volverás siempre a reunirte con el cuerpo querido: con tu cuerpo.

 

                                                           Johann R. Bach

agradeces a tus fantasmas una vida apasionada, sostenida por versos, por el aire que respiras, la ropa que te pones y te quitas ante la pantalla del ordenador

LAS ARRUGAS DEL CIELO

 

Cuánto fastidia

que alguien diga que existes tan sólo en tus poemas, aunque después de pensarlo bien,

 

agradeces a tus fantasmas

una vida apasionada, sostenida por versos, por el aire que respiras, la ropa que te pones y te quitas ante la pantalla del ordenador

 

y escribes

junto a un rumor vacío de ascensor y el murmullo del piano del vecino.

 

Recuerda esos años

que tu mente fue el reino de las dudas, de la prisa por llegar al Monte Parnaso,

 

sumergida en tu voz de caracola

y te gustaba el bosque como un color al que el cuerpo se entrega como verde y continua esperanza.

 

¡Escribe!

 

En tus frases cortas

nada existe desde que te secuestran los veranos y el futbol arrastra masas con más pasión que una encendida religión.

 

¡Describe!

 

Describe el cielo arrugado

descansando en la hierba del parque, describe bajo las notas del piano de Arvo Pärt el peso de su larga cabellera de nubes;

 

cómo tu cazadora adolescente brilla más,

envejecida, reflejando los pocos hilos de luz que logran atravesar el aire pintado de gris oscuro.

 

¡Escribe!

 

Cuéntanos cómo se llenan

de humo los síes en la boca, cómo los abrazos matan el malhumor,

 

cómo la vida trepa por los árboles

y los ascensores, cómo invade geografías que creían ser, por arrugadas, inhóspitas.


                                                          Johann R. Bach

Fuera del taller la nieve crecía en Forsthausallee y la ventisca golpeaba mis ojos; el frío parecía ir en aumento.

  • Los pies helados del sedentario

              NUX VOMICA C 15

 

Hoy he ido al mecánico

a cambiar los neumáticos del coche. En invierno es obligatorio poner los de lluvia. Me han hecho esperar casi media hora para atenderme, pero no me ha molestado hacerlo porque me acompañaba Niko. Un solo minuto a su lado puede hacerme feliz.

 

En el taller hacía un frío glacial;

los pies se me estaban helando; la cortina de goma que intentaba impedir que el aire caliente del interior se escapara era casi inútil; la temperatura interior era de 5 bajo cero.

 

Niko ha acercado sus labios a mi oído

y me ha dicho que yo era la mujer de su vida. No por inesperado ha sido menos bello. Casi me olvido de mis pies congelados cuando un pequeño detalle me ha recordado la situación:

 

Sebastián, el mecánico,

se acerca a nosotros con un andar dificultado también por el frío; con las mandíbulas apretadas por un intenso trismus nos ha mascullado entre dientes que fuéramos a tomar un café mientras cambiaba las ruedas.

 

Fuera del taller la nieve crecía

en Forsthausallee y la ventisca golpeaba mis ojos; el frío parecía ir en aumento. El restaurante Kuffer (Cuprum), situado en la esquina, rematando el final de la comercial avenida Sonenallee, estaba cerrado por lo que hemos tenido que refugiarnos en el pequeño rincón de la panadería de Baumschulenstrasse.

 

En ese rincón,

provisto de una pequeña mesa redonda y dos sillas me ha parecido un lugar maravilloso. Sólo el enorme cristal nos protegía de la tormenta blanca. Con la taza de café berlinés entre las manos y la mirada fija de Niko el tiempo se ha detenido como en una foto.

 

Luego, pasada una larga media hora

Niko me ha arrastrado literalmente hasta el taller porque mis pies no habían entrado en calor mientras estábamos tomando el café. Sebastián no lo estaba pasando mejor que yo:

 

me ha dado las llaves del coche

con premura para continuar sentado, con su enorme barriga, frente a una estufa. Al llegar a casa yo también he puesto mis pies desnudos a calentar entre los pies ardientes de mi profesor.


                                                  Johann R. Bach

12 jul 2014

Los astros hilan en secreto sin lanzadera en la oscuridad que se extiende como el mar hacia el horizonte.

La pureza del número

 

Todos miran o han mirado el cielo;

buscando respuesta a la existencia en la magia de la noche. Desde la antigüedad, gente sencilla, sabios, sacerdotes han observado como hay un beso tras cada gota de agua llovida.

 

También llueven ideas

caídas desde las estrellas, conceptos abstractos que viajan encaramados en finos haces de luz, nocturnos casi siempre.

