20 jul. 2014

¡Oh! Entonces nos lanzamos a la búsqueda de un rincón que nos acogiera,

LAS PESADILLAS DE LA VECINA DEL SEXTO

 

Hoy he bebido demasiado vino

y he bailado hasta el amanecer. Me duele todo el cuerpo y necesito explicarte cómo sobrevivo.

 

Necesito hablar

y te ruego que no me interrumpas… de otro modo volverán a mi mente las pesadillas de las viudas.

 

Cuando murió mi marido

sólo Pablito vino a consolarme. Lloraba desconsoladamente pues estimaba a Firmín como a un padre.

 

Tomé su rostro entre mis manos.

Era tarde y ya los hilos blancos de la luna descendían sobre él. La más inconcebible de las cosas anegada en el llanto.

 

Como algo que obedece

y permanece callado, era como tener casi una cosa. Pero no había un ser en aquella noche fría en la Rue de Batignoles, que me eludiera más infinitamente.

 

¡Oh! Entonces nos lanzamos

a la búsqueda de un rincón que nos acogiera, donde subiera a la superficie

 

el oleaje entero de nuestros corazones;

 

debilidad y anhelos

no necesitaron alguien a quien presentarle el final: me desnudó y me besó con profusión los pies y las rodillas...

 

Cuando me desperté

lo encontré enroscado como un ovillo al pie de la cama como un can Guardián de mis Sueños.

 

Desde entonces

cuando me ataca el insomnio le pido que baje a mi apartamento aunque sé que nunca habrá sustituto para el Hombre de mi Vida.

 

                                                            Johann R. Bach

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