16 oct. 2016

había colocado sobre la pared que daba de frente a las grandes ventanas, jirones de tela deshilachadas


LOURENZO Y SUS RETALES

De niño solía hacer cosas para matar el tiempo.
Y esa costumbre le acompañó durante toda su vida: sacaba un hilo tras otro de un basto trozo de saco, desenredaba el entramado de una cuerda hasta que sólo quedaban los hilos más finos o, al contrario, llenaba de nudos un cuerda, despedazaba una flor o una rama de pino, sombreaba una hoja de papel con un lápiz, hasta que cubría toda su superficie.

A veces intentaba hacer alguna composición
como haciendo un collage con un puñado de hilillos, fibras de cáñamo y pétalos de una flor. Ponía cuidado en dejar espacios vacíos en forma de estelas y dejaba todo el material esparcido por el suelo como si el azar hubiera dispuesto caprichosamente todos aquellos objetos.

Siendo algo mayor solía bajar al sótano de la casa
buscando entre todo tipo de cosas y trastos viejos que olían a polvo antiguo. Siempre acababa escogiendo algún trozo de tela, la lavaba en la cocina con agua caliente y jabón tardando un buen rato en eliminar los restos de telarañas y dejarla completamente limpia. En un primer momento hacía jirones de unos dos centímetros de ancho con la finalidad de tener con qué distraerse durante días. Deshilachando cada jirón de aquellos tenía entretenimiento para varias horas.

Esa afición de deshilachar retales
la ha desarrollado incluso aquí en esta Casa de Huéspedes. En efecto, durante semanas se encerró en su habitación, salía escasamente para desayunar y cenar; el resto del día deshilachaba sin parar toda aquella tela que caía en sus manos. Cierto día abrió de par en par las grandes puertas de su habitación y, eufórico, nos mostró su "obra de arte":

había colocado sobre la pared que daba de frente a las grandes ventanas, jirones de tela deshilachadas en sus extremos como formando una hilera de escobas atravesadas por unos cuantos hilos pintados con carmín de labios y, como formando un marco, un cordel lleno de nudos limitaba el collage sujetado a la pared con multitud de chinchetas de colores.

Mientras duró aquella actividad
sólo entraba en la cocina por las mañanas para prepararse un café. Algunos días sólo comía cacahuetes salados hasta el punto de que la boca llegaba a arderle, y bebía cantidades ingentes de café. Durante la cena hablaba poco con el resto de huéspedes. Dormía mal por las noches, tenía sueños extraños y a menudo se despertaba empapado de sudor.

A veces tenía la sensación
de que todo lo que percibía de la Casa de Huéspedes estaba en relación con su lenta obra de destrucción lo cual podía ser una explicación a su afición a deshilachar retales de tela. Los gritos de los niños del piso de encima le provocaron una de esas crisis suyas insoportables llevándole a arrancar un pedazo de tela de su vieja camisa de algodón y luego, con la ayuda de una aguja fue sacando hilo tras hilo. Durante esa labor –decía Lourenzo- me olvido del tiempo y de los gritos de mi infancia.

                                                                                           J. R. Bach

1 comentario:

  1. XANA GARCÍA
    21:03 (fa 1 hora)

    " Durante esa labor –decía Lourenzo- me olvido del tiempo y de los gritos de mi infancia " La vida es como una obra de teatro que se mueve de una tela a otra más pintada .Esto me recuerda que en muchas culturas se regala a las chicas una colcha hecha con diversos retales de vivencias y entorno de sus familiares para que no se olviden de ellos y sus tradiciones .Lourenzo sufre y se evade con sus retales para olvidar distorsionando en ellos la realidad que no acepta ,esto no deja de ser una forma de crear como lo hacía de niño para matar el tiempo.¿Quién no ha buscado alguna vez un escapismo? ****

    ResponderEliminar