 

Doce es el número mágico.

Llovido del cielo invadió todos nuestros campos de trigo, las copas de los árboles, nuestros rudimentos matemáticos y el mágico transcurrir del tiempo.

 

Arriba están la Casas del Cielo.

Los doce signos del zodíaco la Casa de lo Oculto, la doce, Escorpión la Casa de la Muerte. Millones de peregrinos terrícolas inspeccionan el cielo.

 

Los astros hilan en secreto

sin lanzadera en la oscuridad que se extiende como el mar hacia el horizonte. Saturno  gira lejos bañado por sus propios anillos y aún inamovible, el que arrastra hacia atrás su carro, El Cangrejo.

 

Signos en el espacio interestelar

que hay que interpretar, que marcan el origen olvidado o el retorno a lo ignoto.

Espacio sin senderos, sin distancias euclidianas por dónde camina, cada vez más puro el número.

 

Muchos, sosegados de años

en la paz del abrazo, y en un tardío encuentro casi de despedida, a la vez, culpables e inocentes de lo que hemos sido volvemos a confesar al oído que en la escuela nos disgustaban los bailes de cifras.

 

No los entendíamos.                                      

                                                   Johann R. Bach

Todo en Cadaqués gira en torno al pasado, en torno a la historia escrita por los hombres;

 

Vacaciones en el Mediterráneo (II) (mar)  Cadaqués

 

Todo lo que veo en este lugar,

ya vivido en otros menos alegres como Alt Treptow o Friedenau, está relacionado con la vida de los hombres, sus sueños lo invaden entero mientras calles y playas callan.

 

Todo en Cadaqués

gira en torno al pasado, en torno a la historia escrita por los hombres; muchos -como Dalí o Plá- recrean su mundo dentro de cada palabra.

 

Mientras la savia agosteando

pierde fuerza dentro de las arterias la piel de los árboles se enfría endureciendo tronco y ramas; las hojas se desprenden, caen al vacío.

 

Cuando los días se detienen

dando paso a largas noches los ojos de té se reconocen; huyen de las desgracias,

que siempre a punto dentro de la mente te esperan aunque la mayoría de esos presagios no sucederán jamás.

 

En Cadaqués

los gestos se reencuentran detrás de los blancos muros desteñidos de recuerdos, bajo la desapacible Tramontana

 

Y ahora tú

que has aprendido a llorar miras labios que se besan mientras miran al mar, aunque otras bocas sedientas pidan beber en la tuya.

 

Un viento de soledad

mueve las clareadas copas y toldos de terrazas, restablece el deseo, desnuda la impaciencia.

 

Se expande

la luz del dolor dentro de ti como las galaxias hacia el centro del tiempo.

 

No oigo mi corazón.

Pienso en mi vida, pero se desdibujan las imágenes justo al borde del sueño. La noche, húmeda y estrellada bombea su sangre caudalosa al ritmo de la marea.      

 

                                                                                         Johann R. Bach

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Carmiña se ha tumbado al sol al lado de Leonardo  en la minúscula playa frente al legendario Casino de Cadaqués donde pintores, artistas y políticos, en promiscuidad cuidadosamente establecida, comentan en agostos, año tras año, toda clase de noticias y chismes de prensa rosa y gozan del marujeo de élite. Buscan la notoriedad de un rincón blanco, soleado pero bañado de humedad salada.

 

Algunos contratan a medios periodísticos para que les hagan un reportaje, otros muchos se llevan sus propias cámaras de fotos; organizan fiestas a las que invitan a personalidades de otros países. Utilizan Cadaqués como caja de resonancia de sus obras o de sus ideas. Tiempo habrá de que llegue La Tramontana y los desplace hacia escenarios más apacibles.

 

Nosotros Manuel y yo, nos hemos sentado en la terraza cubiertos por ligeras camisas de manga larga, gorras o sombreros de paja y gafas oscuras. Los dos huimos de los baños de sol aunque por razones distintas: mi delicada piel no me permite excesos, mientras que la piel de Manuel se halla ya bronceada por el trabajo de todo el año.

 

Manuel suele trabajar en verano desnudo de cintura para arriba protegiendo su cabeza con una gorra de beisbol para evitar una insolación excesiva de la cabeza. Un pantalón corto le permite refrescar sus musculosas piernas.

 

La brisa marina nos refresca y parece que el sol no es peligroso, pero Carmiña se ha puesto roja como una gamba. No ha podido resistir más insolación y se ha unido a nosotros en la terraza, dejando solo a Leonardo tostándose como un "guiri".


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De la novela NIÑOS A LA DERIVA