7 feb. 2014

El desastre del Katrina no estaba previsto como final;

UN FINAL PARA CADA POEMA

 

Sí. Todo eran risas

cuando en broma decíamos que lo más importante en la vida era emitir juicios “a priori” sobre todas las cosas.

 

En momentos

en que el comunismo volvía a recorrer Europa y Asia disfrutábamos recordando a aquellos que filosofaban en la Facultad que las masas estaban equivocadas y que los individuos siempre tenían razón.

 

“Hay que abstenerse –les decíamos-

de deducir normas de conducta al respecto, pues no necesitan ser formuladas para que alguien las siga”. Jajaja

 

“Sólo dos cosas –nos decíamos- son importantes:

el amor, en todas su formas, con chicas bonitas y la música de New Orleans o de Duke Ellington”.

 

“El resto debería desaparecer –reíamos-

pues el resto es feo. Y los pocos años de demostración que siguieron a aquel tiempo cobraron toda su fuerza del hecho de que

 

la historia es enteramente auténtica,

puesto que la habíamos imaginado de cabo a rabo excepto el final.

 

El desastre del Katrina no estaba previsto como final;

como tampoco lo estaba que una apasionante historia de amor terminaría con la devolución –cincuenta años más tarde- de

 

un par de gemelos de oro blanco

como un final inesperado de un poema.
 
                                                           Johann R. Bach

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