23 abr. 2013

EL ACOSO DEL TIEMPO

            EL ACOSO DEL TIEMPO

 

El tiempo tiene hambre de ti

-lo sabes bien-  quiere consumirte y vaciarte de todo cuanto puedas tener de valioso:

 

envidia tu cuerpo,

la materia donde tiene asiento el recuerdo que te permite ir y venir por las calles de los años con secreta libertad.

 

Eso te obliga

a vivir con disimulo, perdida entre la multitud, a un palmo de ella, evitando que el tiempo te advierta, para que pase de largo y sin embargo se deje ver ante ti:

 

sus testigos,

sus observadores, sus escribas. Aunque nadie te haya confirmado en tu puesto, y precisamente porque nadie lo ha hecho.

 

En la multitud

del mercado todos se enzarzan en una batalla de futuros subjuntivos -por si hubiere lugar…- mientras que en tu mundo surge una necesidad, al modo oriental, de hallar consuelo en los detalles más nimios;

 

acaso sean ellos

los únicos que permanecen incontaminados, sin expandirse, a lo largo del tiempo. Observas que alguien se aferra a lo inútil y encuentra consuelo.

 

Pero también:

la utilidad es adictiva; muchas cosas están a tu alcance y sin embargo pudieran ahogarte de asirte a ellas. Sigue nadando entre los restos del naufragio pues tu tabla de náufrago aún está por llegar.

 

Los que ahora buscan

tu afecto tienen que abrirse paso sin piedad entre acumulaciones de materia inerte, entre trizas de alimentos fermentados de aves y mamíferos abandonados, ir directamente al hueso, la médula.      

 

                                                                                                   Johann R. Bach

1 comentario:

  1. el tiempo viene a ti sigilosamente como un minino escondido.

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