30 mar. 2016

Es el mercurio que corre por mis venas el responsable de que no soporte el calor ni el frío.


EL MAR DE LOS HIELOS

Ante la oleada de calor de este verano
solo se me ocurre, para refrescarme, pensar en el viaje que hice al Mar de los Hielos.

Cierro los ojos y… recuerdo:
Me senté junto a la estatua, apoyé la cara en las manos. El bronce goteaba por mi coronilla, cubría mis mejillas, mi nariz y mis labios, se escurría por mi cuello y mis hombros.

Me cubría por completo
con la costra de la soledad y de la inmortalidad. Sentía el frío corazón de la imagen femenina de la estatua y poco a poco me iba quedando allí, glaseada por una gloria extraña de escritora rebelde, hasta que, al contacto con la armadura de bronce endurecida, mi carne se transformó en una amazona de platino.

Cuando abrí los ojos
comprendí cuan dura podía ser la vida junto al Mar de los Hielos, un mar en el que -parafraseando a Heródoto- tupida plumas de ganso caían del cielo sin cesar, de tal manera que todo era blanco en un parque siniestro.

Es el mercurio que corre por mis venas
el responsable de que no soporte el calor ni el frío.

Son los mares
–todos contaminados- los que, a pesar de todo, dulcifican el aire que respiro y no puedo pensar en otra cosa que no sea agradecer esa salinidad que constantemente inyecta sodio y vida en mi corazón.

Me desperezo y comienzo a vestirme
pues el sudor ya se ha evaporado de la superficie de mi piel.

                                                                          Johann R. Bach

1 comentario:

  1. XANA GARCÍA
    22:14 (fa 1 hora)

    A pesar de la contaminación de los mares,los prefiere al mortal alud del frío en soledad y la aridez pegajosa del calor,ellos dulcifican y dan vida a sus venas de mercurio.A la mar,a la mar!!**!!

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