20 dic. 2013

Por la terraza blanqueada movió los pies... cortando cortinas de niebla dijo: "soy Marta"

LA FUERZA DEL DESEO

 

La única vez que vi enferma a Marta Guillamon

fue durante la gran nevada del 62. Mi madre me dijo que fuera a su casa a ayudarle a quitar la nieve de la terraza.

 

Cuando me abrió la puerta

me llegó hasta mí un tufo como de manzanas al horno. Pálida como nunca la había visto, llevaba arremolinada al cuello una bufanda roja.

 

Me dio una pala enorme y comencé la labor.

 

Sorprendentemente,

haciendo caso omiso de las recomendaciones del médico y a pesar de la fiebre (o a causa de la fiebre misma) salió a la terraza y

 

entonces dijo: "soy Marta"

y el viento le azotó la garganta animando los sonidos de su voz. Escuché como el viento helado se le subía a la cabeza cuando aún no eran las once de la mañana.

 

Volviendo su cara, Paseo Maragall abajo,

como si se volviera hacia el mar y dijo: "soy Marta" pero ninguna ola le devolvió el eco.

 

Las palabras se consumían

en su garganta como la espuma saltando sobre el oleaje perdiéndose mar adentro.

 

Por la terraza blanqueada movió los pies

y dando la espalda al viento que descendía desde la Serra de Collserola, cortando cortinas de niebla dijo: "soy Marta".

 

"Así como una palabra –insistía-

demasiado repetida se despega del ser yo Marta salgo a la mañana como una racha de fina nieve y me paseo por esta terraza

 

como la diosa Artemisa por los Campos Eliseos,

y el hielo entre los dedos de mis pies se aferra como la sal de los mares.

 

Sentí profunda pena por ella,

la conduje suavemente al interior del salón-comedor y agobiado pedí con fuerza el deseo a las estrellas ocultas de aquella mañana de que no se muriera.

 

Con el calor del interior del ático,

el color subió tímidamente a sus mejillas, se acurrucó en el viejo sofá de pana verde y se cubrió con una manta.

 

Una leve sonrisa apareció en sus labios

y un pequeño suspiro surgió entre sus dientes como aire que se cuela por el quicio de la puerta.

 

Marta parecía recuperarse.

Era el día Navidad de 1962.

 

                                                                     Johann R. Bach

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