20 jun. 2014

La locura es la música de mi silencio, mi cuerpo abrazando el suelo como si fuera tu cuerpo

ENTRE CENTINELAS DEL DESIERTO

 

Pedí permiso a mis secuestradores

para enviar a mi prima un poema como muestra de que estaba viva y que mi esperanza en volver a ver mi mar también lo estaba.

 

Al escribirlo puse –creo-

la primera piedra en esa torre con la que los poetas del mundo libre tratan de alcanzar

 

altura suficiente para tocar el cielo.

 

Pensé en cómo expresar lo que sentía

para que tú supieras que el poema era auténtico que no era una treta de mis captores (en caso de que ellos cumplieran sus promesas).

 

Debía decirte cómo había grabado

en mi mente alguna escena vivida y que sólo tú podrías reconocer la misma que me salvaba de 

 

esa misma locura

en la que me veía atrapada:

 

"Locura, mi amor,

es perder el sentido del tiempo

 

es una rosa

sin destino ni dueño, es la lluvia inundando el desierto,

 

es volar sin alas ni cielo.

 

Locura amado mío,

es contar hasta un millón con los dedos,

 

es soñar despierta

un sueño que forzosamente has de vivir pero no sabes cuándo el envés de la muerte…

 

Es idear un mundo sin miedo.

Es en fin, la locura, la reina perdida en su reino.

 

Locura puedo ser yo

riendo en mi encierro sometida a una dieta de adelgazamiento y aun retiro espiritual jamás esperado.

 

La locura es –ahora estoy convencida-

la música de mi silencio, mi cuerpo abrazando el suelo como si fuera tu cuerpo

 

con mi corazón roto

latiendo mientras mi lengua hurga entre tus labios.

 

                                                        Johann R. Bach

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