13 jul. 2014

agradeces a tus fantasmas una vida apasionada, sostenida por versos, por el aire que respiras, la ropa que te pones y te quitas ante la pantalla del ordenador

LAS ARRUGAS DEL CIELO

 

Cuánto fastidia

que alguien diga que existes tan sólo en tus poemas, aunque después de pensarlo bien,

 

agradeces a tus fantasmas

una vida apasionada, sostenida por versos, por el aire que respiras, la ropa que te pones y te quitas ante la pantalla del ordenador

 

y escribes

junto a un rumor vacío de ascensor y el murmullo del piano del vecino.

 

Recuerda esos años

que tu mente fue el reino de las dudas, de la prisa por llegar al Monte Parnaso,

 

sumergida en tu voz de caracola

y te gustaba el bosque como un color al que el cuerpo se entrega como verde y continua esperanza.

 

¡Escribe!

 

En tus frases cortas

nada existe desde que te secuestran los veranos y el futbol arrastra masas con más pasión que una encendida religión.

 

¡Describe!

 

Describe el cielo arrugado

descansando en la hierba del parque, describe bajo las notas del piano de Arvo Pärt el peso de su larga cabellera de nubes;

 

cómo tu cazadora adolescente brilla más,

envejecida, reflejando los pocos hilos de luz que logran atravesar el aire pintado de gris oscuro.

 

¡Escribe!

 

Cuéntanos cómo se llenan

de humo los síes en la boca, cómo los abrazos matan el malhumor,

 

cómo la vida trepa por los árboles

y los ascensores, cómo invade geografías que creían ser, por arrugadas, inhóspitas.


                                                          Johann R. Bach

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