2 may. 2016

París era, en sí mismo, una realidad que parecía someterse al mito del eterno retorno


PORT VENDRÉS

Envuelta en frío
caminé ayer por la playa, los árboles del paseo marítimo y los mástiles del puerto temblaban con el viento.

Hubo momentos
en que tuve que caminar de espaldas al viento y me guiaba en medio de la desnudez hacia la añoranza cerca del fuego.

Desde la ventana del hotel vi,
al otro lado de la calle, unos hombres agazapados detrás de un camión, como fabulosas estatuas, sin lucha, inmóviles, como árboles abatidos por el viento y por el fuego.

Siempre ha sido así en Port Vendrés.

Está lejos de mí
toda fragancia de naranjales en fruto, pero nada temo a la noche, ni al viento.

El sueño, junto a Cassia,
esconde una nostalgia desgarradora; sólo su compañía me libra al amanecer, de un alba engañosa de fríos y oscuros pensamientos.

Cuando me despierto
alargo mi mano hasta tocar la suya.

Siempre ha sido así en Port Vendrés.
…………………  ………………….   ……………………   …………………….  

París era, en sí mismo,
una realidad que parecía someterse al mito del eterno retorno como la necesidad de un baño esa necesidad de volver al agua, al lugar de donde hemos partido.

Fuéramos donde fuéramos,
al final siempre volvíamos a Paris, siempre al número 13 del Boulevard Raspail, siempre a la casa de huéspedes de Clementine, siempre a aquellas habitaciones rojizas para tener un sitio del que partir de nuevo.

Para aquellos que se obsesionen o simplemente se pregunten quién fue Raspail les diré que yo me topé con ese nombre mientras leía un libro sobre ecuaciones cuánticas. Raspail, joven revolucionario implantó la teoría celular en biología. Además del Boulevard Raspail, su nombre se encuentra en multitud de ciudades, entre las cuales no podía faltar una plaza en el contestatario barrio de Gracia en Barcelona.

La misma casa, sin embargo, no sería la misma sin aquella dulce dama, a veces callada, a veces parlanchina sobre cosas que no tenían nada que ver con la conversación: eran viejos recuerdos, deformados por la lógica de la nostalgia y del sueño, tan rotundos y coherentes que bien podrían ser poemas ensartados como perlas en fino hilo de platino del silencio.


Sus ojos se abrían de par en par como si hubieran descubierto un misterio y en ellos brillaban las lucecitas de las velas que, después de pasarse el fuego unas a otras, adornaban la mesa todas las noches.

                                                                                    Johann R. Bach

1 comentario:

  1. XANA GARCÍA
    19:08 (fa 46 minuts)

    "La misma casa, sin embargo, no sería la misma sin aquella dulce dama, a veces callada, a veces parlanchina sobre cosas que no tenían nada que ver con la conversación: eran viejos recuerdos, deformados por la lógica de la nostalgia y del sueño, tan rotundos y coherentes que bien podrían ser poemas ensartados como perlas en fino hilo de platino del silencio.

    Sus ojos se abrían de par en par como si hubieran descubierto un misterio y en ellos brillaban las lucecitas de las velas que, después de pasarse el fuego unas a otras, adornaban la mesa todas las noches."ESTO ES LO QUE ME FALTABA Y COPIE -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Clementine sin miedo ,el frío,la terrible nostalgia,la necesidad de la mano de Cassia para no amanecer entre oscuros pensamientos,pero sin miedo. La casa del Boulevard Raspail,(el lugar para partir de nuevo)ahora no será la misma sin ella después de descubrir el misterio de sus ojos.Triste,pero lleno de emocionante luz como la que adorna la mesa todas las noches,su recuerdo.
    _La Plaza de Raspail en Barcelona es muy,muy ,"gipsy";)))

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