21 jun. 2014

los hielos rotos en la cabeza del país repican del cielo los gloriosos reflejos

LAMENTO AUSTRAL

 

Lindas flores tenías para complacerte,

te reías con la generosa tierra ante su riqueza del austral tesoro veraniego:

 

¿dónde están ahora,

en este mayo, tus flores y tus risas?

Pétalos y cadenciosas risotadas, cada una en moribunda caída, se han marchitado al ver cómo,

 

desafiando las cumbres geodésicas,

 

el pájaro se aplasta entre capas de aire,

va de crisis en crisis hacia los espumosos torrentes de crines y desazones mientras allá arriba

 

los hielos rotos en la cabeza del país

repican del cielo los gloriosos reflejos. Montañas lisas y musculosas en las que se encabritan las voces,

 

montañas cubiertas con floras de infinito

como las del cólquico, montañas repeinadas, laceradas y con recias grietas;

 

el cordón de las laderas en pendiente

abrocha el corsé de valle mientras los clamores martillean las sentinas del ser y

 

sembrado de pedrerías el lagarto arenoso

arrastra la huella de su paso, desbroza el hielo atestado de crustáceos fósiles que

 

recorridos desde hace ya muchos años

por las guadañas van desprendiéndose arrastrados por las aguas torrenciales.

 

Así también tus risas

se han marchitado sin vida y después nada; cuando en realidad lo fueron todo.

                                                           Johann R. Bach

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