4 jun. 2016

Los hijos de Cejasblancas creen que le irá bien su “traslado” a la habitación de la azotea,


CEJASBLANCAS

Cejasblancas ha regresado de un viaje a Egipto.
Considerado inicialmente por él mismo como placentero ha significado un cambio drástico en su vida.

Sus hijos lo han confinado
en la parte alta de la casa donde sólo respira libertad al salir a la terraza -un espacio de nueve metros cuadrados entre buganvillas, helechos y geranios- porque han descubierto su vuelo arrítmico en la copa de las palmeras, porque sus pupilas aún distinguen los colores y porque les dijo que no quería vivir como ellos viven.

El error de Cejasblancas
ha consistido en preguntar a sus hijos algo inusual: ¿Creéis que todo debe ser cálido y girar con precisión? "No espero –les ha dicho- siquiera que me escuchéis pues mi canto desafina y mis ojos se congelan al mirar vuestro pulso de hombres exactos. La vida no debería consistir en vestir lo que aún queda de luz en el mundo".

He tenido –en mi calidad de escritora metafísica-
el privilegio de hablar con Cejasblancas y he visto su rostro enigmático. Me ha explicado en pocas palabras que desde hace algún tiempo escucha un galopar de caballos. "Su galope de cereza –me ha afirmado- en la pradera de mi circunvolución del hipocampo me ata para golpearme los pies".

Su mirada –me ha parecido-
encuentra una espiral de momentos hechos de las risas de sus familiares jueces que se enojan porque infravaloran su dolor porque no reacciona dicen a los mensajes de la televisión.

Los hijos de Cejasblancas creen
que le irá bien su "traslado" a la habitación de la azotea, que allí encontrará la calma. ¿cómo encontrarla en una habitación de 2,30 m. X 2,30 m?  Encerrad a un colibrí en una jaula y veréis como a los dos días muere y hasta el último instante agita las alas.

Certifico –a la vista de los hechos-
que sus manos comienzan a arañar su vientre cóncavo buscando introducirse en su propio cuerpo para desaparecer como desaparece el sol. A Cejasblancas no le ha gustado observar desde la terraza cómo la ciudad se está comiendo todos los corazones.

                                                                                      Johann R. Bach

2 comentarios:

  1. Rosalva M P
    20:44 (fa 5 minuts)

    Triste realidad de Cejablanca...Gracias

    ResponderEliminar
  2. Griselda Corni Fino
    13:11

    Precioso. El triste final no sin rebeldia de un colibri

    ResponderEliminar