28 ene. 2014

Pierre encuentra en ella "algo indefinido" que sustenta su fertilidad emocional

AGNÉS

 

Cuando me presentaron

a todas las integrantes del coro sentí una sensación como de una cena familiar de las que yo acostumbraba a soñar.

 

¡La había esperado durante tanto tiempo!

 

A medida que Simone me iba presentando

intentaba grabar en mi mente cada cara con sus ojos, cada nombre con una vida distinta esperando que yo las leyera como se leen las rayas de la mano.

 

Agnés

 

A la primera en darme la mano mientras me besaba efusivamente le puse el sobrenombre de Ignace a pesar de que su verdadero nombre era Agnés: Sus reacciones eran ambivalentes y paradójicas como pude ir corroborando en sucesivos encuentros: no toleraba el humo de tabaco incluso de los que fumaban en las terrazas o en los portales de las casa.

 

Sin embargo, de vez en cuando se fumaba algún cigarrillo con verdadero placer después de haber cantado. Su carácter caprichoso hacía difícil el trato con ella, pero en el fondo era muy buena persona y siempre estaba dispuesta a colaborar.

 

Agnés, a sus treinta y cinco años, es una muchacha como la flor del azafrán: delicada, airosa y fogosa. Es muy precoz; pasó –según Simone- de la más tierna infancia a una viva actividad sexual; a la menor insinuación por parte de Pierre experimenta una excitación que le produce manchas rojas en el cuello.

 

A Pierre le encanta conquistar,

parsimoniosamente, a las mujeres –sean de la edad que sean, más o menos agraciadas porque encuentra en todas ellas “algo indefinido” que sustenta su fertilidad emocional-, pero en cuanto Agnés se trata, se lanza sobre ella en cuanto ve cómo enrojecen sus mejillas.

 

Según cuenta ella misma, cada vez que ve a Pierre siente algo que se mueve dentro de su vientre, incluso llega a creer que está embarazada de él, aun cuando ella sabe de sobras que eso es imposible.

 

En cuanto se excita sexualmente se transforma en una muchacha histérica y siente deseos de besar a todo el mundo y de su vagina se desprende un olor característico debido a un flujo denso (según mi propia experiencia), viscoso que reclama las caricias universales.

 

 Y es que el Coro no falta de nada.

 

                                                              Johann R. Bach

 

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