12 sept 2012

¿A LOS INSECTOS TAMBIÉN LES GUSTA LEER? (De la novela "Las Puertas del Monasterio")

Cuando me trasladé

a casa de Georgina quedé presa como una libélula del aura de los espejos que en ella encontré. Allí todo es un espejo que invade tus ojos, se empeña –te obstinas- en asediar la imagen imprevista.

 

Allí no sólo el agua,

el metal terso, la página blanca, la piedra que conforma sus estatuas, sino también sus manos que imponen su orden en las cosas, la fuga del tiempo y su retorno, siempre imprevisto, el miedo a los pasos que van negando los caminos.

 

Hoy mismo, después de contemplar el espejo,

colgado a mi altura, no para verme sino para buscarla a ella cuando no está en casa, me he estado fijando en las dos luces iguales que presiden su superficie intachable, de la que he logrado desterrar pared y cortinas;

 

y, en mi mente han aparecido

las líneas de un paisaje sin sueño; el aire mismo se ha prestado al olvido de los problemas con mi exmarido.

 

¿Es todavía espejo o es ya fuente?

He tenido la sensación que no quisiera parecerme a alguien que no se atreva a contemplar su propio rostro. He sentido cómo al mirar ese espejo realmente la estaba esperando como un único esfuerzo.

 

Me he puesto a leer

–uno de mis mayores placeres-, y un insecto diminuto se ha parado en el margen de una página, lo aparto sacudiendo la hoja (delicadamente: para no hacerle mal) y casi al instante, de un salto se ha situado allí de nuevo.

 

Parecía como si me invitara

a fijarme en él: era un díptero, todo él de color verde con algunas manchitas amatistas, no doméstico, las alas eran casi triángulos equiláteros y lucían paralelas al papel en que posaba las patas, me ha recordado a las libélulas.

 

Demasiado abierto,

el cuerpecillo casi tocaba el blanco de la página. Un trazo firme de precioso verde esmeralda, extremadamente sutil, bordeaba las alas transparentes, como celofán cristalino me exhortaban a mirarlas bien para percibirlas mejor, a fijarme en la perfecta simetría de su vivo soporte.

 

Suavemente

intentaba con la punta del bolígrafo apartar a aquel diminuto ser, pero se volvía a instalar tan cerca del libro, sin intentar huir que me pareció que buscaba compañía aunque no fuera yo de su misma especie.

 

He intentado ahuyentarlo

de nuevo con un ligero soplo. Se resistía a marchar. He pensado que era una vida ya sin instinto de conservación, que su final estaba próximo y me he desentendido;

 

hasta sentirla posada

en la parte de mi mano ¡temblor! que yo no veía, la que estaba frente al libro, esperando, toda, el momento de pasar la hoja, la vuelta del tiempo.

 

He continuado leyendo y pasando páginas:

mi escala en el tiempo es otra. Pero nuestros universos son una misma cosa.

 

He vuelto a mirar mi rostro en el espejo, esperando la noche para dar un corto paseo con Georgina.

                                                                      Sylvia M. Folch

11 sept 2012

OTRA FORMA DE DECIR TE QUIERO. ( www.homeo-psycho.de )

Apunté en una postal,

a tu regreso de aquel lugar, para mí imaginario, aquellos nombres con los que describías a los diferentes tipos de monjas.

 

Me dijiste

que el Monasterio estaba habitado por furias, bilifusas, onirisitas, zafapacocas y marisordinas.

 

Busqué inútilmente esas palabras

en el diccionario y, para mi sorpresa, no pude hallarlas. Comprendí entonces que te necesitaba.

 

En previsión de posibles malentendidos,

me aseguraste que sólo conocías un monasterio, que quizás en otros no se dieran esos tipos y que allí contrajiste el mal hábito de dar importancia a las naderías de aquella "civilización".  

 

Y en otra ocasión me dijiste:

"La inverosimilitud, que hace posible una narración un tanto fantástica e inofensiva, esconde siempre segundas intenciones". Sólo buscaba otra forma de decirte "te quiero".

                                                                            Sylvia M. Folch

 

MIENTRAS SE BAILA SWING ( www.homeo-psycho.de )

89. LA SOLEDAD SORPRENDE

 

Mi soledad

se ha sorprendido en multitud de salas y tiendas llenas de voces solas y en calles concurridas llenas de música.

