5 abr 2017

El pregón se subió a la Red de Redes


UNA GRIETA en UN paisaje DE CIGÜEÑAS

La mañana estaba en una fase ya avanzada y el sol muy alto
cuando llegamos a nuestro paisaje familiar un antiguo corral del que hacía ya años habían desaparecido los animales de granja.

La tierra soporte de las plantas estaba escarbada.
Todo lo demás seguía en orden, en silencio, El responsable del diminuto desmonte era una gallina que en su corto vuelo había caído en el corral como mosca presa de patas en la miel.

Durante nuestra ausencia
se había alimentado de caracoles y lombrices de tierra a falta de grano del que probablemente estaba acostumbrada. Se preguntó a vecinos y amigos si alguien había perdido una gallina. Nada. Nadie sabía nada. Finalmente el alcalde ordenó un pregón en el que se instaba a quien fuera propietario de la gallina a informarse en el Ayuntamiento.

El pregón se subió a la Red de Redes
y, sorprendentemente, en menos de veinticuatro horas, más de dieciocho mil personas habían visitado el video-audio del pregón sobre el extravío de la gallina quebrándose el paisaje como si por el pueblo hubiera pasado Elton John.

A la mañana siguiente el alcalde -con nuestra ayuda-
acorraló a la gallina, la agarró con alguna dificultad por el cuello y la metió en un saco, quedando así el animal bajo la tutela provisionalmente de La Autoridad.

El resto del fin de semana
transcurrió apaciblemente ante una lluvia persistente que invitaba a no salir de casa y observar como el agua iba regando la parra, el espigado laurel y los rosales recién podados.

Hay que decir que en el muro del Casal del pueblo
crece la viña virgen y los pregones se escuchan como en una novela de Proust cuando se ve bajo el cielo "los campanarios de Martinville" en los que el sonido de las campanas es dorado traducción musical del encanto de la lluvia; y toda su existencia futura ya ha quedado afectada;

y, con la memoria
de aquellos seres queridos de un paisaje aplastado contemplamos a otros seres que sólo son de aquí, de este pueblo; buscando ese oro líquido, su presencia a lo lejos, en el tradicional y vasto paisaje de cigüeñas, almendros y olivos. 

El incidente de la gallina ha significado
sólo una pequeña grieta en un paisaje de cigüeñas.

                                                                        Johann R. Bach

4 abr 2017

sé que el mar nacerá otra vez


LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

No me gustaría encontrarme otra vez
con sólo una caña en las manos; en una noche desierta, la luna menguante, oliendo la tierra a la última lluvia.

A veces, aún murmuro entre dientes:
"la memoria duele ahí donde la toques. Hay sólo un cielo pequeño donde no cabemos todos".

Y, sin embargo, sé que el mar nacerá otra vez
y de nuevo la ola acariciará las playas, cerca de nosotros, disponible, regalando su música al viento.

                                                                  Johann R. Bach

1 abr 2017

el Ángel Montserrat se paseaba por el Ensanche con una lámpara apagada.


UNA IMAGEN INDELEBLE

Le mandé flores por carta.
Aún no existía el Mundo de Internet ni Amazon.

Las letras le llegaron como un ramo de claveles
dos días antes de sus bodes de plata. Hoy vive en Prilly un barrio de Lausana en un ambiente de ascetismo parecido al de Brigitte Bardot.

Siempre me acuerdo de ella cuando visito alguna iglesia:
su cuerpo exhalaba mirra e incienso, sus labios grana me excitaban viéndola besar los pies de algún santo. Yo admiraba embelesado el tacto de nácar de sus dedos sosteniendo el misal y sus rizos azabache acariciaban sus limpias mejillas. Me la imaginaba corriendo por la playa, en su trote los pechos sacudidos, madurados como granadas por el deseo. Tumbada al sol con sus ojos de té me parecía ver bajo el biquini su pubis vitrocerámico.

