7 mar. 2016

Era la voz de un mundo que ya no existía más que en mi memoria.


ANTES DEL PARTO de Emilia

No siempre estuve sola. Hubo un tiempo en que yo, Emilia Quarat una escritora ya consumada estaba contenta con la vida que me había tocado en suerte y mi marido me colmaba de atenciones; las obligaciones naturales de nuestra casa llenaban mucho espacio y tiempo en mi vida. Mi hermana no se cansaba de repetir que no debía dedicar tanto tiempo a la limpieza, pero si quieres tener un chalet con piscina y jardín para hacer cenas al aire libre, conversar con "amigos" hasta el amanecer no queda más remedio que trabajar duro. En una cosa tenía razón mi hermana: ¿Para qué todo eso? ¿Para qué tu marido pueda ostentar?

Poco a poco mi marido se fue distanciando de mí. Al principio lo atribuí a que no teníamos hijos, pero más tarde me enteré por casualidad que tenía una amiga que debía exigirle más y más espacio para ella y menos para mí. Pero eso no me molestó mucho. Llegaron por correo unos análisis clínicos cuyo contenido y su causa yo no entendí. Le llevé los papeles a mi prima Mónica. Resultaron ser la prueba de la incapacidad de mi marido para tener hijos. Si en aquel momento me pinchan no hubiera salido ni una gota de sangre.

A partir de aquel día noté que el olor del sudor de mi marido me daba náuseas y por suerte no me molestaba más que de vez en cuando. Incluso después de abandonar a su amiga por ser demasiado exigente logré que durmiéramos en camas separadas con la excusa que era mejor para descansar.

El día que cumplí cuarenta y cinco años invité a mi hermana y su marido, a Monica y su compañero de turno porque los hombres le duraban muy poco. También estaba mi madre, cuatro amigas de la infancia con sus respectivos maridos e hijos y por parte de mi marido acudieron unos veinte "amigotes" porque por lo visto era una fiesta como las anteriores: un velada más para su ostentación. Me sentí como una ama de llaves que no cobra. De repente a mitad de la cena decidí irme de casa.

Al día siguiente, con toda tranquilidad hice una maleta con lo imprescindible, le pedí prestado dinero a Mónica. Desaparecí de aquel mundo. Viajé con el primero que encontraba en mi camino. Sólo miraba que tuviera algo de dinero y que estuviera dispuesto a viajar.

Tuve momentos que hasta me divertía. No obstante las emociones se fueran amontonando en mi cerebro, había ya intuido que mi despedida de los hombres no sería tal y como soñé: algo me lo impedía: una conciencia exacerbada me alejaba por momentos de lo inalcanzable para un ser humano… Los hombres acabaron rehuyendo mis proposiciones. Busqué amigas que resultaron ser peor que los hombres.

¡Fue en esos momentos…! Hasta mí llegaron las notas de una música que volaba desnuda en una brisa no definitiva: ¡Esa era la voz…..! ¡La oía realmente! ¡La que tantas veces lograra descifrar a las noches de invierno, confiadas en su oscuridad!. Era la voz de un mundo que ya no existía más que en mi memoria.

Imperceptiblemente mi humor cambiaba, iba ganando notas cada vez más desafinadas. La presión de los cielos en días grises era agobiante y el resplandor conocido del amanecer estaba cegando la miope mirada que únicamente podía esbozar. Mis ojos estaban irritados enormemente como mi conciencia vigilante: el cerebro se resistiría a aceptar el choque inevitable con el azul deseado. ¡Tenía que disolverse pronto en el viento escondido tras las casas de cualquier paisaje!

Por momentos, todo fueron certezas de mi hundimiento irremediable en la dimensión de la que intentara huir durante los últimos diez años. ¡Mi destino estaba suspendido en las horas, el atavismo de mi herencia me impelía a hundir sus amputadas raíces en suelos ya hollados de los que nunca podría brotar ya verde, por lo que necesité de mucho valor para sustraerme a la ayuda de los últimos familiares y conocidos y aprovechando el choque dedos estratos todavía semidormidos, impactó con fuerza en mi popa, quedando desgajado de su existencia corporal…

Releo lo escrito. No entiendo nada.
¿Me estoy volviendo loca?

He bebido demasiado. Estoy borracha y a punto de parir.  Todo es silencio en este mediodía. ¡Uy! Eso suena a poema. Voy a ver qué tal bailan las letras hoy.

                                                                    Johann R. Bach

1 comentario:

  1. Una huida de todo, todos y de una misma...
    Tanto que las últimas palabras son un cúmulo de sentimientos desgarradores y revueltos cuya impresión es de caida abismal.
    Me has tenido en vilo

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