1 jun. 2016

¿Quebradiza… tu piel? ¿Punzada… doblemente la herida?


COMO TITANIO ADHERIDO AL HUESO

Como titanio adherido al hueso ves tus propias manos que ya no pueden calentar ni el bolígrafo. La tristeza gana terreno a tu soledad.

Suspiras al mirar las semillas de caléndulas –que ya no plantarás- sobre el papel de periódico en el que estaban envueltas. Te hubiera bastado con que te necesitaran para germinar.

¿Por qué crees que Calíope, musa de carne y verso, torció bajo la cruz los ojos abandonando su memoria portadora de albaricoques? ¿Por qué ocultando su rostro no quiso bajar hasta la arena de su playa, hasta tu copa? Un adjetivo buscas inútilmente, efecto de un calor cuya ausencia produce el mayor frío.

¿Quebradiza… tu piel?
¿Punzada… doblemente la herida?

Cometiste el error de siempre:
el sí en los intersticios del no, el ignorar que Él no puede estallar entre las junturas del sí.

Sólo el silencio puede atenuar el dolor
mientras no vuelvan a germinar las caléndulas y rían extendidas al sol, una vez hayan pasado los nubarrones.

                                                                Johann R. Bach


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