Recuerdo un día que llovía cuando salíamos de misa:
era aquél un planeta homérico en el que llovía bastante más que en el nuestro. En el quiosco se voceaba la aparición de dos periódicos que nunca leí: "El Noticiero Universal" y "La Prensa": ¡Ciero, la Prensa! ¡Ciero, La Prensa! A mí aquella publicidad me parecía la misma que oía en la playa: ¡Coco, coco, hay coco! ¡Coco, coco, hay coco!

Ajenos a aquellas voces "publicitarias",
en un arrebato de atrevimiento, le dije: "Mira el cielo: cuando se ponga al fin este sol de arco iris, tendrá un solo color y estará todo en calma".

Aquello era la Barcelona gris enajenada de libertad
y como consuelo me aficioné al paisaje urbano a la luz de la luna en el que sólo transitaba por las calles El Vigilante con su bastón y su manojo de llaves.

Sorprendentemente, Ella me escribió después de recibir las flores diciéndome que el Ángel Montserrat se paseaba por el Ensanche con una lámpara apagada.

¿Por la Sagrada Familia?
Le pregunté en la siguiente carta que le debió llegar cuatro días más tarde.

"No, -contestó-, por el Hospital de San Pablo".

Tuve la impresión
de que escribía las cartas para ella no para mí. Aunque… no sé cómo decirlo… la memoria se pone dura bajo esa luz antigua, masa que el sol reseca.

¡Y qué clase de masa!

Una masa origen de las jaquecas del fracaso…
el sentimiento de no haber estado ni entonces ni ahora a su altura. La masa endurecida de mi memoria ha podido enterrar su recuerdo.

He de acostumbrarme a convivir con su imagen.

                                                                           Johann R. Bach

30 mar 2017

Anida en mi mente la ilusión:


UN SUEÑO… COMO NOSOTROS

He recogido durante años
la almendra y roto su cáscara;
he liberado el fósforo y la trementina
de los pinos frente al mar;

en los golpes de voz,
como las del pastor
dando órdenes a su perro,
la deriva rápida de la nube.

Anida en mi mente la ilusión:

El fuego claro que ardía al atardecer
en la casa que hemos amado,
aquella leña menuda,
aquellas bolas de papel arrugado,

aquel atizador,
aquella súbita llama
casi un relámpago,
un sueño…, como nosotros.

                                        Johann R. Bach

Hilillos de luz y penumbra


La araña del tiempo

Ahora, desatados los vientos del siglo,
ya todo son grises centrifugados
con diminutos puntos amarillos.

Hilillos de luz y penumbra
bajo las patas industriosas
de la araña del tiempo.

Reluce en la escarcha anaranjada
la telaraña, a través del cielo gris
de nuevo, venciendo la ventisca de los días.

                                                 Johann R. Bach

29 mar 2017

...vuestra ley será mi ley”


ÚLTIMAS NOCHES CON SÓCRATES

Escucho todas las noches
la voz del viejo encerrado en mi misma celda; la oigo caer en el corazón, serena, como sin movimiento:

"Y si me condenáis a beber veneno 
os lo agradeceré; vuestra ley será mi ley".

Miro el mar por el ventanuco
tratando de distinguir entre las sombras blancas de la luna una nave helénica detenida desde hace días en la bahía.

Todas las respuestas del mundo
no serán suficientes para que le perdonen la vida.

                                                                         Johann R. Bach

28 mar 2017

Silencios amados de la luna


DESPUÉS DE LA TORMENTA DE NIEVE

Atrás ha quedado el Puerto de La Panadella
y sus clapas de nieve,
al final de una tormenta primaveral,
la luna se ha sobrepuesto a las nubes y
las casas frente al mar se han vuelto esmalte.

Silencios amados de la luna.

                                                 Johann R. Bach

27 mar 2017

Plutarco, Platón, Sófocles, Demócrito, Tales de Mileto... no os hemos olvidado


SABIOS DE ANTIGUAS CIVILIZACIONES

Sólo lo sorprendente satisface plenamente. En general la metáfora es tanto más sorprendente cuanto más alejada esté de su significado.

En ese sentido un libro es mediocre cuando resulta estar lleno de contenidos masticados.