                    

Mi orgullo

es como la alfombra mojada de las calles; resbala tragando saliva muchísimo antes del primer café.

 

Como seda cruje

la fría madrugada habiéndose soltado el timón ¿Cómo perder ese lastre sin domesticar mis aires mediterráneos?

 

Se podría proponer

flotar sobre la manta azul, trascendente, inmensa; ver como el sol

se oculta en sus aguas y se olvida de los árboles y su vaivén; abandonar momentáneamente a la memoria en su refugio; mirar el poniente con ojos de Atlante, sin prisas,  con los minutos precisos.

 

                                                                    30 de noviembre de 2010

                                                                                Elisa R. Bach

10 sept 2012

LA SOLEDAD DE CLEOPATRA 2: Original de Elisa R. Bach ( www.homeo-psycho.de )

           LA SOLEDAD DE CLEOPATRA 2

 

Fue hermoso proteger al que sufría,

luchar contra el abuso de los despreciables, escuchar a los débiles, elegir a los hombres por sus méritos. El dios Ra te hizo mujer, y, soberana y te ordenó que tuvieras eso bien presente.

 

Cuando tenías que atravesar un desierto

ordenabas erigir en él pilones masculinos. Cuando tenías que atravesar los campos de trigo y sentías la pérdida de vigor trepando por las piernas invocabas a Hécate, la diosa-rana que protegía a las madres,

 

y extendía su benevolencia

a todos los hombres concediendo los favores que se le pedían en todos los ámbitos (prosperidad material, don de la elocuencia, victoria en las batallas y juegos, etc) pues su poder era inmenso.

 

Creías en ese sueño hermosísimo

de alzar un nuevo mundo triunfante. Pero cuando descendiste por el Nilo, excitada en los pezones hasta la memoria de tus muslos, comprendiste que el barco de imágenes no era un barco imaginario.

 

Lo que era sólo poético

en tu mente mataba la poesía. Sola quedaste por culpa de los dioses

que cambiaron en tu alma la fama de mujer bonita por fatiga.

 

                                                                        Elisa R. Bach

8 sept 2012

EL CORAZÓN: EL ÚLTIMO EN CERRAR LAS PUERTAS. ( www.homeo-psycho.de )

                    AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

 

Cuando los latidos

de tu corazón pierdan fuerza, te mires al espejo y te cuenten las líneas del código de barras como una delicada orografía de distendidos labios que han perdido su categoría geodésica;

 

cuando puedan contar

los surcos que han dejado las lágrimas y las preocupaciones curven tus comisuras y ya tu cuerpo responda despacio a tus deseos…

 

Cuando sueltes blanca tu cabellera

para dormirte temprano y sobre tus rodillas enmohecidas por el peso de muchos inviernos, y caiga sobre el lecho tu libro preferido porque se te han cerrado los ojos,

 

tu corazón seguirá rebelándose,

donará sus pulsaciones, y como otras veces intentarás disipar tus dudas y los anhelados horizontes también saludarán tus artificiales mañanas con el recuerdo de sus besos.

                                                              Elisa R. Bach

RECUERDOS SOBRE UN RELOJ DE BOLSILLO OLVIDADO

                                 EL RELOJ DE LOS MÍNIMOS

 

Convaleciente aún,

Era inimaginable que una niña como tú pudiera preguntarse con desdén si aquel santurrón hipofóbico con su túnica marrón y una cuerda sobre su abultada cintura bajaba de verdad al hormiguero del barrio sólo para mendigar sus propios huesos…

 

Todo empezó

cuando tu madre encontró un bonito reloj de bolsillo paseando por la Plaça Maragall sobre un banco de la parada final del tranvía 37. Tu madre ignorando qué es una "res derelicta" creyó que lo más conveniente era depositarlo en la iglesia de los Padres Mínimos, curiosamente situada en la calle del Olvido.

 

Aquel fraile italiano

recogió aquella pequeña joya de reloj y dijo que indagaría acerca de quien pudiera ser el propietario. En aquella primera visita le viste una caída de párpados detrás de sus enormes gafas que no podías saber si era de sueño o de indiferencia.

