26 mar. 2017

Rechazaba casarse y formar una familia pues no veía en ello una solución a su psiquismo


FRANCIS EL GUIA DE MONTAÑA

Muy distinto a su marido Francis parecía haber brotado
bajo el azar de las calles y como una hierba mezquina peleó para sobrevivir entre las fachadas y la acera mientras los transeúntes no eran para él más que simples sombras.

Él creía que el recuerdo de aquellos tiempos
ya no era más que una voz quebrada.

Francis se volvió poco a poco
en una persona tímida que hacía todo lo posible para rechazar los recuerdos aunque su memoria le traicionaba y que, de vez en cuando,
volvía a alzarse, como un fuego que uno aplasta…

¡Nada importante de este mundo!

Intentó abrirse paso en la vida trabajando aquí y allá… Sin éxito. Finalmente encontró acomodo en las tareas de un camping de alta montaña pues lo que más le encantaba eran los minerales y la observación en el sotobosque el crecimiento de las ortigas y la gayuba.

A veces se detenía en un claro
y sentía –es cierto- que el aire era oprimente, ácido, suntuoso, erótico y triste. Lo soportaba estoicamente gracias a su buen carácter que le exhortaba a valorar la vida en la naturaleza como mal menor.

Era extremadamente correcto
y translúcido en el trato. Daba la sensación por su delgadez de que se había ido desgastando aunque físicamente era de naturaleza resistente. Al igual que uno de esos elegantes galgos que parecen no disponer de espacio en el cuerpo para los órganos vitales, se diría que en su interior carecía de algo que le permitiese llevar una vida animal o emocional. Todo él parecía una superficie pulimentada.

Era en comparación al marido de Flordeneu
un hombre sólido dotado de unos labios gruesos como destinados al más largo beso. Y por supuesto, más moreno, más alto, con los ojos grises y una nariz griega, quizá normanda. Su cabeza era huesuda y angulosa exenta de cualquier adiposidad. Él mismo creía que se iba desgastando con el tiempo, como una antigua cuchara de plata.

Rechazaba casarse y formar una familia
pues no veía en ello una solución a su psiquismo aunque siempre reconoció que sólo escribir entre dos el mundo tendría algún sentido tal y como debió decir a Adán soñador una Eva inquieta. Del Francis niño ya no quedaba más que un brillo que le hace soñar que con la llegada de Flordeneu a su vida despunta el día, que con ella es más sencillo entrar en el futuro llevando para luego un poco de esa fruta madura, por la gracia de la cual el azul se une al verde en la noche de la hierba.

                                                                                                  Johann R. Bach

3 comentarios:

  1. Griselda Corni Fino
    0:49 (fa 7 minuts)

    Muy bien descrito

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  2. XANA GARCÍA
    0:22 (fa 2 minuts)

    " Del Francis niño ya no quedaba más que un brillo que le hace soñar que con la llegada de Flordeneu a su vida despunta el día, que con ella es más sencillo entrar en el futuro llevando para luego un poco de esa fruta madura, por la gracia de la cual el azul se une al verde en la noche de la hierba."
    Ahhhhh es un capítulo delicioso,¿Para qué casarse?Lo esencial es amar sin ataduras legales carentes de importancia "Escribir el mundo entre dos".Así ha de ser.!!!!(Brillante la descripción del estoico Francis y tus metáforas)

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  3. PATRICIA

    Hay un dicho que dice : "Nunca digas que de esa agua no beberé "·.
    Francis crea un vínculo inconsciente pero placentero con el que vivir su mundo de trotamundos en esa montaña. Ese vínculo se llama Flordeneu .

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