Los textos reaccionarios les parecen obsoletos a los contemporáneos y de una actualidad sorprendente a la posteridad. Escribamos, pues, textos "atribuibles" a sabios de antiguas civilizaciones.

Con ello conseguiremos que cada una de las sucesivas ortodoxias de una ciencia le parezca verdad definitiva al discípulo.

Plutarco, Platón, Sófocles, Demócrito, Tales de Mileto, Eratóstenes, Pitágoras, Sócrates, Aristóteles… amigos… no os hemos olvidado; os releemos de vez en cuando y seguimos soñando con aquellas maravillosas Ofelia, Desdémona, Níobe, … con Venus llorando a Adonis.

                                                                                                     Johann R. Bach


26 mar 2017

Rechazaba casarse y formar una familia pues no veía en ello una solución a su psiquismo


FRANCIS EL GUIA DE MONTAÑA

Muy distinto a su marido Francis parecía haber brotado
bajo el azar de las calles y como una hierba mezquina peleó para sobrevivir entre las fachadas y la acera mientras los transeúntes no eran para él más que simples sombras.

Él creía que el recuerdo de aquellos tiempos
ya no era más que una voz quebrada.

Francis se volvió poco a poco
en una persona tímida que hacía todo lo posible para rechazar los recuerdos aunque su memoria le traicionaba y que, de vez en cuando,
volvía a alzarse, como un fuego que uno aplasta…

¡Nada importante de este mundo!

Intentó abrirse paso en la vida trabajando aquí y allá… Sin éxito. Finalmente encontró acomodo en las tareas de un camping de alta montaña pues lo que más le encantaba eran los minerales y la observación en el sotobosque el crecimiento de las ortigas y la gayuba.

A veces se detenía en un claro
y sentía –es cierto- que el aire era oprimente, ácido, suntuoso, erótico y triste. Lo soportaba estoicamente gracias a su buen carácter que le exhortaba a valorar la vida en la naturaleza como mal menor.

Era extremadamente correcto
y translúcido en el trato. Daba la sensación por su delgadez de que se había ido desgastando aunque físicamente era de naturaleza resistente. Al igual que uno de esos elegantes galgos que parecen no disponer de espacio en el cuerpo para los órganos vitales, se diría que en su interior carecía de algo que le permitiese llevar una vida animal o emocional. Todo él parecía una superficie pulimentada.

Era en comparación al marido de Flordeneu
un hombre sólido dotado de unos labios gruesos como destinados al más largo beso. Y por supuesto, más moreno, más alto, con los ojos grises y una nariz griega, quizá normanda. Su cabeza era huesuda y angulosa exenta de cualquier adiposidad. Él mismo creía que se iba desgastando con el tiempo, como una antigua cuchara de plata.

Rechazaba casarse y formar una familia
pues no veía en ello una solución a su psiquismo aunque siempre reconoció que sólo escribir entre dos el mundo tendría algún sentido tal y como debió decir a Adán soñador una Eva inquieta. Del Francis niño ya no quedaba más que un brillo que le hace soñar que con la llegada de Flordeneu a su vida despunta el día, que con ella es más sencillo entrar en el futuro llevando para luego un poco de esa fruta madura, por la gracia de la cual el azul se une al verde en la noche de la hierba.

                                                                                                  Johann R. Bach

Su relación matrimonial llegó a un punto en el que Flordeneu no podía expresar el menor interés


LA SOLEDAD NECESARIA

La verdad es que Flordeneu estaba hasta la mismísima coronilla de su marido y solía contener la rabia apretando los dientes mientras mandaba un mensaje para que vinieran a llenar el depósito de gasoil de la calefacción, mientras llamaba al fontanero para que instalase una ducha con alcachofa en el grifo de la bañera, …

Su marido era el responsable de que casi no le quedaran amigos, una de las razones por las que sentía un anhelo voluptuoso, sensual y casi febril por los placeres de la soledad. Necesitaba alejarse…, alejarse de todas aquellas relaciones arruinadas, de aquellas falsas sonrisas.