 

Evidentemente para ti

ese signo no era benevolencia. El fraile visitó vuestra casa durante algún tiempo bajo la excusa de su "pastoreo", pero tú, niña pero no tonta le sorprendiste en varias ocasiones mirando lascivamente el trasero de tu madre.

 

Ella, ajena a los pensamientos del fraile

sólo se preocupaba de realizar su milagro cotidiano de daros algo que llevar a la boca y en ello ponía todo su amor a vosotros  como una golondrina lo hace con sus polluelos.

 

Y aún se excusaba:

"Precisamente hoy no se me ha dado bien la cocina, la sopa es pura hiel y el pescado sabe a barro, la tarta de manzana (era el postre de los domingos) está costrosa, veis hijos, de hecho no sé ni siquiera cocinar… Se adelantaba a servir un dedo de vino diluido en un vaso de gaseosa…

 

Tú, entonces le mirabas las manos;

Ignorabas, viendo su belleza, qué era envejecer. Eran manos humildes, limpias, carnosas y sin venas ni manchas café. No eran manos para caer bajo las túnicas de la orden de los "mínimos".

 

El fraile fue desapareciendo

de vuestras vidas y cuando fuiste ya un poco mayor, los domingos ibas de paseo por la Plaça Maragall y asistías a la misa de los mínimos pero no por fervor religioso, sino como una ocasión semanal de ser vista y deseada.

 

Te colocabas en los últimos bancos

donde los chicos, desde las columnas laterales pudieran ver tus manos de marfil, leves, como habitadas por la tentación de las alas, y que fieles a todo lo temporal hay que ahuecar como a una almohada bajo la cabeza de un hijo.

                                                                    Elisa R. Bach

 

DEL AEROPUERTO DE BERLIN A KALININGRADO ( www.homeo.psycho.de )

Sobre el fondo amarillo se lee la inscripción "Winners have a sixt sense": "Los ganadores tienen un sexto sentido"

 

                      Del aeropuerto de Berlín a Kaliningrado

 

Los ganadores tienen un sexto sentido,

pero todos necesitamos un hombro amigo, un animal de compañía o un libro que nos ayude a comprendernos a nosotros mismos.

 

Hace mucho

que sabemos que somos frágiles. Hay que buscar apoyos como lo hacen las voces en un coro.

 

                                                                              Johann R. Bach

    TRAS LOS PASOS DE KANT

 

«Dos cosas me llenan la mente

 

 con un siempre renovado

y acrecentado asombro y admiración que no decae por mucho que continuamente reflexione sobre ellas: el firmamento estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».

¿QUÉ SERÍA LA ALEGRÍA SIN EL DOLOR? ( www.homeo-psycho.de )

                                        LESIÓN EN UN OJO

 

Después de un día

de intenso trabajo de bosque (Forstarbeit) las sombras se caían en el albergue, cada una por su lado. No tenías ganas ni de ir a cenar y sacándote las botas, te dejaste caer sobre tu litera. Creías que estabas sola y te disponías a cerrar los ojos aunque sólo fuera en un sueño corto.

 

Angelika tosió un poco

y te sorprendió que ella tampoco hubiera ido a cenar con el resto de las chicas. Te incorporaste y fuiste a sentarte en su litera. En la penumbra apenas si se veían sus gafas y no te apercibiste de que llevaba un ojo tapado con una gasa.

 

Con voz temblorosa

te puso al corriente de su jornada: se había clavado una astilla en un ojo y en la clínica que se la sacaron le advirtieron de que durante veinticuatro horas permanecería sedada y que no era conveniente ingerir ninguna clase de alimento.

 

Sentiste piedad por aquellos

ojos vivos, azules como el cielo y despiertos como los de un gorrión. Un torrente de lágrimas caían sobre su rostro y de vez en cuando las enjugaba con un pañuelo ya empapado de tanto llorar.

 

Sentía más dolor

por el abandono de ver que ninguna de sus compañeras había renunciado a la cena para permanecer junto a ella que por la lesión en sí.

 

El mareo de la anestesia

le producía un vacío en el estómago y de vez en cuando una angustia mortal le subía hasta la garganta y su frente sudaba copiosamente.

 

Tomaste su mano

entre las tuyas, apoyaste tu cabeza sobre la suya y sentiste los latidos del corazón femenino: rápidos, débiles, algo irregulares. Pero dulces como la miel y las uvas. Tú los escuchabas, pero ellos notando la presencia de tu rostro se aceleraron: buscaban el beso.

