28 ene. 2014

aquella vez que le di una calada al puro de mi padre

JUGAR A LAS COSAS

 

Marta Guillamón no sólo inventaba

Historias y cuentos con los que nos encandilaba a todos los niños y niñas y construía sus propios juguetes.

 

Ideaba mil y una maneras

de distraerse –o de jugar, si se prefiere. Un día que tú estabas llorosa porque te habían castigado sin recreo, te cogió de la mano y te dijo de ir a jugar.

 

Antes de comenzar el juego

te hizo prometer que no le contarías a nadie en qué consistía el juego hasta que no fueras muy, muy… muy mayor. Tu curiosidad se disparó como el relámpago que salta de una nube.

 

¡Mira a tu alrededor!

Allí un árbol, en mitad de la calle un charco, en el colmado hay dos señoras que hablan bajo una luz raquítica… Tú puedes convertirte en todo eso; puedes convertirte en cualquier cosa que veas,

 

incluso meterte dentro del humo del tren.

 

Al principio cuesta un poco,

pero luego le irás cogiendo gusto al juego y te divertirás aunque juegues tú sola. Eso se puede hacer con objetos, personas, recuerdos...

 

Marta empezó primero para enseñarte

cómo se empezaba el juego.

 

“Mira esas flores que brotan

junto a la tapia del huerto de la tía Julia. Son un poco salvajes porque crecen al lado de cualquier hierba. Están todas cerradas porque quizá les moleste la luz del día”.

 

¡Métete dentro de una de ellas!

Imagina que estás durmiendo la siesta allí; a cubierto de los molestos insectos esperas a que se ponga el sol para abrirte. Con esas gotitas de agua de lluvia te peinas,

 

Te vistes con tus mejores hojas

porque hoy es fiesta y vas a ir a bailar al entoldado o si lo prefieres, puedes quedarte junto a la tapia escuchando tranquilamente la música.

 

Sólo hace falta que alguien

te ponga un nombre para que otro día recuerdes que aquí jugaste conmigo a “las cosas”

 

Te voy a bautizar con el nombre

deMirabilis jalapa” y se te llamará familiarmente  "dondiego de noche".

 

“y sólo te abrirás cuando se ponga el sol”.

 

Con las plantas y flores

es casi imposible aburrirse. Cuando seas un poco mayor descubrirás que hay lilas tempranas inquietas por ver salir el sol. Son muy amigas del dondiego de día, de las rosas blancas y rojas;

 

muy amigas de los tréboles

rojos y blancos que se arreglan para ver pasar la comitiva de los corderos.

 

Ahora me toca a mí.

A veces el juego no es tan agradable: ¿Ves al hijo de Ambrosio el pescador cómo sube despacio la cuesta? Cierro los ojos y me meto dentro de él:

 

“He bebido mucho vino

y las piernas me flaquean, voy haciendo eses para no caerme, por mi frente pasa un sudor frío, estoy mareada y tengo ganas de vomitar como aquella vez que le dí una calada al puro de mi padre.

 

La vista se me nubla,

necesito aire fresco en la cara y alguien a mi lado como tú que no huya al ver mis debilidades.

 

¡Uy, uy! ¡Qué malo puede ser

eso de emborracharse para evitar la tristeza! Vamos a casa que ya es tarde.

 

¿Jugaremos otro día? Claro que sí.

La próxima vez nos meteremos dentro de la maestra. Yo lo hice una vez cuando estaba con su novio bajo los olivos. Fue divertidísimo.

 

                                                        Johann R. Bach

 

 

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