12 jun. 2015

He vivido en una cárcel de cristal sí, pero rodeado de cariño


Pierre Tindemans
Hijo Adoptivo de Aguas Calientes

¡Quise decírselo tantas veces¡

Cada vez que lo intentaba
una mano de hierro atenazaba mi corazón y el aroma del jazmín "siemprevivo" impregnaba todo mi cuerpo produciéndome un temblor característico.

No me sentí nunca capaz
de explicar lo lógicamente inexplicable. Sólo salían de mi boca palabras dulces de agradecimiento.

La quise como te quiero a ti.
Quizá, aún hoy, la quiero. Una y mil veces quise explicarle mis debilidades y mi secreto pero, una tras otra, se frustraron todas las ocasiones de decirle que la imagen que ella tenía de mí no rozaba siquiera la realidad.

Cuando llegó el primer hijo pensé que ya era tarde para pedir clemencia por su parte; y, con el tercero me olvidé de quién era yo en realidad. Me dediqué a darle amor y a aliviar sus penalidades y

a compartir sus alegrías
la parte más dura de tantos y tantos años juntos.

Soporté el menosprecio
de sus hermanos y padres porque en el fondo no les podía quitar la razón.

No le guardo rencor
por haberme repudiado después de treinta años de convivencia pues sabía que tarde o temprano descubriría –de forma explícita o implícita- el color de mi alma.

Y ahora,
cansado de tantas fugaces puestas de sol y de besarle los ojos con la mirada estoy a punto de convertirme -junto a ti mi amor- en puro objeto de otro sueño.

No me encontrarás
ni en la oscuridad del puerto en la hora de tinte violeta de las velas malvas como una barca sobre el jugueteo de la ola

ni en el tupido bosque
vestido con sus mejores galas de hojas perennes y grillos serriquejantes. Y no me recordarás a pleno día como un marinero en el horizonte cuando, brisa y alga, te encuentre mar adentro con la mirada azul del atardecer.

A lo lejos te saludaré
y te diré los detalles de aquel día en la ciudad de México en el que un terremoto –en septiembre de 1.985- cambió mi miserable vida. La documentación sustraída al cadáver que junto a mí fue mi único compañero mientras estuvimos atrapados bajo los escombros.

Fue de esa manera
que me convertí en un modesto escritor de nacionalidad belga y aunque sin territorio ni herencias fui respetado y querido.

¿Cómo les iba a contar a mis hijos
-y a los tuyos que me han adoptado como un auténtico padre- que en realidad yo era una persona

a punto de ser juzgado ante un tribunal –humano también- con una probable condena de varios años de prisión?

He vivido en una cárcel de cristal sí,
pero rodeado de cariño y escribiendo versos para redimir mis culpas. Si aceptas que te siga escribiendo después de esta carta

te estaré eternamente agradecido.

                                                       Pierre Tindemans
                                          Chicago a 12 de junio de 2.015


1 comentario:

  1. Una suplantación de identidad,un amor antiguo ,otro actual y en la cárcel para ser juzgado ,él que ha redimido culpas escribiendo versos encerrado en una cárcel de cristal ,pero feliz por ser querido.Ha vivido muchos años con el secreto a sus espaldas,agradecidos quedaremos de saber mucho más ....Muy intrigante y prometedor!!!

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