1 abr. 2017

el Ángel Montserrat se paseaba por el Ensanche con una lámpara apagada.


UNA IMAGEN INDELEBLE

Le mandé flores por carta.
Aún no existía el Mundo de Internet ni Amazon.

Las letras le llegaron como un ramo de claveles
dos días antes de sus bodes de plata. Hoy vive en Prilly un barrio de Lausana en un ambiente de ascetismo parecido al de Brigitte Bardot.

Siempre me acuerdo de ella cuando visito alguna iglesia:
su cuerpo exhalaba mirra e incienso, sus labios grana me excitaban viéndola besar los pies de algún santo. Yo admiraba embelesado el tacto de nácar de sus dedos sosteniendo el misal y sus rizos azabache acariciaban sus limpias mejillas. Me la imaginaba corriendo por la playa, en su trote los pechos sacudidos, madurados como granadas por el deseo. Tumbada al sol con sus ojos de té me parecía ver bajo el biquini su pubis vitrocerámico.

Recuerdo un día que llovía cuando salíamos de misa:
era aquél un planeta homérico en el que llovía bastante más que en el nuestro. En el quiosco se voceaba la aparición de dos periódicos que nunca leí: "El Noticiero Universal" y "La Prensa": ¡Ciero, la Prensa! ¡Ciero, La Prensa! A mí aquella publicidad me parecía la misma que oía en la playa: ¡Coco, coco, hay coco! ¡Coco, coco, hay coco!

Ajenos a aquellas voces "publicitarias",
en un arrebato de atrevimiento, le dije: "Mira el cielo: cuando se ponga al fin este sol de arco iris, tendrá un solo color y estará todo en calma".

Aquello era la Barcelona gris enajenada de libertad
y como consuelo me aficioné al paisaje urbano a la luz de la luna en el que sólo transitaba por las calles El Vigilante con su bastón y su manojo de llaves.

Sorprendentemente, Ella me escribió después de recibir las flores diciéndome que el Ángel Montserrat se paseaba por el Ensanche con una lámpara apagada.

¿Por la Sagrada Familia?
Le pregunté en la siguiente carta que le debió llegar cuatro días más tarde.

"No, -contestó-, por el Hospital de San Pablo".

Tuve la impresión
de que escribía las cartas para ella no para mí. Aunque… no sé cómo decirlo… la memoria se pone dura bajo esa luz antigua, masa que el sol reseca.

¡Y qué clase de masa!

Una masa origen de las jaquecas del fracaso…
el sentimiento de no haber estado ni entonces ni ahora a su altura. La masa endurecida de mi memoria ha podido enterrar su recuerdo.

He de acostumbrarme a convivir con su imagen.

                                                                           Johann R. Bach

3 comentarios:

  1. Google+ (Griselda Corni Fino)
    16:52 (fa 5 hores)

    Hay recuerdos que se intentan soterrar pero siempre afloran , algunos con sus agudas puas otros con sus funebres crespones , y siempre siempre nos duelen

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  2. XANA GARCÍA
    20:13 (fa 5 minuts)

    ."La masa endurecida de mi memoria ha podido enterrar su recuerdo.

    He de acostumbrarme a convivir con su imagen."
    El recuerdo es sentimiento, a veces inexacto como una luna difusa que es de sombra y traspasa el dolor, otras como los rayos de un sol balsámico Todos, buenos, malos o regulares forman parte de nuestra vida. Se podrán enterrar los recuerdos pero si queda una sóla imagen", emergen poeta, como una realidad inacabada o como si hubiésemos deseado que hubiera sido.

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  3. Rosalva M P
    2:38 (fa 4 hores)

    Hermoso relato...Gracias Joan
    su cuerpo exhalaba mirra e incienso, sus labios grana me excitaban viéndola besar los pies de algún santo

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