16 oct. 2015

se fue a Francia huyendo más de la familia que de sus verdugos,


LOS PAISAJES DE TÍA KARINA

De la familia, perdida, se había quedado Tía Karina. No era otra la razón que el miedo a sus ideas por la que todos se apartaban. Olían el peligro de la derrota y, sin embargo, todos hablaban bien de ella.

Yo la conocía por lo que de ella oía en casa. Me la imaginaba como una persona que combinaba como podía sus ideas y su personalidad con la dulzura de una persona con un corazón demasiado grande para este planeta. Sé que se fue a Francia huyendo más de la familia que de sus verdugos, pero muchos de sus escritos se quedaron en casa de Tía Rosita y apenas Flordeneu y yo supimos leer nos los dejaba examinar.

Su caligrafía era muy fácil de leer, como la de las personas que no temen mostrarse al mundo como son: letra casi de imprenta, con mayúsculas sin adornos y estilizada casi como dibujos de sus paisajes. Recuerdo algunos párrafos por haberlos leído decenas de veces. Así por ejemplo describía un camino que yo nunca he podido encontrar en el mundo real:

"...al otro lado del camino había un seto de boj alto y los senderos limitaban con hileras de madroños y todos ellos daban al interior de una maraña de flores cada vez más profunda. Las camelias estaban en flor, blancas, carmesí y rosas y blancas a rayas con hojas centelleantes. No se podía ver ni una hoja en las matas de jeringuilla por los abundantes ramos blancos".

"... las rosas estaban en flor, rosas de etiqueta rigurosa, pequeñas y blancas, pero demasiado saturadas de insectos como para acercártelas a la nariz, rosas de todos los meses de color rosa con un anillo de pétalos caídos alrededor de los arbustos, rosas de berza de tallo grueso, rosas muscíneas, siempre con capullos, delicadas preciosidades rosas abriendo un pétalo en otro, rosas rojas tan oscuras que al caer parecían volverse negras, y cierta variedad color crema, exquisita, de esbelto tallo rojo y hojas escarlata brillante..."

En otro párrafo se refería a unos campos (¿imaginarios?) en los que "había matas de campánulas y todo tipo de geranios, y arbolitos de verbena y matojos de lavandas añiles y una franja de tierra de pelargonios con ojos de terciopelo y hojas como las de las polillas..."

en otro escrito parecía seguir el mismo hilo lírico: " ... se podía ver cómo la luz de la mañana resbalaba sobre un parterre con resedas solamente y otro sólo con pensamientos y margaritas y todo tipo de plantitas copetudas que nunca había visto..."

Podría emborracharme con el aroma de toda aquella flora en caso de toparme con un tal paisaje. Su abundante conocimiento de las plantas era apabullante y sus descripciones rebosaban pasión en cada palabra. Así por ejemplo, era fácil encontrar párrafos como el siguiente:

"... los gladiolos rojo-pasión eran más altos que yo misma; los girasoles crecían formando una pequeña jungla. Me senté en uno de los setos de boj, pues si se aprieta bien primero, se hace un buen asiento. Pero, a veces, ¡cuánto polvo hay dentro! Hay que tener cuidado con él, de lo contrario los múltiples estornudos están asegurados..."

En mitad de una descripción bucólica cambiaba el ritmo narrativo, como si un golpe de sangre hubiera puesto su corazón al galope:

"... y de repente me encontré en lo alto de una sinuosa pendiente de hierba que bajaba hasta el huerto... Me quedé mirando la cuesta un momento. Allí abajo me esperaba él... con las mejillas encendidas y la sonrisa en los labios bajé corriendo, nos abrazamos, rodamos por la florecida hierba espesa del huerto... No nos detuvo ni la gran azabara..."

Sin duda esos fragmentos los escribió Tía Karina en días grises, bochornosos, en los que el sol no se atrevía a asomarse y se pasaba el tiempo escondido tras grandes nubes del color del luto, cargadas de restos de carboncillo, cloratos y pólvora; días en que los niños ya no correteaban por las calles ni iban a la escuela pues permanecían confinados en sus casas rezando para que los horrores de la guerra no cruzaran el dintel de la puerta de sus hogares. Las campanas cortaban el tiempo como si fuera el tronco de un árbol muerto. A veces las calles se llenaban de aullidos de lobo. Eran gritos de desesperación de familias enteras que daban rienda suelta a su dolor.

Tía Karina huía, como muchas otras criaturas del dolor y se refugiaba en los campos escribiendo sobre temas más satisfactorios y elevándose por encima del tiempo. Desde que leí algunos de aquellos fragmentos miro los campos de otra manera y me detengo embelesada cuando veo una simple mariposa encaramada en las corolas bilabiadas de una inflorescencia de lavanda.

                                                            Johann R. Bach

2 comentarios:

  1. Una persona, llena de poesia, vertida sobre la inmensa hermosura de la naturaleza, que la disfruta, y espera en la colina el encuentro con su amor. Todo imaginado en su encierro forzoso, donde daba rienda suelta a su imaginación, ajena a esa guerra, que no la vivi, pero que es el mayor fracaso, que ha producido nuestro país, o paises, pues ha sido una lección para usar la razón y compartir ideas, pero nunca imponerlas, y establecer una convivencia entre todas las gentes, con cariño y respeto a todos, a sus religiones sus culturas, y sus morales. Julio.

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  2. COMENTARIO DE XANA

    Es tan sumamente bello y lleno de lirismo este jardín poético donde se refugia tía Karina con su alma dolorida escribiendo en esos días terribles en que los niños ya no pueden ir al colegio ," las campanas cortaban el tiempo como si fuera el tronco de un árbol muerto,pero ella ,Karina ,se eleva por encima de todo y sigue apostando por la alegría , el amor,emborrachándonos en un viaje que embriaga los sentidos Nadie como tú poeta aromatiza las ganas de vivir con toques de surrealismo, con metáforas de la apasionada y apasionante naturaleza.

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