 

La luz había caído

con el derrumbamiento del sol y todo era aparente. Y lo que no lo era también.

 

Sus lágrimas te dieron la sal

que necesitabas mientras parafraseabas en tu mente a Anacreonte: "Deliro y no deliro me bastaría con que me necesitaras".

 

Las yemas de tus dedos

palpan aún hoy aquel pijama de hospital que se coloca sobre los cuerpos de los pobres con botones mal cosidos y bien descosidos mientras meditas sobre qué sería la alegría sin el dolor.

 

                                                                             Elisa R. Bach

 

7 sept 2012

FÓRMULAS Y RECETAS MÉDICAS EGIPCIAS ( www.homeo-psycho.de )

El Papiro Ebers recoge un remedio para que una mujer deje de concebir durante uno, dos o tres años: "moler una medida de puntas de acacia y dátiles. Mezclarlo con miel. Impregnar un tampón e introducir en la vagina".

 

                                             PAPIRO EBERS (Prosa)

 

Si hubiera nieve

quedaría de ti una huella aquí donde por un instante te apoyas, en el muro de la Iglesia de Sant Joan de la Virreina… Pero hace calor y las hojas de los plátanos aguantan en la rama, hasta las mujeres van sin maquillaje y algunas en "shorts".

 

En el campo

el maíz debe estar a punto de ser recogido, las escasas nubes se hacen de rogar y los estanques artificiales las refleja como morfina bajo su piel…

 

El Papiro Ebers,

uno de los más antiguos tratados médicos conocidos, es en verdad demasiado joven comparado con lo que tú arrastras. Fue redactado en el antiguo Egipto, cerca del año 1500 antes de nuestra era (en el año 8º del reinado de Amenhotep I, de la dinastía XVIII), por una persona parecida a ti;

 

Entre los restos

de una momia en la tumba de Assasif, en Luxor, el famoso papiro ha  sobrevivido absorbiendo la letra de sus medicinas.

 

Ese papiro

mide más de veinte metros de longitud, unos treinta centímetros de alto y contiene 877 apartados que describen numerosas síndromes o enfermedades en varios campos de la medicina.

 

Oftalmología, ginecología,

gastroenterología..., y las correspondientes prescripciones escritas en hierático han resistido la oscuridad de miles de años siguiendo las instrucciones de uno de los primeros esbozos de depresión clínica bajo el campo holístico de la psicología.

 

Los caballos en Leibzip

beben silenciosamente. Habrá de nuevo guerra… aprestémonos a hacer acopio de la mayor parte del reino vegetal: azafrán, mirra, aloes, hojas de ricino, loto azul, extracto de lirio, jugo de amapola, resina, incienso, cáñamo, etc.

 

Guardemos en papiros

modernos la utilidad de varios remedios obtenidos de insectos y arañas que probablemente sobrevivan a terremotos y tsunamis provocados artificialmente.

 

Guardemos los conocimientos médicos

como los antiguos egipcios en cada biblioteca, en cada tumba. Pongamos a buen recaudo, en varios idiomas, fórmulas magistrales y remedios.

 

Imitemos la jerarquía

del Papiro Ebers con un "tratado del corazón" destacando que el corazón es el centro del sistema sanguíneo, con vasos unidos a cada parte del cuerpo, porque de él dependerán los distintos fluidos como la sangre, lágrimas, orina y el esperma… Y sobre todo los sentimientos de compasión y amor…

 

No nos olvidemos

de un capítulo para los desórdenes mentales, en el que se recojan los trastornos tales como la depresión y la demencia, que se extenderán sobre lo que quede del género humano.

 

Junto a las recetas mágicas

de los herederos de la diosa Sekhmet escribirás un texto sobre la leche de una madre recién dada a luz para curar las quemaduras…  y todas las enfermedades humanas. De esa fertilidad seguiremos dependiendo.

 

Algunos han amado

y en cambio ya no se acuerdan. Los sueños, los signos, las imágenes, hasta la humedad de los bosques, podrían ser salvados sólo por una ayuda sobrenatural.