Sí. Necesitaba estar sola,
mirar el cielo y el paisaje
sin que nadie la observase,
no tener que fingir.

Su marido no tenía la culpa,
les decía a los demás,
de haberse vuelto tan "difícil".

Había sido culpa de la bebida.
Fue mala suerte no haber limitado su afición por el alcohol, los analgésicos, los antiinflamatorios y el bicarbonato para los excesos de especias, sal y mariscos. Sin embargo, huelga decirlo, ella en su fuero interno, sí culpaba a su marido.

Su afición al alcohol
sólo había acentuado su egolatría, su malicia discreta, su tendencia a poner a los demás en su sitio. Su ebriedad le daba excusas para comportarse mal, pero, en realidad, él siempre se había comportado mal. No soportaba estar en casa. Se aprovechaba de su alcoholismo como si fuese un regalo del dios Baco; lo abrazó como su estado natural.

En su juventud,
al menos se esforzaba por controlar su lengua, sus bromas a costa de los demás, sus ansias de demostrar que el resto del mundo era ignorante, ridículo y maleducado. En el terreno sexual la mayoría de las veces no podía penetrarme por falta de erección. En cierto modo el alcoholismo había eliminado ese autocontrol, le había dado carta blanca para la eyaculación precoz.

Sus humillaciones no se limitaban
al ámbito íntimo del hogar sino que él parecía disfrutar humillándola en público, quejándose de ella a sus espaldas, socavando su ánimo además de los momentos en que estaban solo viendo la televisión.

Su relación matrimonial llegó a un punto
en el que Flordeneu no podía expresar el menor interés por cualquier programa sin que él la atacase por sus gustos, sus aficiones o sus costumbres "intelectuales"…

Si veía el telediario, es que estaba obsesionada con las noticias, atrapada por los medios, y que la locura informativa de los directores de los programas le había lavado el cerebro hasta la sumisión. Si ponía un partido de tenis, él la sermoneaba sobre los males de los deportes de competición. Si veía documentales sobre la fauna salvaje, se burlaba de ella por interesarse por los tejones y las mariposas cuando debería preocuparse por los problemas de los centros de las ciudades. Si veía una serie de humor, él la llamaba soñadora, y atacaba a la comedia en cuestión por ser una cómoda fantasía de clase media o una glorificación de la subcultura de la clase trabajadora.

Viese lo que viese, estaba mal,
y si no veía nada, vaya, entonces alegaba que era una snob, incapaz de compartir con su marido los placeres más básicos de la vida cotidiana. Noche tras noche, con un ángulo oblicuo a través de la pequeña pantalla, la maltrataba.

Él no odiaba la televisión, sino a ella.

"La mía –le había confesado a Francis- era una historia sin sentido… hasta que te conocí: a mi marido, a modo jactancioso, le gustaba que se supiera que su abuela era de estirpe noble. Revelaba ese dato en tono de broma, pero, por lo pronto, lo revelaba… demasiado a menudo. Eso no era elegante por su parte aunque ¿acaso no te estoy yo ahora diciendo que me casé con un hombre de noble familia? La diferencia es que todo esto sólo te lo he contado a ti".

                                                                                   Johann R. Bach

¿Hacia dónde se dirigen todos?


SELENIO, COBALTO Y NIQUEL

En las minas a cielo abierto el gris metálico,
el azul, el rojo, el verde… se desbordan.
Es -dice Cassia- más sencillo el color que la vida.
A través del color la forma se quiebra.

La voz –continua diciéndole a su amiga-
se propaga a través de los metales rápidamente,
entra en el universo agazapada a la luz y alcanza
la línea del horizonte cósmico observable.

Las dos amigas se detienen en esa enorme playa,
la miran como algo necesario, es casi de noche y
los que van delante de ellas, ya no ven sus pasos

sobre la arena en la que brilla un poco el agua.

¿Hacia dónde se dirigen todos?
Hacia la Proa del Mundo
imagen que sólo sirve al sueño. Porque ¿qué hacer
con una alegoría cuando vuelves a casa, al atardecer?

