4 sept. 2012

CADA EDAD MIDE EL TIEMPO DE FORMA DISTINTA. ( www.homeo-psycho.de )

                EL ACOSO DEL TIEMPO

 

El tiempo tiene hambre de ti

-lo sabes bien-  quiere consumirte

y vaciarte de todo cuanto puedas tener

de valioso: envidia tu cuerpo,

la materia donde tiene asiento

 

el recuerdo que te permite ir y venir

 

por las calles de los años con secreta libertad.

Eso te obliga a vivir con disimulo,

perdida entre la multitud. a un palmo de ella,

evitando que el tiempo te advierta,

para que pase de largo y sin embargo se deje ver

 

ante ti: sus testigos, sus observadores, sus escribas.

 

Aunque nadie te haya confirmado en tu puesto, y

precisamente porque nadie lo ha hecho.

En la multitud del mercado todos se enzarzan

en una batalla de futuros subjuntivos

-por si hubiere lugar…- mientras que en tu mundo

 

surge una necesidad, al modo oriental,

 

de hallar consuelo en los detalles más nimios

acaso sean ellos los únicos

que permanecen incontaminados,

sin expandirse, a lo largo del tiempo.

Observas que alguien se aferra

 

a lo inútil y encuentra consuelo.

 

Pero también: la utilidad es adictiva;

muchas cosas están a tu alcance

y sin embargo pudieran ahogarte

de asirte a ellas. Sigue nadando

entre los restos del naufragio pues

 

tu tabla de náufrago aún está por llegar.

 

Los que ahora buscan tu afecto

tienen que abrirse paso sin piedad

entre acumulaciones de materia inerte,

entre trizas de alimentos fermentados

de aves y mamíferos abandonados,

 

ir directamente al hueso, la médula.

                                              Elisa R. Bach

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