2 abr. 2016

Por el chapoteo en el agua de la bañera y por sus risas deduje que estarían en el baño, como niños,


EL ALMA DE CERVANTES EN EL AIRE


Cuando regresó Emilia de su viaje a Grecia
no vino como de costumbre, de vacío, solitaria y taciturna, sino sonriente, alegre y tras de sí un joven  llevando sus maletas. Aquel hercúleo mozo una figura masculina que, de quedarse quieto, sería fácil confundirlo con una estatua de un museo griego, al dejar el equipaje  en el comedor no sólo no se fue sino que entre besos y abrazos empezó a desnudarse y se metió en el cuarto de baño con la escritora.

Por el chapoteo en el agua de la bañera
y por sus risas deduje que estarían en el baño, como niños, un par de horas por lo menos. Así que me deslicé por uno de mis hilos hacia el bolso de Emilia. Por suerte estaba abierto. Estiré fuertemente de su cuaderno el cual, al caer sobre la mesa se abrió misteriosamente justo por la página que más me interesaba en aquel momento:

"Cuando en 2.004
–había escrito nuestra maravillosa escritora- se inauguró el puente de peaje de casi tres kilómetros de longitud que une el Peloponeso, con el resto de Europa, esa península perdió su "carácter isleño" para ser un eslabón más en la larga cadena viaria que acorta las distancias entre el pensamiento de Oriente y el de Occidente.

Mientras lo atravesamos,
cogidos de la mano Hector y yo, pensé, como contraste, que fue precisamente a la entrada del golfo de Corinto, en las aguas que ahora quedan bajo el puente, donde cristianos y turcos libraron el 7 de octubre de 1.571 la batalla de Lepanto, un enfrentamiento decisivo que frenó -por segunda vez- la expansión de los otomanos por el Mediterráneo y que fue calificado por Cervantes, que participó como soldado, como "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, ni esperan los venideros". No estaba yo tan segura de esa afirmación al leer los acontecimientos actuales sobre los refugiados sirios e iraquíes.

Hoy nada hace pensar que hace más de 400 años
estas aguas fueron el escenario de una batalla histórica entre las galeras españolas y las del Señor de Argel, a las órdenes del turco Selim II, sucesor de Suleimán el Magnífico. Es más, ni siquiera el nombre de Lepanto se mantiene, ya que la población que entonces dominaba Venecia se llama hoy Naupacto, nombre que viene de la palabra atarazana en griego.

Naupacto, en la costa norte del canal de Corinto,
es hoy un pueblo tranquilo, dominado por una fortaleza veneciana, que acoge buena parte del año un turismo llegado del norte de Europa, partidario de tumbarse en la playa y de prolongar la sobremesa en los restaurantes del sombreado paseo marítimo. Hector y yo nos introducimos en ese rio de turistas y pasamos "olímpicamente" de ir a la Oficina de Turismo donde aún se da información a algún excéntrico sobre la batalla del Lepanto histórico. En aquellos momentos nuestra sed no era de conocimientos, era una sed de amor, de besos y abrazos acumulada durante un tiempo demasiado largo.

                                                                       Johann R. Bach 

3 comentarios:

  1. XANA GARCÍA
    23:20 (fa 8 minuts)

    No creo que el puente de peaje acortase distancias entre el pensamiento Oriente y Occidente,dudo mucho al igual que Emilia, que la frase del gran escritor Cervantes sea hoy lapidaria tal y como todo está sucediendo y seguirá.Es mucho mejor chapotear como niños en una bañera que visionar las aguas sangrientas de las galeras,y pasar de excentricidades,también el amor es conocimiento,el agua más poderosa de la paz y la alegría

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  2. Rosalva M P
    21:34

    Interesante...Gracias

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  3. COMENTARIO DE PATRICIA

    Me encanta saber que en algún momento de su vida, Emilia es feliz y llena de amor por alguien... y que disfrutase de su viaje de vuelta.

    PD. Aquí existe una calle Lepanto. No está tan olvidado su nombre

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