¿Qué hacer si ya el billete ya está comprado
y la barca a punto de zarpar?

                                                              Johann R. Bach

23 mar 2017

Durante toda la tarde estuve meditando sobre mi lugar en el Mundo.


LA FRIALDAD DE UN MARIDO (fragmento)

Cuando Francis y yo llegamos al camping
el recibimiento que nos dispensó mi marido fue más frío de lo que cabría esperar: se limitó a decir que se alegraba de que la cosa no hubiera sido grave (¡sólo faltaría!) y agradeciendo a Francis su ayuda lo despidió como el que despide al cartero.

Durante toda la tarde
estuve meditando sobre mi lugar en el Mundo. Mi marido jugaba su partida de dominó con los amigos como si nada hubiera pasado. Una sola idea pasó por mi mente, le di el encargo a mi hija de que, discretamente, averiguase el teléfono móvil de Francis. En cuanto lo tuve medité largamente qué mensaje le iba a enviar:

¡Ven conmigo amor a cojear en el futuro!

                                                                               Johann R. Bach

22 mar 2017

Y otra vez volvía a sentir sus dedos precavidos


UNA RODILLA HERIDA

Caí bajando por la tartera:
primero la rodilla, la palma de la mano, en seguida todo el cuerpo sobre la tierra pizarrosa empapada de lluvia,

pero aquella lluvia era tibia,
como un don que se nos otorgaba y fue así cómo uno contra el otro, muy cerca, y… allí se produjo el comienzo del deseo.

Con su brazo en mi cintura
y el mío en su hombro iniciamos la penosa salida de aquella zona tan resbaladiza.

Sin darnos cuenta
perdimos de vista al resto del grupo, la sangre que manaba de la rodilla se estaba coagulando bajo el pantalón hasta el tobillo.

Fuera ya de la tartera,
Francis quiso examinar mi rodilla y para ello me desabroché el pantalón dejando al aire unos muslos fatigados por la caminata. Él tocaba con el dedo la pierna herida, pero mi imaginación lo situaba bastante más arriba: tuve que girar el rostro para que no viera mis mandíbulas apretarse del intenso placer de aquella caricia y mis gemidos pudieran simular dolor. En veinticinco años de matrimonio no había tenido nunca un orgasmo que se extendiera por toda la columna vertebral cuyas punzadas llegaban hasta alcanzar el cráneo.

Una vez vendada la rodilla herida
pude comprobar que la cosa no había sido tan grave pues continuamos casi con normalidad el descenso y el paisaje acaso de ajedrea de jardín, de menta, daba igual todos aquellos arbustos juntos existían confundidos con nosotros mismos. Francis era un muchacho tímido que hablaba poco –cosa que gusta a muchas mujeres- y cogida de su brazo sentía la presencia del Hombre con sus ventajas sobre mi miedo.

Habíamos entrado en una zona de campo
de inclinación suave y, de nuevo, aunque más lejos, aquel estrépito del cielo de antes, otra vez con relámpagos, un poco menos seguidos y entre arbustos algo más crecidos que parecían estar al acecho de unos rumores, aquella vez más ligeros, como de alas que se agitan, como de minúsculas vidas invisibles, pero que no nos inquietaban, que nos rodeaban más bien como un nuevo sueño sobre la tierra.

Nada había ya inmóvil entre el aire y la tierra.
Intenté pensar en mi marido en su preocupación por nuestro retraso, pero la sensación de flotar en el viento, invadida de placer, era más fuerte. Cojeando al andar iba apoyada del brazo de Francis el improvisado compañero hasta aquel momento un desconocido, precisamente, en el momento en que el dolor parecía estar desapareciendo

de repente empezó a caer sobre nosotros
una tormenta de granizo. La temperatura estaba descendiendo y protegiéndonos a modo de escudo la cabeza con nuestras mochilas, el caminar se hizo tan penoso que obligué a Francis a detenerse. Él, como dándome esperanza, me señaló unas rocas diciéndome que debíamos buscar abrigo en ellas.

