25 abr. 2013

EL ARREPENTIMIENTO

      EL ARREPENTIMIENTO

 

¡Oh noche!

 

Escalofrío que te deslizas sobre mi piel

como sangre la herida fresca y bajas corriendo su huella oscura, te extiendes en aquellas horas en que los campos se tintan de sombras,

 

momentos en que preparas la floración,

con tu escarcha, de las rosas de todos los jardines, escucha esta súplica;

 

acoge las soledades hechas de años

y de derrotas y ayúdame a expulsar las culpas de mi alma, a sobrevivir, precisamente cuando los sueños caen.

 

¡Oh noche!

 

A menudo me parece oírte decir:

¿Acaso no eras esa? ¡Ay, cómo te olvidabas de mí! ¿Era esa tu imagen? ¿No eran acaso tu pregunta, tu palabra, tu luz celestial, cosas que con tanto orgullo poseías?

 

Estaba ebria de gozos:

mi palabra, mi luz celestial, antaño poseída, está ahora destruida, desperdiciada; y a quien le haya ocurrido como a mí, tiene que olvidarse de sí y mostrarse humildemente ante ti como lo hago yo, porque ya ni toca las viejas horas.

                                                                                            Elisa R. Bach

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