1 abr. 2016

Me alegró ver que mi acompañante quería seguir a mi lado.


GRECIA COMO DECORADO DE FONDO

Durante el desayuno estuve mirando por el rabillo del ojo a Hector un joven de unos veintiocho años cuya juventud resaltaba entre todos los que estábamos en el hotel. Me preguntaba qué podía haberle impulsado a una persona de sus años a aquel rincón del mundo.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando le vi subir al autobús que nos iba a llevar de excursión a Olimpia, pero cuando noté un leve cosquilleo en mi vientre fue al ver que se sentaba junto a mí. Y cuando me dio los buenos días mientras se acomodaba junto a mí sentí como se encendían mis mejillas. Creo que en aquellos momentos me olvidé de las canas de mis sienes.

Sin saber por qué le pregunté si ya había estado antes en aquel lugar sagrado de La Antigüedad. Y mientras me miraba sorprendido y sin atinar a contestar me excusé: "es que es usted tan joven…". Sí, es mi primer viaje a estas tierras –contestó escuetamente. El haber estado cinco veces en Olimpia me autorizaba a expresar mis ideas sobre el Fabuloso Mundo de los Dioses Griegos. Así que entusiasmada de ver que alguien estaba dispuesto a escucharme me lancé a uno de aquellos monólogos que tanto me gustaba largarles a mis pobrecitos alumnos:

"La dispersión es tan grande en Olimpia –comencé a decir al tiempo que me cercioraba por su expresión que aceptaba mis explicaciones- que lo mejor que puede hacer el visitante es hacerse con un buen mapa del recinto. Mire, como este por ejemplo. Sólo así, sabiendo cómo era en el pasado el santuario, se puede reconocer entre las ruinas de Zeus y de Hera, el Gimnasio, la Palestra, las Termas, el Estadio… De este último aún impresionan el arco de entrada y las pistas de atletismo; las gradas han desaparecido, pero no cuesta imaginar una multitud enardecida, muy cerca de donde, con ayuda de un espejo parabólico que refleja la luz del sol, se enciende cada cuatro años la antorcha de los Juegos Olímpicos modernos de la Antigua Grecia…"

Me detuve para tomar aliento, pero aquel joven que aún no me había dicho su nombre excitó aún más mi delicado espíritu con su "siga, siga… encuentro muy interesante todo eso que me dice pues estoy haciendo una tesina sobre el Mundo Griego Antiguo. Eché un trago de agua del botellín que llevaba en el bolso y tomé aire profundamente antes de reanudar el relato.

"Del templo de Zeus, del siglo V a.C., sólo las bases de las columnas permiten hacerse una idea de cómo era, del mismo tamaño que el Partenón. Muy cerca –ya lo veremos al llegar-, caídas como un castillo de cartas, algunas columnas parece que aún esperen la llegada de arqueólogos modernos para completar el puzzle.

El autobús se detuvo y bajamos todos. Me alegró ver que mi acompañante quería seguir a mi lado.

"En el centro del templo había una escultura de Zeus, esculpida por Fidias hacia 430 a.C. -gritaba el guía. Medía 12 metros y representaba, tallado en perfil, al dios sentado en un trono de madera de cedro con incrustaciones de marfil y piedras preciosas. En la mano derecha tenía una estatua de Niké, la diosa de la victoria, y en la izquierda un cetro coronado por una águila".

Empecé a perder la cabeza cuando tomándome de la mano Hector me arrastraba literalmente detrás del guía de forma que sus explicaciones las oía ya lejanas.

"La estatua –continuaba incansable el guía-, de una altura parecida a la de Atenea que había en el Partenón, era tan bella que figuraba entre las siete maravillas del mundo. En 394, después de estar 800 años en Olimpia, fue trasladada a Constantinopla. Allí se perdió su rastro, pero se cree que fue destruida por un incendio. De todos modos, gracias a las monedas antiguas y a las descripciones de Pausanias –aseguró el guía-, podemos saber cómo era".

El resto de aquella explicación ya no llegaba a mis oídos. Cogida de la mano de Hector cómo si fuera un dios griego auténtico miraba toda aquella cantidad de fragmentos de mármol –columnas, capiteles, metopas, esculturas… - que se acumulaban entre pinos y cipreses a la espera de ser catalogados. Mientras los miraba, no pude evitar la sensación de que era como si estuviera contemplando, entre beso y beso, la historia desmenuzada.

                                                                                     Johann R. Bach

5 comentarios:

  1. Griselda Corni Fino
    Ahir a les 22:50

    Quizas si era un dios griego que sabia lo sabia que era y quiso reconocerselo ,

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  2. XANA GARCÍA
    22:38 (fa 48 minuts)

    "Mientras me miraba era como si estuviera contemplando...la historia desmenuzada"Es un hermoso relato ,cinco veces en Olimpia y esta vez Emilia se siente la protagonista ante la admiraciòn de Hector por su sabiduría de mundo griego,no le aburría como a sus alumnos.Que siguiese a su lado todo el recorrido y que Héctor ,cogida de la mano de él lejos de la letanía de la guía,Emilia se adentrò en la antigua ciudad reconstruyendo la historia como una diosa,con su dios,beso a beso ,desmenuzándola

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    1. es un sueño a punto de convertirse realidad.La apariencia física ha cambiado , pero la mente de la mujer madura sigue ávida de emociones y nuevos amores.Que mayor placer existe<<<<, hablar con un joven en un lugar de la Grecia clásica, enseñando, y se correspondida con besos, envuelta en nubes de satisfacción,Realidad o ficción,Calderon sigue vigente.Buen relato.Julio.

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    2. Recogido el comentario de xana como respuesta al tuyo Julio.

      Hola Joan,me hizo gracia el comentario de Julio sobre mi comentario de" Grecia como decorado de fondo" que mira que me gustó y lo mal que lo expresé Me dieron ganas de replicarle a eso de que aún es un sueño...y que las mujeres maduras buscan emociones fuertes de amor jajaj, y los hombres qué? Emociones sexuales con jovencitas para reafirmar su sexualidad justificadas por la sociedad y los que se van con ellos es por posición social o pasta ,salvo excepciones.A mi nunca me llamaron la atención los chicos jóvenes en este aspecto ,pero reivindico que las mujeres hagan lo que les pida el cuerpo sea por sexo o amor.

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  3. COMENTARIO DE PATRICIA

    Qué bello lugar descrito por tus finas patitas Doña Araña. Lo siento por Emilia por no disfrutarlo, aunque puesta en el lugar de ella también disfrutaría de otro paisaje más interesante en ese momento.

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