En efecto, allí, en un recoveco suficiente
para descansar nos acurrucamos, Francis sacó de su mochila una manta térmica que nos permitió, en parte, librarnos del frío, tapándonos hasta la cabeza de forma que nuestro propio aliento nos calentaba las mejillas. Nuestra situación pareció menos desesperada aunque el granizo y la ventisca continuaban.

Intenté pensar otra vez en mi marido
y en mi hija para evadirme de la proximidad de su boca. Pensé en cómo deberían estar preocupados por mí, pero mis labios se sentían atraídos por suyos con una fuerza ajena a mi voluntad. Con sus besos volvía a sentir aquellas punzadas en la vagina que ascendían hasta los pezones como corrientes eléctricas sutiles y placenteras.

"Escucha -le dije- no sé quién eres… el Ángel Montserrat que ha acudido en mi ayuda o el mismísimo diablo que no ha parado hasta haberme penetrado. Nunca he estado con otro hombre que no fuera mi marido y por ello dudo de que seas realmente un hombre aunque mi mano comprueba aferrada a tu miembro viril que eres de carne y hueso".

Me miraba los dedos
y jugaba a abrirlos y cerrarlos mientras los suyos continuaban acariciando mi pubis y buscaba en medio de aquel placer un nombre a todo lo que estaba sucediendo. La noche estaba cayendo cuando la tormenta cesó, el campo parecía un mar plateado, brillante, la oscuridad iba invadiendo el paisaje cuando apenas veía sus ojos abiertos como nunca los había visto en ningún otro hombre, cuando me quedé dormida sobre su pecho.

Él debió dormir también pues al despertar vi su rostro relajado y con su dulce besar me fue dando la pista de que no había ninguna otra cosa allí, como diciéndome que no había nada más. No me intranquilizó estar allí a su merced: en sus ojos no vi más que amor… Cuando se puso en pie, miré el reloj y sólo eran las seis de la mañana, lo cogí por la manga y casi le supliqué que yaciera junto a mí, que me penetrara otra vez, pues necesitaba saber que todo aquello no era el sueño de una cincuentona con un amante veinticinco años más joven.

Y otra vez volvía a sentir sus dedos precavidos
que me hacían olvidar la Tierra real y que nada, ni siquiera el hambre, era capaz de sacarme de aquella locura. A lo lejos sentí cómo seguían rugiendo los truenos hasta desaparecer en la lejanía mientras en mi tuétano se hacían sentir los torbellinos de color. El resto es fácil de imaginar: el cielo regresó sobre aquello que las palabras habrían de convertir en una especie de barro como en el Origen.

                                                                             Johann R. Bach

21 mar 2017

Vida y amor trabados llenos de alegría distantes de los sonetos de mediodía:


Ni sonetos ni madrigales de mediodía

De los sueños y pesadillas de infancia,
difíciles de conjugar con el cuerpo expandiéndose como un punto imantado por el campo magnético de nuestro planeta,

nace el erotismo puesta en marcha
de un funcionamiento más profundo y más rico del humanismo biológico y de aquel gran conocimiento que parte del propio cuerpo.

Según los biólogos humanistas
la chispa de la vida no son los sonetos de mediodía, ni de los madrigales cantados a media voz bajo una sombrilla;

sino del sodio inyectado en corazón
por la succión de la diástole, camuflado en la sangre antigua agua de mar oxidada.

Sin embargo las cosas vuelven y vuelven a inscribirse,
unas en otras, en un universo movido por clústers paquetitos de luz cargados de corpúsculos memorizados desde el inicio de los tiempos.

Vida y amor trabados llenos de alegría
distantes de los sonetos de mediodía:

No hay equilibrio posible…
igual que el movimiento la vida necesita de la locura del amor, experimentar un beso de sol, brevísimo, al atardecer de joven exceso y el abrazo en la sombra de la noche.

