20 may. 2013

Sabéis que no puedo ofrecer mucho,

A VOSOTRAS LAS CONSTELACIONES

 

Sí, sí, a vosotras, viejas amigas de ahí arriba,

constelaciones dotadas de luz propia con miles de años de experiencia os pregunto cómo es que estoy tan sometida a esa poderosa noche que me llama suya.

 

Sabéis que no puedo ofrecer mucho,

tengo poco que perder, sólo una querida felicidad, una sola, como recuerdo de días más ricos: días en que era tan dichosa que no me daba tiempo ni a pensar en la belleza que me rodeaba.

 

Con negros nubarrones, cantaba,

"Beber bajo la lluvia como el oscuro suelo, amar bajo la tormenta con sus mismos gritos".

 

Aquí, viejas amigas,

aquí donde caen las víctimas se hacen desfiles con vestidos de gala y brillantes aceros, resuenan los estampidos de las salvas y la tierra glorifica a los que se fueron.

 

Verdad es que ahora mismo gozo

de una larga tregua de paz, me oculta el sagrado bosque y me cobijan las montañas con sus pinos junto al mar;

 

la sabiduría me canta la vieja canción de cuna,

y teje en torno a la vista su oscuridad protectora; arde en el cielo nublado que truena a lo lejos la llama precursora del dios Cronos.

 

Su tempestad me agita los hombros,

me llama y me presenta al sonriente dios como una presa ligera. Hace tiempo que estoy preparada para ese viaje hacia el Ápex desde que el canto se escapó de los labios de los mortales, alentando paz y confortaba nuestra música, útil en la pena y en la alegría.

 

Mientras tanto llega ese momento de la partida,

nuestro abuelo el dios del sol se conduce de forma que concede el día alegre a pobres y ricos y nos mantiene en pie como niños sujetos con andadores de oro.

 

Así que viejas amigas de ahí arriba:

cuándo vosotras queráis.

                                                                                     Johann R. Bach

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