14 ene. 2014

¿Qué te impide, a ti Patricia, recoger la llamada de un humilde escritor...?



SEGUNDA CARTA ABIERTA A PATRICIA



Hola Patricia



Casi se me para el corazón al abrir el correo y encontrar un mensaje que saltando de un mar a otro y cargado de bellas partículas, me anima a seguir escribiendo.



Ya sé que el mensaje está dirigido a mí en exclusiva, pero me ha gustado tanto que no me queda más remedio que mostrarlo a todos los amigos de Google para que vean cuánto eres capaz de decir con tan pocas palabras:



"Eso eres: locura, amor, paciencia, delicadeza, sintonía, literatura, jazz… Puro jazz en vena".

                                                                             Patricia



En otro orden de cosas y respondiendo a tu pregunta sobre el contenido de mi novela "Las Puertas del Monasterio" te diré que es una historia de una monja que abandona los hábitos y se tiene que enfrentar a una nueva vida, partiendo de casi cero.



La protagonista explica en primera persona sus esfuerzos para adaptarse a mundo tecnológico (ignora lo que es un teléfono móvil), sin oficio ninguno se ve obligada a trabajar como mujer de la limpieza o como pinche en un restaurant.



Sin familia, ni amigos su vida se presenta dura hasta que conoce a alguien que reconoce en su voz y su educación en el canto y le hará ver el mundo de otra manera aunque realmente reconoce que el mundo es básicamente igual en cualquier lugar que te sitúes (dentro o fuera de las puertas del monasterio), como un principio de la mecánica cuántica.



Es un relato narrado en primera persona del femenino (al estilo de "Yo, Marta Guillamon y los Hombres de mi Vida") que, a mi parecer, resulta idóneo para manifestar los procesos psicológicos y las pulsiones de los personajes protagonistas (todas mujeres de un coro).



Probablemente haya salido de mi cabeza por las influencias que sobre mí proyectó la literatura de Dostoyeuski aunque sostengamos que "Crimen y Castigo" jamás podría haber sido concebida fuera de Rusia, y mucho menos por un autor mediterráneo.



En "Las Puertas del Monasterio" también se trata, aunque sólo sea de pasada, la pulsión sexual en sus diferentes variantes buscando recrear la complejidad del universo femenino de las últimas décadas del siglo pasado en la Europa Central.



El uso de la primera persona al que he aludido le permite vincular estados emocionales, cotidianidad y realidad histórica: elabora un atlas de los usos de la mujer europea, a veces crudos, sensibles en otros casos con represión, y contextualiza el resultado en el periodo convulso de la mujer entre los cuarenta y los sesenta años.



A veces en tus mensajes te quejas de sufrimientos propios y/o ajenos vividos en el hospital y yo, a menudo callo… La vida es, sí, amor y un tiempo para el entusiasmo alegre de todos los brotes de los secretos de la existencia, pero, en muchos casos,



también es cuchillo y grieta:



rasga los estados de ánimo,

separa a las familias, trunca la suerte de jóvenes promesas, expulsa de sus puestos de trabajo a millones de trabajadores y discrimina a la mujer.



En ese contexto,

al igual que tú Patricia,



la mujer extravía su luz

en el sacrificio de la reprobación social mientras la sombra de la vergüenza da alcance a cada una de sus reacciones y perturba la ensoñación.



La vergüenza, sí:



La palabra se repite incesantemente

a lo largo de la páginas -que voy escribiendo día a día en escritos no siempre comprendidos- desdoblándose como un ser monstruoso expuesto a un juego de espejos (lee mi poema "Los espejos de Geogina").



La vergüenza lo envenena todo:



la pobreza, el cuerpo, la bondad,

la belleza, la coquetería, el amor.



Una trinchera de omisión

resguarda el palacio de la mujer, erigido con su dolor y culpabilidad. No sólo las críticas, la enfermedad y los defectos son motivo de turbación; también los halagos, las virtudes, las aptitudes, la capacidad de superación.



Toda aquella peculiaridad, en suma,

que revela identidad, diferencia.



Debido al temor a murmuraciones y calumnias,

el tormento femenino se encuentra con frecuencia abocado a la más estanca intimidad, a la incomprensión y a la soledad.



La conservación de las apariencias

adquiere suma importancia y convierte la vida de muchas mujeres en terreno intransitable.



¿Qué te impide, a ti Patricia, recoger la llamada

de un humilde escritor que habita en otro mar en presencia de tu esposo y decirle cómo estás amor?



De esas y no otras cosas trata la novela

"Las Puertas del Monasterio".



Releo lo escrito hasta aquí y para no aburrirte más me despido de ti con el mejor de mis besos.

                             

                                        Barcelona a 14 de enero de 2014

                                                             Johann R. Bach

                                               

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