                                                           Johann R. Bach

20 mar 2017

la piel del mar... oculta bajo su manto de olas y espuma mucha más agua


EL PESO DE ESTE MUNDO

Para soportar el peso de este mundo, a diferencia de cómo lo hace Atlas el titán, sólo es posible hacerlo postrado de rodillas.

Las soluciones en filosofía son como la piel del mar, que oculta bajo su manto de olas y espuma mucha más agua.

No obstante sus caviladas respuestas son mucho mejor que las soluciones científicas que no remedian ningún problema humano sino que sólo solucionan los propios problemas de la ciencia.

Y de vez en cuando hay que recordar al lector que antes de menospreciar un mensaje, es conveniente leerlo detenidamente varias veces, pues toda metafísica tiene que trabajar con metáforas.

                                                                                                            Johann R. Bach

LA TIERRA SIGUE GIRANDO ALREDEDOR DEL SOL ...


QUE NADIE SE INQUIETE

¡Calma! ¡Calma!
Que nadie se inquiete: los observantes de los cielos dicen que 
La Tierra sigue girando alrededor del sol y que 
sigue acompañándole en su viaje hacia el Ápex.

                                                                                  Johann R. Bach

17 mar 2017

... com creix sobre la vora brillant de la parpella inferior, com llisca tot al llarg de la cara, ...


PROPOSTA DE FINAL PER A UNA NOVEL·LA

M'heu oblidat, estimats amics meus?
Sóc jo, la narradora, una insignificant aranya l'única habilitat de la qual és manejar amb soltesa les meves petites potes i gràcies a la meva mida i a la capacitat d'esmunyir-me per sota les portes puc ser testimoni de tot allò que s'esdevé a casa.

És cert
que no he fet entrar les meves argentades temples en algunes estances, però això és perquè he estat ocupada amb un assumpte totalment diferent. Jo sóc aquella que s'arrepapa ara damunt de l'ou que és dalt la taula com si volgués covar-lo; jo sóc aquella que agita les diminutes potetes per l'habitació, tibada i satisfeta.


Tot el que aquesta nit ha tingut lloc entre aquestes dues amigues nostres, que no han estat massa formals, ha succeït a la meva panxeta esfèrica.

He vist com es posen les robes tremoloses. Eviten mirar-se, ja que no tenen res a dir-se i, encara que tinguessin coses a dir-se, no creuen que valgui la pena l'esforç. La Suxa, vídua, somriu agraïda, no sap res de la relació que la Carla manté amb el seu marit. Per la seva banda, la Carla no ha contat mai a ningú allò que el seu insubstancial espòs ha tingut la sort de sentir. Per això arribo a la conclusió que, malgrat les seves absències, la Carla estima el seu marit.

La Suxa i la Carla han sortit per la porta de l'immoble al bell mig de la neu, de bracet, amb les galtes gelades i els ulls mig aclucats de tanta blancor als arbres i als cotxes estacionats en bateria al costat de la voravia entre els blocs verdosos. La Carla considera encertat dir-li de nou a la seva amiga el mateix que li ha dit cada un dels matins en els quals han sortit juntes de la casa de la Suxa: que tot s'ha acabat, que no té cap sentit, que aquesta ha estat la darrera vegada.

L'Emília enretira suaument la mà de sota del seu braç, calla durant una bona estona mirant cap el costat i després replica, amb una expressió de cortesia: "Fes el que vulguis". Camina al seu costat fins a la parada de l'autobús i resta silenciosa, mentre contempla com cauen lentament els flocs de neu damunt de l'asfalt blanc.

Quan arriba el vehicle vermell, la Carla remuga un breu "a reveure" i al cap de pocs segons la Suxa veu com s'asseu: una ombra bruna que passa per darrere de la finestra de l'autobús. La Carla, a partir d'ara, deixa de resultar interessant. És com tantes altres que finalment opten per continuar amb els seus marits.

