6 ene. 2015

No, no te he olvidado, a pesar de haber cambiado, dulce luz de aquel tiempo, primicia de la tierra.

REYES MAGOS

 

Hay jolgorio en la primera planta.

Los niños de toda la familia se han reunido como todos los años en este día único en todo el año.

 

Hoy es el día en que los Reyes Magos

llevan en sus bolsas de reparto, trenes eléctricos, muñecas que hablan, Play Stations…

 

Miro por la ventana;

hace sol y frío al mismo tiempo y no participo de esa alegría porque nada ha seguido tan bello.

 

Yo era demasiado pequeño en aquel tiempo.

 

Una tarde

-no recuerdo si era Navidad o fin de año-, en casa quisieron bailar, de pronto y

 

enrollaron a toda prisa la vieja alfombra roja.

 

¡Qué luz inunda aún mi memoria

de toda aquella escena!

 

Y ella entonces bailó.

Sólo a ella veíamos. Y por momentos la perdíamos de vista porque su aroma se había transformado en mundo y en él nos sumergíamos.

 

Yo era demasiado pequeño en aquel tiempo.

 

Porque ¿cuándo he tenido años suficientes

y he podido dominar su aroma?

 

¿Cuándo para poder desligarme

de ese indecible vínculo, y caer, libre, como cae una manzana?

 

Sí sí, ¡aquello siguió siendo tan hermoso!

La esencia sutil de azahar inundaba la sala, que se abría al jardín.

 

Cómo se ha salvado el día aquel.

Nada lo ha borrado de mis sueños como si fuera mío o cosecha que no acaba.

 

Eso es para mí la posesión:

que sobre nosotros –niños inteligentes, pero niños- haya volado la posibilidad de ser felices.

 

Tal vez ni siquiera eso.

 

Imposibilidad, más bien;

sólo un simple barrunto: aquel tiempo, aquella sala junto al jardín… ¡Qué inocentes los valses de aquel tiempo fugaz!

 

¡Qué engaño puro!

 

En ti, ya adulta, cuánto pienso.

No como entonces, que era un niño asustado y tú una elegante profesora de matemáticas,

 

sino desde hoy,

casi como un querubín, en su alegría.

 

Si aquellas horas ya son indestructibles,

qué edificios podía alzar en nosotros la vida si al fin y a la postre estamos hechos de aromas y luces.

 

Lo recuerdo todo, pero…

Yo era demasiado pequeño en aquel tiempo. Aun siento cómo entre mis dedos mínimos, desecha casi, sujetaba una flor azul de caulophyllum.

 

No, no te he olvidado,

a pesar de haber cambiado, dulce luz de aquel tiempo, primicia de la tierra.

 

Todo lo que prometías

con tus fórmulas aritméticas se ha cumplido, desde abriste mi corazón sin violencia.

 

Temprana imagen fugitiva que advertí:

porque he conocido la fuerza alabo la ternura, ternura que me estos niños alegres en el día de los Reyes Magos

 

me trae tu recuerdo.

 

                                                                  Johann R. Bach

 

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