                                                             Elisa R. Bach

 

 

6 sept 2012

10 FRAGMENTOS EN PROSA. ( www.homeo-psycho.de )

                                           10 FAGMENTOS

 

Hubo un tiempo

en que creíste que estos fragmentos podían ofrecerse como trabajo preparatorio de algo más coherente, más articulado. Ese tiempo pasó

y estas frases son, por el contrario, las ruinas de un edificio aún inexistente.

                                                                                           Elisa R. Bach

                                                     I

Llamas por teléfono

y nadie contesta. Se te puede imaginar cómo en el Camino el viento cálido te empuja y alargas una mano indolentemente para que el tacto del sol se extienda por tu piel con el gozo del azul y te abrace, brillante, el mediodía.

 

Entretanto

llamas por teléfono y nadie contesta. Se puede presentir el desnudo latido donde el corazón te resuena el pulso antiguo del mundo y el aire es un aliento que bebes y te dibuja entre sístoles.

 

Llamas por teléfono

y nadie contesta. Toda la vida te cabe en los ojos -así de grandes los tienes- cuando miras el silencio y necesitas pensar en el retorno. Insistes en hablar por teléfono y nadie contesta.

 

                                                II

 

Escribes,

abres tus sentidos, destierras la añoranza. Entretanto, lentamente tus dedos señalan las olas del puerto; y, en el horizonte, la espesura del barro, la musicalidad del tiempo indicando la posición de las galaxias como si de vectores afijos se tratara; la densidad de los números reales o la del trigo como en las antiguas dinastías faraónicas de los ptolomeos que medían el grano y las estrellas por litros.

 

Tus sentidos también señalan,

como "in longa mano", el canto humilde de las primeras formas sobre los muelles del puerto; confundiendo los límites.

 

                                             (III)

 

Piensas –creo-

en recoger cantos rodados cristales pulidos por el roce de arena y mar, conchas y esqueletos de pequeños animales marinos, fragmentos, como tú, del mundo.

 

Mirar el agua te conmueve

cuando cae sobre la tierra en forma de lluvia o granizo porque sabes que beberé junto a ti cada noche aunque estés en otro espacio.

 

Tu piel se barniza bajo el sol

como la madera, desciendes por las dunas artificiales hechas para protegernos de las pulsantes invasiones; deambulas pensativa y feliz junto a la arena bañada por el  mar,  por los senderos de la memoria tatuando con tus besos mi imaginación y también los plexos

 

Sabes que el día es frágil.

 

                                                  IV

 

Cuando el sol desploma sus cuerdas

sobre tu ya castigada piel te refugio bajo las hayas que crecen con los colores que, de siempre, te la ennegrecen.

 

Atraviesas los bosques

de tu imaginación camino de Bretaña, sientes la vida en la madera dura que crece con los colores, de siempre; la cambian cuando pasan las horas, sobre el verde húmedo, sobre de la tarde de tus pasos.

Decrece el azul

como una mirada tuya labrando la luz, como un tejido extendido hacia el horizonte. Surge y acude a la cita un amarillo de viejo estío ya declinando.


 Recorres contigo misma

un carmín de viento, moviendo los eucaliptos y sobre tierra algo más firme las ramas arbóreas se curvan contra el silencio de occidente.


Te detienes

ante las aguas de la costa bretona y las sombras de los thuyones se arrodillan hacia el poniente despidiendo el ocaso.


Tus ojos

se esconden junto a los míos en tu pensamiento mientras los esperas.

 

                                           V

 

Por el viejo camino

de arena marcado por el manto de hojas ya secas y vencidas regresas atravesando un bosque de hayas con tus deseos entre las manos.

 

En tu pensamiento

ves los descuidados márgenes acogedores de un viejo camino en mitad del bosque desnudo, el cielo entre las ramas oscuras nubes de tierra que abrigan el verde ansioso de los campos que resurgen precipitadamente.

 

El mundo perdura,

insiste con sus fieles ciclos y sus bailes de pájaros y lluvia, de vientos y temperaturas retrasando el silencio.

 

                                                          VI

 

Levantas la vista.

Descubres la nube blanca (parece que galopas sobre ella) que rasga el azul que empalidece de tanta luz y que los gorriones atraviesan  sin moverse el ligero éter, flotando.

 

El cielo es incesante

lleva la memoria del alba, el sueño del mediodía, la piel irisada del atardecer, ese cielo generoso –de todos- desnuda el universo a golpes de noche.