La Suxa sap que així que entri a casa cercarà a l'agenda el nom d'alguna amiga, la convidarà a sopar i intentarà repetir el mateix acte darrere del teló blanc, com es repeteixen totes les coses, a partir d'una edat, a la vida d'una dona sola. Entra a l'escala de l'immoble envaït ja per l'olor del primer cafè del matí, obre la porta de la seva llar, la tanca tot seguit, es treu l'abric de pells, les botes i s'asseu al llit desfet.
Encèn una cigarreta, mira el rellotge, encara falten vint minuts per a les set i es queda amb la mirada clavada al buit.

M'hi acosto ben a prop i veig amb precisió,
com en un documental científic, com es forma la llàgrima en el seu ull, com creix sobre la vora brillant de la parpella inferior, com llisca tot al llarg de la cara, al costat del nas i després degota, lluent damunt del llençol.

Abans d'acabar la cigarreta
es posa dempeus i obre un armariet de la llibreria. Treu un bloc de fulls de tres centímetres de gruix, saturats d'una lletra excepcionalment bonica. El deixa caure damunt del llit, agafa un bolígraf i comença a escriure notes amb ímpetu fins que converteix la pàgina en un mapa que només ella podrà, dies més tard, interpretar.

Al cap d'un quart d'hora, més o menys,
s'aixeca, es dirigeix cap a la taula de la cuina –no veig què fa perquè estic situada darrere seu- quan, amb un cruixit apocalíptic, s'esquerda la closca d'ou i d'ell s'enlaira la Quimera, que omple tota la casa amb el seu rugit de drac, amb les seves urpes grogues, amb les immenses ales de ratpenat. S'estén l'olor triomfant de l'ou ferrat, mentre la Suxa, febril, bruscament encongida, es disposa a continuar escrivint amb ràbia: "No et queixis ja que el final d'aquesta relació podria haver estat pitjor".

M'heu oblidat, estimats amics meus?
Sóc jo, la narradora, una insignificant aranya, l´unica habilitat de la qual és manejar amb soltesa les meves petites potes i gràcies a la meva mida i a la capacitat d'esmunyir-me per sota les portes puc ser testimoni de tot allò que s'esdevé.

Perdoneu-me que aquesta vegada
hagi començat la novel·la pel final.

                                                                                         Johann R. Bach

                                                                                                                                               

16 mar 2017

La escena era como nuestro ir muriendo para vivir.


EL MÁS LARGO BESO

Desde mi puesto de observación,
encaramada en lo alto del armario vi toda la escena:

cuerpos desnudos contorneándose
y regando con saliva cada centímetro cuadrado de piel y vello; las sábanas revueltas formando parte del amasijo amoroso. Cayeron exhaustos en los brazos de Morfeo sin despegar siquiera sus labios.

La verdad es que ella era
lo más parecido al más largo beso mientras que él no era otra cosa sino el empuje de una brasa de animal solitario oculto tras la apariencia de un ser civilizado.

De pronto la idea de una muerte lenta como el tiempo
se instaló en mí como un amor. Tenía que escribir todo lo que había pasado aquella noche.

Toda la excitación que recorría mi cuerpo
comenzó como una música suave de Arvo Pärt in crescendo:

un golpecito en el cristal,
como si hubieran tirado algo; luego, un caer ligero y amplio, como de granos de arena lanzados desde una ventana de arriba, y por fin, ese caer  que se extiende, toma reglas, adopta un ritmo parecido al de "Spiegel im Spiegel" y se hace fluido, sonoro, musical, incontable: Llovía.

Allí abajo en la enorme cama
seguían los dos dormidos como en un abrazo eterno con los labios aun pegados por el último beso. La escena era como nuestro ir muriendo para vivir.

Mientras escribía,
como cualquier araña lasiodora no paré de comer naranjas y plátanos, sentada entre cajas de cartón

sobre aquel antiguo armario,
hasta donde venían horizontales, débiles, pero aún densos y metálicos como las ondas de frente plano de una emisora de FM los toques de las campanas de la cercana iglesia, que no se mezclaban con el aire que hacía tanto tiempo que estaban atravesando.

Al otro lado de los cristales
la lluvia persistía con su música mientras yo, excitada hasta el delirio, miraba cómo era el más largo beso.

                                                                       Johann R. Bach