 

Miras la luz

que se acuesta sobre los campos, el aceite de la tarde que resbala por tus ojos.

 

                                            VII

 

Tu mano se agita, escribes,

guardas en tu memoria para usar en momentos futuros cuando tus ojos ya no estén presentes el paisaje siguiente:

 

Extendidos sobre los campos

abrigados por el bosque entre las ramas el verde espejo del agua, el verde brillante de la tierra preñada de humus esperando acoger a la vida aún no germinada, velando la luz violeta de la aurora empujando las hojas.

 

Los ojos azules del mediodía

te acompañan hasta un ocaso de pétalos y brasas. Es el fragmento dulce de la soledad.

 

                            VIII

 

Es difícil vivir algunos años

después de haber pasado el listón de los veinticuatro y no haber experimentado esa sensación al mirar la mañana, la luz, sentirla sobre el rostro, sin sentirse acompañado por el azul del tiempo en los campos de girasoles.

 

También es difícil

no apercibirse del olor del trigo, del barro al tocar el poniente, la fina sábana de cuero mientras los ojos se arrodillan junto a la piel en el horizonte.

 

Es difícil, vivir algunos años

después de haber pasado el listón de los veinticuatro y no haber mirado la noche ni haberla tocado.

 

                                   (IX)

 

El octubre crece como todo,

inevitablemente: La lluvia fina se resfría, se alarga la sombra, se encoge el rojo, unos ojos de té te explican la luz que hacen las horas, los pétalos de la mañana de cólquicos y caléndulas, el gesto antiguo del Sol sobre un campo de nieve, como la vida otoñea.

 

Un vuelo incandescente

atraviesa las nubes; de nuevo se aleja el azul mientras agradezco esa variedad de colores.

 

                                              X

 

En la precesión de los equinoccios no pasa desapercibido un azul de fuego y un verde nuevo que vence al tiempo gris. El día tiene una quietud de estanque, se extiende, a lo lejos, sobre las cumbres tozudas de nieve, sobre el mar completamente desplegado, sobre los ocres que se adormecen.

 

La luz se refleja

Simétricamente sobre un plano parecido a un espejo; resuena su latido como el eco de un valle y un suspiro de cálido aire regalado generosamente por Eolo te acoge, como una madre. En su regazo.

 

La tierra como vergel,

lugar soñado donde desde antiguo se hallaba el Edén deviene en un futuro posible que te lleva, que te marca la piel y en la memoria hasta los límites de la conciencia.

 

En los ojos ya cansados

de promesas y deseos aún por cumplir, hay antiguas soledades y un gesto desamparado que te ayuda, sin embargo, a comprender el género humano.

 

Una vez más,

como cada día, desde hace millones de años, llega la noche puntual, el momento desnudo que te vence y te conmueve, intenso,  bellísimo.

 

                                                                               Elisa R. Bach

5 sept 2012

EL ACCIDENTE. Original de Elisa R. Bach (de la novela "Barcelona Nació con los Granados") www.homeo-psycho.de

                                                            Kremlin Bicêtre de París

                                               EL ACCIDENTE

No sabía qué hacer y,

al mismo tiempo, no podía estar pasivamente mirando como la persona que me amaba por encima de todo se debatía entre la vida y la muerte. Cogí un periódico de la sala de espera y en su portada escribí:

 

En esta medianoche

de invierno mi vivo amor está inmóvil. Afuera los pájaros prefieren no volar y el alma roe en el paisaje como un barco roza el muelle al cual está amarrado.

 

Los árboles

parecen agonizar nos dan la espalda. La altura de la nieve se mide

con centímetros de carpintero. Las huellas sobre la nieve cobijan tristeza y soledad y llegan hasta esta ventana  que enturbia el paisaje.

                                     

De nada sirve repaginar,

recordar lo ocurrido, pensar en las causas últimas del accidente y, sin embargo, obsesivamente, no puedo evitarlo, como si en alguno de los detalles se hallase la clave del misterio que sitúa contra las cuerdas a una persona llena de vida.

 

El trabajo

se detiene y yo levanto la vista buscando colores que ardan, esperando que todo se dé la vuelta. Mi amor y yo vamos a dar otro salto.

 

                                                            Elisa R. Bach